27 dic. 2011

El mejor cuento jamas escrito

En el vasto silencio de una larga noche, vino a mi una musa sonriente, con su vestido de versos y sus cabellos de historias, sus labios de poesía y su mirada encantadora.
Se sentó suavemente en mi cama y me susurró en la mente palabras de inspiración. Su olor me embriagó con perspicacia y su mirada me llenó de coraje para escribir.
Me senté en mi escritorio y las palabras fluyeron de mis manos, mis ojos observaban las palabras con sorpresa y admiración, pues mi mente creía contemplar los escritos de un extraño.
Yacía frente a mi el escrito más completo jamás escrito, la mejor historia jamas relatada. Una historia que hablaba de espadas y caballeros, de pasión y desenfreno, de locura y de romance. Y allí, mientras los dragones revoloteaban a mi alrededor y las princesas esperaban en sus lúgubres torres a ser rescatadas, logré encontrarme conmigo mismo en mi mente. Mientras audaces guerreros se adentraban en mazmorras en busca de riquezas y gloria eterna, me di cuenta de que la vida es corta y la idea de la eternidad ha perdido el sentido un nuestro mundo. Sentado frente a esa mesa mientras mi manos seguían sorprendiendo con aquel relato fantástico, leí también sobre tristeza infinita, sobre decepción y melancolía, de desamor y decadencia, de sueños rotos, desilusion y desesperación. Leí de sueños rotos, del amor que nunca fue y del que creyó ser y dejo de serlo. El relato me habló del vacío, la oscuridad y la soledad, y allí me hallé, acurrucado en mis temores, intentando protegerme bajo un escudo de falsa seguridad. Me vislumbre tal y como soy, vació y carente de sentido, contemplando todo con un deprimente desdén. Me di cuenta de que era presa de querer vivir como lo hacen los demás y que al mismo tiempo consideraría una penuria la simpleza del pensamiento promedio. Logre ver que el vació en mi interior necesita de alguien que me enseñe a llenarlo, pues mi cerebro se había acostumbrado a su fría existencia.
En medio de aquel gran texto vi relatada mi vida y otras miles, como si el escrito fuera un poema a la vida misma y cada letra se irguiera llena de grandeza. cada letra era una historia en si misma que relataba una cascada de emociones desde su nacimiento al salir de mi pluma hasta quedar plasmada e indeleble sobre aquel papel. Así mismo cada oración de aquel relato reflejaba emociones encontradas y me di cuenta de que sólo en mis escritos podía ser yo mismo. De que cuando la pluma se encontraba en mi mano podía ser yo sin temores.
Me detuve un momento a contemplar aquella sublime creación. No pude contar el numero de paginas ni de oraciones, podrían haber sido miles o solo dos, pues me encontraba ya demasiado cautivado por su contenido. Miré a mi musa con los ojos ahogados en lagrimas, mientras le imploraba por un final, aún sin haber comprendido del todo la magnitud del relato. Ella me sonrió y señalo mi mano. Bajo ella estaba el fin.
Caí de rodillas al leerlo.
Era un final lleno de revelaciones y epifanías, misterio y dudas, pero sobre todo lleno de reflexión.
Poseído por una locura producida por tantas sensaciones me puse en pie y me arroje sobre el lugar donde una vez estuviera mi musa, pero no había nadie. Una ventana abierta al horizonte en las alturas era la única testigo de una huida perfecta. Presa de una adicción descontrolada, intenté posar la mirada nuevamente sobre la historia, pero sobre la mesa no había nada. En medio de mi locura logre comprender que aquel relato no estaba destinado a pertenecer al mundo de los hombres, que el mundo real jamás estaría listo para comprender su magnitud y que debía dejarlo ir, pero la desesperación era demasiado grande en mi interior y me llevo a lo impensable. Me arrojé tras la musa ladrona, presa de la necesidad. Y mientras caía por aquel infinito vació, tan solo comparable al que hubiese descubierto en mi mientras leía el relato, me pregunte quien era yo y no me pude responder. Mientras caía me pregunté si yo era real, ¿y que tal si todos somos personajes en un gran cuento? ¿como estar seguro de la realidad?
Me levanté sudando en mi cama sin saber muy bien que creer. Lleno de preguntas como siempre, queriendo siempre saber el porque. Recordé el sueño y no pude evitar reír, pues reposando en las manos de una encantadora ninfa, en algún lugar de mi lúgubre, confusa y laberíntica mente, lejos del alcance de cualquier mortal, esta el mejor cuento jamás escrito.

13 oct. 2011

Súcubo


Ella, había encontrado el amor un par de veces, en una esquina, antes de saber qué era el amor, en una biblioteca antes de descubrir el lado más oscuro de sus deseos, en un bus junto a la complicidad de la oscuridad.

Ella, qué entregaba su cuerpo, al mejor postor de caricias, dedicaba su sudor, un par de gemidos y sus orgasmos a quienes había amado, así de diferente forma, de diferente intensidad, de diferente sabor. 

Ella quería saber que sentía, quería gritar al mundo que había entregado su amor, pero sabía que los demás sólo veían sexo.

Ella se entregaba, quería tener alma, quería entregar un poco, quería que su cuerpo se expresara por ella, quería que vieran la luz de sus ojos cuando en un orgasmo sus alma se encontraba con su cuerpo, creía que no lo lograba, creía que estaba maldita, creía que era diferente a los demás, creía que ahora necesitaba de sexo para llenar su vacío, quería encontrar amantes perfectos, quería que marcaran su piel, quería sentir el dolor que le causaba no expresar el amor que había sentido.

Ella, así tan oscura, tan maldita, tan infame, no comprendía que antes tenía que amarse.

12 oct. 2011

Destino, azar y suerte...

Sentada en un rincón de su celda ella sólo intentaba encontrar alguna forma de terminar con su vida.
Sentado en el piso de su celda él sólo veía el tiempo pasar.

Un día recostado en la pared de su celda él escuchó a alguien sollozar.
Y le habló.
Acurrucada en su pequeño catre ella escuchó.
Y hablaron.
En la soledad de sus celdas habían encontrado alguien tan sólo como ellos. Y entre dos la soledad es menor.
Y hablaron.
Y hablaron todos los días, o todas las noches porque para ellos era igual.
Y se conocieron.
Y se contaron sus vidas y sus secretos.
Y sin saberlo él evitó que ella se quitara la vida.
Y sin saberlo ella evitó que el enloqueciera de soledad.
Los separaba un simple muro, pero igual hubieran podido estar separados por océanos o montañas.
Estaban tan cerca y a la vez tan lejos.

Un día el gobierno cayó y las prisiones se derrumbaron.
Los rebeldes abrieron las celdas y se llevaron a los prisioneros.
Y ellos fueron libres.
Libres y solos.
Libres y separados.

Por años se buscaron por todas partes.
En las villas y en los pueblos.
En las ciudades y en los campos.
Se dejaban mensajes que sólo el otro podría entender si algún día los leía por casualidad.

Así fue como él se enteró que ese día ella llegaría al puerto.
Y él corrió a esperarla.
Por fin conocería a aquella que le dio fuerzas para soportar las largas noches.
Por fin conocería a aquella con quien compartió sus mas íntimos secretos.
Por fin la conocería a ella.
Pero el destino es cruel.
Y con una tormenta hizo retrasar su barco lo suficiente para que él pensara que se había equivocado.
Y cuando ella por fin llegó el puerto estaba vacío.

Y aún siguen libres.
Libres y separados.
Y siguen dejando mensajes que sólo el otro podría entender si algún día los lee por casualidad.

30 sep. 2011

Yo puedo arreglar eso


A un pueblo perdido de Dios llegó la profesora, su vestido azul y su cabello rojizo rechinaban contra el sol ardiente de aquel sitio, sucursal del infierno, que no aparecía en ningún mapa, del que nadie recuerda el nombre.
Pronto empezó a enseñar a los niños del pueblo, hijos de los pocos ricos que habían en aquel lugar, hijos de los pobres, la inmensa mayoría que iba al colegio sin zapatos y a veces sin desayuno.
Con la profesora aprendieron a leer, a escribir y a veces a soñar, porque en ese pueblo los sueños no llegaban y la gente que creía que incluso el amor alguna vez había pasado de largo, huyendole al calor y la sequía que normalmente asolaba el sitio.
Pero la escuela era una vergüenza.
Una vieja casucha que se hubiera desbaratado si en el sitio cualquier suave brisa hiciera su aparición, por lo cual la profesora vivía preocupada.
Sin embargo, todos los días Camilo, un negro de 2 metros, descalzo y descamisado pasaba vendiendo verduras que traía arrastrado de otro pueblo con mejor suerte, llegaba y gritaba por la calle.
Un día vio a la profesora llorando en la puerta y sin saber como consolarla le regalo una cebolla, ella sonrió y cuando le preguntó porque lloraba ella le contó que la puerta del colegio se estaba cayendo.
“Yo puedo arreglar eso”, le dijo Camilo.
Y efectivamente lo hizo, pero ademas la profesora se quedo viendolo mientras trabajaba, conversando y dicen los que la vieron que por primera vez en ese pueblo infernal, la mas hermosa de la sonrisas iluminó el sitio.
Al día siguiente, Camilo volvió a verla triste en la puerta del colegio, le preguntó de nuevo que le pasaba y le dijo que el techo se estaba cayendo.
“Yo puedo arreglar eso”, le dijo Camilo.
Y efectivamente lo hizo, con la compañía de la profesora, que como nunca era feliz hablando con su negro Camilo.
Al día siguiente fueron las ventanas y camilo dijo nuevamente: Yo puedo arreglar eso.
Pasaron los días y de repente el colegio terminó siendo la mas bonita de las edificaciones del pueblo, pero desgraciadamente se acabaron los arreglos a hacer.
Camilo llegó al día siguiente con su carrito de verduras y vio a la profesora llorando a cantaros y se acercó nuevamente, como todos los días.
- ¿Que la pasa profe?, ¿Que puede ser tan difícil de arreglar? – preguntó
- Lo que pasa es que el colegio esta perfecto, ya no vas a quedarte mas a hablar conmigo, solo te veré pasar, lo que hay que arreglar es mi corazón roto – contestó ella
El se la quedó mirando unos segundos, sonrió y dijo: Yo puedo arreglar eso.
Se acerco y le dio el mejor beso que se haya dado en la historia de aquel lugar desencantado.
Y solo por esa vez, el amor entró al pueblo.

27 sep. 2011

El mejor día de la vida

Yo no sabía, pero cuando toqué las calles húmedas me enteré de lo que era la soledad.


Toqué la soledad porque es que así dicen que es, húmeda, triste, fría y vacía. Sin embargo a mi lado tenía la persona que más amé en el mundo, y con él, la soledad, aunque la tocara, desaparecía. Él pasó la noche anterior acariciando mis pies, tocando el borde de mi cama, que se parece mucho al borde de la muerte, y es que un mesón lleno de flores y muñecos de felpa debería ser algo así como un jardín e inmensos cariños de la gente que amas o de la gente que te ama, algo así, además de una cama caliente, una taza de chocolate que no debo probar, pero ya qué, es el mejor día de mi vida y lo pienso disfrutar, y así debería ser, sin ningún borde de muerte, sin ninguna cama caliente, disfrutando de un "afuera" helado, lleno de charcos de agua que podrían acabar con mi existencia, pero así fue, el mejor día de mi vida y el último de mi existencia.

Para mí es ridículo contarles como comenzó a caer mi cabello, cuando me veía al espejo y ya notaba inmensos terrenos de piel pálida, ahí donde debería haber una brillante y abundante cabellera castaña oscura, como noté que mi piel se aclaraba a medida que transcurría el tratamiento, y la soledad, esa soledad tan distinta a pesar de estar rodeada de la familia, amigos y aquellas personas que amaba, cuando ya no queda más vida sino invitar la muerte, enterarse que ella ya hace parte de uno y tragarse las lágrimas del día frente a visitas inesperadas, para soltarlas en la noche, cómo después de una decaída me internaron y mi habitación cambió a una fúnebre habitación de hospital, con la frialdad del aire acondicionado y un intento fallido de adornos florares y los peluches que adornaban mi cuarto, donde debería parecer un jardín, las estúpidas flores me recordaban el cementerio y los ridículos muñecos perdieron su valor, porque es que ya no hay nada más valioso que eso, que la vida que ya perdía y dejaba ir.   

Comenzó la vida después de la muerte.

Él no dejaba de mirarme, se pasó todo la noche detallandome, lo noté porque hace días ya no duermo; me dedico a mirar por la ventana. Y depronto algo pasa... Esta es la soledad y mi ángel era él, que acarició mis manos. Yo que ya no podía decir nada, mis ojos hablaron por mí.. Y él los leyó, supo escuchar, es mi último día contigo, mi última noche vivida y quiero disfrutarla junto a la lluvia, junto a un cálido amanecer, junto a ti. Así que se armó de valor y fuerzas para cargarme y colocarme en una silla de ruedas, cubrirse el rostro como un doctor y esquivar un par de enfermeras.

Usted se equivocó si pensó que éste cuento se trataba de mí, cuando era él quién se jugó su libertad por verme feliz. Yo también supe leer sus ojos, esa mirada de miedo e incertidumbre mientras salíamos por la puerta trasera del hospital y junto a un gran árbol quedamos, esperando el día aparecer, esperando la muerte llegar, esperando y diciendo con felicidad: Este es el mejor día de mi vida.

Gracias, Gabriel.

23 sep. 2011

El man que sabía oler


Me encantan las mujeres que huelen bien.
Decía una amiga muy especial que el mejor ejemplo de que yo era un perro era por mi capacidad de oler y recordar por ello. Y es cierto, yo recuerdo el olor de todas las mujeres con las que he estado, de hecho todas las mujeres huelen diferente así usen el mismo perfume y lo primero que hago al acercarme a una mujer que me gusta es oler. Si no huele bien puede ser hermosa, la mejor persona, cualquier cosa, pero para mi no funciona.
Sin embargo esto es simplemente un don menor al lado de un amigo con el que poco hablo hoy en día, pero en un pasado que se empieza a hacer lejano fuimos compañeros de parranda. No hubo fin de semana donde no saliéramos a ligar y emborracharnos. El don de mi amigo era mucho mas especial que el mio, el podía oler de verdad una mujer, el podía saber a que olía la entrepierna de una mujer solo con acercarse.
Es decir, el man sabía a que les olía la chucha.
Cuando me contó la primera vez yo pensé que era mamadera de gallo, pero con el tiempo me di cuenta que nunca fallaba. “Viejo Jaime, a esa vieja le huele a requesón” me dijo una vez y yo de porfiado corrí el riesgo y preciso, en el momento en que esa mujer abrió las piernas parece que se hubiera destapado el mejor queso francés y probablemente otros tipos eso no les importé, pero para mi, un obsesivo de los olores, la cosa fue mortal.
Entonces el man terminó convertido en mi catador de olores para poder decidir si llevar una mujer a la cama, pero lo cierto es que la mayoría de las mujeres son muy limpias y si bien la vagina no huele a rosas, el olor de una mujer excitada es algo especial. Sin embargo habían casos de casos: “Se acaba de hacer una ducha vaginal, hágale”, “Esa vieja acaba de tirar, si te quieres encontrar con la porquería de otro man, pues ahí todavía está”, “Huele hasta a rico, si no le hace usted, le hago yo”, “Gonorrea, marica, huele a algo tan ácido que debe ser gonorrea”, fueron algunos ejemplos de los consejos de amigo basados en su don.
Pero su mayor contribución la hizo una noche, en la que borrachos en algún bar de mala muerte que pululaban en aquel entonces en la Calle 79 pero que luego fueron cerrados por ser antros de perdición un poco inferiores a un prostíbulo yo me levanté un monumento de mujer a eso de las 3:00 AM, bailé con ella por una hora y aunque era de pocas palabras se notaba que quería cama, sin embargo fiel a mi costumbre ya adquirida le pedí a mi amigo que se acercará.
Mi sorpresa fue grande cuando me miró asustado, parece que se le hubiera aparecido un fantasma y salió del sitio, extrañado me quedé adentro pero cuando mi levante fue al baño salí a ver que pasaba, el tipo fumaba un cigarrillo y cuando me vio me arrastró a su carro, me hizo subir mientras yo protestaba, pero me subí porque nunca lo había notado así.
- Aja llave, ya me tienes asustado, ¿que es lo que pasa? – le pregunté algo molesto
- Compadre, ¿usted no ha notado nada raro en esa vieja? – le contesté yo
- No man, un poco callada y la verdad es que en ese ruido allá adentro tampoco es que se habla mucho, ¿pero que pasó?, ¿ cuéntame, a que le huele la chucha a la vieja? – dije yo
- Ese es el problema mi llave, a esa vieja no le huele la chucha a chucha, le huele a verga.
Durante unos 5 segundos mi cerebro embotado de alcohol procesó lo que me quería decir mi amigo.
- Prende el carro loco y acelera a toda mierda.
Fue lo único que alcancé a decir.

21 ago. 2011

La mujer "del otro"

Han pasado tres noches desde que abandonamos aquel motel y no dejo de pensarla. Esta primera vez, definitivamente era diferente.

Cuando entramos a ese cuarto, entré al baño y me miré al espejo. Sentí sed y el cansacio de las noches anteriores en las que el amancer nos soprendió hablando por teléfono. Intentaba ser el quinceañero enamorado que alguna vez fuí.

Al regresar al espacio en el que ella se encontraba, me sentí decepcionado por no encontrar una lámpara que me permitiera atentar contra su cuerpo con una luminosidad apropiada. Con la luz encendida, seguramente se sentiría icómoda de revelar por primera vez su cuerpo desnudo a mí. Con la luz apagada, ninguno podría conocer con la mirada el cuerpo del otro y tal vez fuera la única vez que pudieramos hacerlo.

Luchamos por el control, primero ella sobre mí, luego estuve yo sobre ella. Aprendimos de nuestros resabios, aprendimos de nuestros cuerpos. Noté con curiosidad algunas marcas del amor y del tiempo en su piel, pero igual, nada obstaba para amarla esa noche: sentir sus suaves gemidos, besar su sudor y venirme con ella. Cuando la lucha terminó, noté su afán de irse. Solo pude rogarle que esperara un poco, que no me robara tiempo de los únicos momentos en los que puedo verla y quererla.

Me dí una rápida ducha caliente, mientras a través de los vidrios de la regadera, impregnados de vapor, la veía vestirse. La vi pintarse sus deliciosos labios de un color casi fucsia y sentí celos del labial que la acariciaba. Ahí estaba esa mujer que tan fatalmente se había apoderado de mis sentidos y pensamientos. ¿Cómo podía ser posible que justo ahora hubiera llegado alguien así a mi vida para tentarme?

Al día siguiente decidí desaparacer y jugué al importante. Ella trataba de buscarme, de arreglar otro encuentro. Ella tenía la excusa perfecta, pues uno de nuestros amigos en común había organizado una fiesta. Tristemente la naturaleza de nuestro pecado hizo que yo no deseara que estuviese allá. Nada pude hacer para impedirlo.

Cuando llegamos a la fiesta, vi su hermosísima figura blanca a lo lejos. Ella también notó mi presencia. Ambos nos acercamos a saludar y fue entonces cuando realmente consumamos nuestro crimen:

¡Hola Diana! ¡Tiempo sin verte! Te presento a mi novia, Karla. ¡Hola Carlos! ¡Yo sé! ¿Desde que celebramos el ascenso de Mario? Te presento a mi novio, Jorge

Solo Juan, mi amigo del alma, supo lo que verdaderamente ocurría. Fue él quién me dijo que Jorge era un buen tipo y me preguntó si no sentía remordimientos por lo que le estabamos haciendo. Claramente no dejaba de sentirlos, pero mi cerebro criminal hace mucho rato había logrado desconectar mi ética de mis emociones en esas circunstancias de alto riesgo. Era como un mecanismo de supervivencia.


El deseo entre Diana y yo crecía. O eso me gustaba pensar. Sentía su mirada celosa sobre mí. Sentía como trataba de llamar mi atención. La verdad es que a pesar que ella me enloqueciera, también quiero a Karla y no podía dejar de mimarla y consentirla. Después de todo, fue Diana misma quién nos puso en esta situación. Fue ella quien se propuso ser invitada a esa fiesta.

Un pequeño grupo se hizo en un rincón de la terraza. Allí estabamos Karla, Jorge, Diana, Juan, su novia y yo. Todo se veía tan desprevenido, pero la forma en que cada uno se había ubicado en aquel lugar, realmente estaba abriendo la puerta para otro de nuestros actos de traición.

Sentados, Karla a mi izquierda y Diana a mi derecha, Jorge a su lado y Juan con su novia frente a nosotros, hablabamos de muchas anécdotas. Conversamos sobre las múltiples banalidades que este mundo acostumbra pero mientras tanto Diana se las arreglaba para rozar ocasionalmente mi mano con su mano y acariciar mi pantorilla con su empeine.

Yo no dejaba de besar a Karla y ella no dejaba de consentir a su Jorge. Era un juego en el que ambos demostrabamos no necesitar del otro a pesar de que a la vista de todos, pero sin que nadie lo notara, nuestra atención estaba realmente en lo que sucedía entre su enpeine y mi pantorrilla.

Han pasado tres noches y ahora, su figura no abandona mis pensamientos. Su sonrisa delicada, sus ojos que me desarman como pocos, mi nariz que anhela su fragancia y las noches en vela en las que aunque sea por el teléfono, siempre me recuerda que sigue siendo mía. Que en realidad, ella es la mujer "del otro".

Pic: Feathers & Pearls by Robynlou8
Soundtrack: Mía - Armando Manzanero y Miguel Bosé

10 ago. 2011

Matando el amor



Sus ojos ya estaban acostumbrados a la media luz que acompañaba las noches del bar, por eso fue fácil encontrar su figura que una vez más estaba mirando el vaso en espera de su compañía.

Se sentó junto a él, pidió algo para beber, nada de licor, eran las reglas del negocio, ella no debía pedir licor para no afectar su desempeño con los clientes.

Rieron un par de veces, eran sonrisas tímidas, acompañadas de incómodos silencios, ella miró el reloj, susurro a su oído, se tomaron de la mano y fueron a su habitación.

La habitación se alejaba de los exóticos estándares del negocio, él se sentía extrañamente cómodo y no era por ser un cliente, aunque si era su habitación favorita, empezaron los juegos, iniciaron las caricias, se desprendía la ropa, se acercaban las pieles, se incitaban gemidos.

Silencio, después llegaba el silencio, hace mucho se sorprendieron al verse abrazados, a pesar del éxtasis, una vez consumado el negocio ya no corrían para cubrir su piel y en medio de risas eran complices de su desnudez, así fue como el dejo escapar un Te Amo y ella no encontró resistencia para responder que sentía igual.

Él dormía, ella se despertó sin hacer ruido, lo miró dormir una vez más, siento que lo amaba y más que sentirlo le surgió la necesidad de expresarlo y protegerlo a él y a su amor, se vistió, recordó el haberse prometido no sufrir o permitir que alguien sufriera por su amor, abrió un cajón, sacó un revolver, presionó el gatillo 6 veces, esa era la única forma en la que podría seguir teniendo buenos recuerdos del amor.

2 ago. 2011

Nombre


Dicen que Dios tiene una lengua que solo los ángeles conocen.
Es una lengua primigenia y divina, sonora y mágica, porque era cuando Dios le daba nombre a las cosas que se creaban. Y así creó de la nada el universo, le dio un brillante nombre a las estrellas y creó mundos imperfectos para gente imperfecta, con nombres con pocas vocales y muchos acentos, creo portentos naturales de nombres larguísimos que después le fue difícil recordar y males con nombres cortos, fáciles de pronunciar, que hasta por error se le salían al mas descuidado.
Creó al hombre en un día de pereza, cuando se quiso poner un sobrenombre a si mismo y le salió una irónica mueca, un remedo burlón, una imagen y semejanza en un espejo de feria, lleno de deformidades y especialmente de complejos.
En sueños fue que se inventó a la mujer, porque ese día concibió también la malicia, porque de repente entendió y nombró a la lujuría, porque escupió la perdición que se asocia a la belleza, la destrucción de la lógica y de paso, casi sin querer, le dio un toque de amor.
Desde entonces muchos se han dedicado a buscar pistas del lenguaje de Dios, porque en verdad pasa que si uno supiera el nombre original de las cosas pudiera dominarlas y crear. Por eso los viejos alquimistas buscaron por todos lados el nombre del Oro, los mas poderosos generales el nombre de la Muerte, los mas soñadores el nombre de la Paz y los mas aventureros el de la vieja Luna.
Pero yo no.
Si me dijeran que nombre primigenio quisiera, si me dieran la oportunidad de escoger solo uno, yo me quedaría con el nombre de la perdición, la belleza, la lujuria, la locura y el sentimiento ilógico congregados en uno.
Yo me quedaría con el nombre de la mujer.

7 jul. 2011

Todo terminó siendo una historia.

Una historia, todo terminó siendo una historia, eso era lo que repetía mientras sus cosas caían por la ventana del piso 14.

No sabía porqué estaba allí viendo como lo que podrían ser dolorosos recuerdos se estrellaban sobre el pavimento y pasaban a demostrar lo que siempre habían sido, basura.

En medio de ropa, pedazos de losa y unas monedas encontró su dignidad, tomo lápiz y papel, quería decir tantas cosas que después de un par de minutos sólo tenía un par de tachones y pedazos de papel, así que prefirió aclarar su mente y dirigirse lentamente al piso 14, al llegar encontró la puerta abierta y una nota con su letra que le recordó porque estaba allí tan tranquilo, -el mundo será un lugar mejor si no estoy en él - leyó una vez mas antes de cerrar los ojos y arrojarse nuevamente desde la ventana del piso 14.


Ver en cuentos para antes de dormir.

15 jun. 2011

Lirio (2)

Si no se acuerdan, viene de acá.

En la oscuridad nada cambia.
No había olores, no había paredes que tocar, solo había un piso frío y cruel, liso, sin ninguna diferencia, sin nada que golpear.
Carmenza rogaba por un ruido y solo el suspiro de alguien la animaba a seguir adelante. Pero era consciente de donde estaba, era consciente de quien eran los suspiros y recordaba aquellas palabras frías y cortantes que la habían condenado a aquella eternidad aterradora.
Y trataba de no pensar, porque el dueño de las palabras, el rey de la eternidad adivinaba pensamientos y solo podía pensar en Lirio, cada vez que cerraba los ojos, cada vez que los abría, cada vez que respiraba el frío y ligero aire de aquel sitio.
Por eso temía, porque Lirio vendría y el la estaría esperando.
Lirio dio el paso que la llevaba lo mas lejos de donde jamas había estado y a lo lejos de aquel atardecer vio las antorchas que se empezaban a encender del pueblo mas cercano. Apuró el paso y ya con la luna en alto llegó a la posada que estaba llena de borrachos y putas, cuando entró todos la miraron y murmullaban al verla pasar.
- Una bruja puta, eso es algo que no he visto aun – dijo un gordo enano, de barba sucia y enredada
Lirio pensó que contestar y recordó a Carmenza. Volteó a mirarlo con aquella mirada penetrante y murmurando cualquier cosa, de repente el tipo se le atrancó algo de lo que comía en la garganta y cuando se empezaba a poner verde ella le dio un golpe fuerte en la espalda y escupió un hueso. El tipo la miraba aun asustado mientras aspiraba una bocanada de aire, cuando ella le sonrió siniestramente.
- No es bueno hechizar a mis huéspedes – le dijo un viejo encorvado que se acercó poco preocupado
- No lo he hechizado, solo lo he asustado un poco y lo he golpeado como se lo haría a cualquiera – dijo Lirio, con una seguridad que le sorprendió a ella misma
- Ah, brujas, cada vez son menos, pero tu me recuerdas a alguien – contestó el
- Nariz curva, verruga bajo el ojo derecho, cabello gris – dijo ella
- Eh, si, creo, tu eres una joven muy linda, no tienes la pinta, pero si la actitud – dijo el
- Carmenza se llamaba, es mi maestra, a donde fue? – pregunto ella suplicante
El posadero vio entonces la niña que en realidad era Lirio
- Todas las brujas van al mismo sitio, al castillo, todas quieren lo mismo, la tierra muere por la ausencia del rey.
Ella lo miro.
- Necesito dormir, el mundo es mejor al amanecer

13 jun. 2011

Corta historia, y no de amor

Ella, tan hermosa, tan eterna, tan mortal.
El, tan imperfecto, tan mundano, tan real.
Ella, tan sola, tan feliz.
El, tan solo, tan osado.
Ella, tan alicorada, tan olvidadiza.
El, tan extenso, tan caliente.
Ella, tan exhausta, tan plácida.
El, tan fugaz, tan acertado, tan lúcido.
Ella, tan taciturna, tan implacable, tan salvaje.
El, tan indulgente, tan permeable, tan usado.
ella, tan inconstante, tan pasajera, espero la llegada de la mañana y se fue sin decir adiós.

20 may. 2011

Lotería

(Este relato esta basado en una historia real)

Juancho tenia 63 años cuando se suicidó.
Pero contrario al suicida común, Juancho no se suicidó por una situación desesperada, ni por un desengaño amoroso. Juancho se suicidó porque se ganó la lotería solo una vez.
Esperen y les cuento.
Juancho era un tipo trabajador, se había casado cuando joven y había criado 3 hijos varones, los había educado y cada uno había tomado su camino como profesionales exitosos, mientras su mujer y el seguían con el negocio de repuestos para carros en la carrera 38, que les había generado una mediana prosperidad económica desde hacía ya 30 años.
Sin embargo Juancho siempre anheló con ver mas mundo del que había conocido, su dedicación al trabajo nunca le permitió cumplir el sueño de conocer su adorada (pero lejana) Cuba, de la que admiraba desde “El Che” hasta su Baseball, conocía por fotos todas sus bellas playas y soñaba con alguna vez amanecer en Varadero, en silencio deseaba una noche con una mulata cubana, después de bailar salsa en un viejo cuarto con ventanas abiertas y el calor de La Habana, para después de un orgasmo fumar esos puros que de vez en cuando tenía la fortuna de conseguir.
Añoraba ver un amanecer de la isla, con el ron de la tierra, con el sonido del mar.
Y a Juancho se le negaba todo esto, porque las cosas ya no eran como antes, porque a los 55 enviudó, porque se sentía muy viejo para endeudarse y no quería pedirle a sus hijos.
Sin embargo Juancho hacía algo todos los miércoles.
Juancho todos los miércoles compraba la lotería del Atlántico y realmente de tanto hacerlo, ya se había convertido mas en una costumbre y no aspiraba a ganársela, era mas bien una excusa para romper la monotonía de una vida simple.
Pero sucedió lo impensable, Juancho se ganó la lotería.
Lógicamente la felicidad fue grande, pero después se empezó a preocupar. El que tenía lo básico no sabía en que gastarse su dinero, pensó en regalarlo a sus hijos, pero estos se negaron y ellos que sabían de su deseo de ir a Cuba le dijeron que lo hiciera.
Juancho cerró su negocio un jueves en la tarde y así permaneció durante un año. El viaje era de un mes, pero pasaron los 30 días y no se supo de el, al siguiente mes sus hijos se empezaron a preocupar, pero 15 días después llegó una postal de Cuba con una foto Polaroid, en ella estaba Juancho con la sonrisa mas sincera de la humanidad, al lado una bella morena de veinte que le daba un beso, en el fondo se veía el inmenso sol cubano en un hermoso atardecer en el mar.
Pasó un año en el que Juancho sin explicaciones no volvió, mandaba pruebas de “supervivencia” decían sus hijos y solo el podía saber que estaba haciendo allá, pero en sus fotos sus ojos brillaban de una manera casi infantil, de esa manera en la que uno no puede evitar contagiarse con la mas sincera felicidad ajena.
Un día Juancho llamó a uno de sus hijos.
Le dijo que necesitaba que le prestara un dinero, desde hacía algunos días no tenía ni un centavo y había llegado el momento de volver. A los pocos días Juancho volvía a Barranquilla, pero cuentan los que lo vieron que no se parecía al de la foto, sus ojos apagados y su sonrisa falsa denotaban una gran tristeza.
Un día se reunió con sus amigos y empezó a tomar cerveza en una tienda, después de varias alguien se atrevió a preguntar por enésima vez la misma pregunta: “Aja Juancho, ¿que fue lo que te la pasaste haciendo en Cuba?”.
Juancho por única vez contestó: Siendo feliz. Y les contó. Les contó de los partidos de Baseball, les contó de las playas, les contó del Ron, les contó de la morena, les contó y mientras contaba sus ojos volvían a brillar, pero cuando terminó se volvió a apagar y les dijo: Yo ya no entiendo la vida, si no es en Cuba ya no quiero vivir.
Entonces los miro con la expresión que tiene un hombre decidido y les dijo: Voy a comprar la lotería, si no me la gano para volver a Cuba, me mato.
Se lo quedaron mirando unos segundos y luego soltaron la carcajada, porque tomaron todo como una chanza de borracho, pero Juancho, el de la chanza, no se rió.
Al siguiente miércoles nadie se acordaba del cuento de Juancho, cuando compró la lotería nadie prestó atención, sin embargo el viernes El Heraldo, en su sección de judiciales, tituló: Se suicida comerciante de repuestos.
Juancho había comprado el periódico el jueves y con calma había buscado el resultado, cuando descubrió que no tenía tanta suerte, se enfrentó a la vida que le quedaba, vacía y sola y con nostalgia derramó dos lagrimas pero sonrió.
Y es que si alguien le hubiera tomado una foto mientras ponía el viejo pero cuidado revolver 38 que rara vez habia disparado en su sien, habría visto que aquel brillo en sus ojos había vuelto.

10 may. 2011

Trastorno Real

Después de muchos años ya no encontraba la diferencia entre un sueño y un recuerdo, su imaginación que cada día se tornaba más autónoma le regalaba imágenes vívidas que le hacían confundir sus sueños y su realidad, esta era la causa de su desconfianza cuando caminaba por la calle y alguien le sonreía, era alguien real intentando ser amable? o era otro personaje de sus sueños que buscaba perseguirle para acabar con su vida en un concurrido callejón?

No podía establecer si las marcas en su cuerpo eran producto de una noche de pasión o de haber caído por las escaleras, cuál de los dos eventos era real y cual era un recuerdo?

La canción infantil que sonaba en su cabeza era el recuerdo de su madre o era la canción que cantaba a sus hijos antes de dormir, eran sus hijos reales o parte de otro sueño?

Lo pensó muy bien, no se sabe si en sueños, en un recuerdo o en su realidad, pero tomó el teléfono y después de veinte minutos en línea tenía un compromiso y treinta y ocho minutos para llegar a tiempo.

Llegó a tiempo pero no le era claro si lo había hecho en sus sueños volando o después de una pelea con un taxista.

Dos horas después abrió la puerta, le bastó mirarse en el espejo de la sala de espera para saber que ahora todo era diferente, abrió su mano, desarrugó el papel y lo leyó una vez más, mientras una sonrisa de oscura satisfacción se dibujaba en su cara: Diagnóstico: trastorno afectivo bipolar con efectos tempranos de mal de Parkinson o posesión demoníaca.

27 abr. 2011

Él la amó hasta el día en que se marchó.

Recuerdo la última vez que vi tus ojos.

-¡Dariela!- Gritaba para que pudieras escucharme desde el segundo piso.

Tú y tus melenas alborotadas por encima de tus hombros, de tantos colores ya no sé cuál es el natural.

-Uno, dos, tres, cuatro... ¿Cuántos panes piensas llevar?-
-Los necesarios para no morir de hambre.
-No mueres de hambre tú, pero sí media población del país.
-Jajaja.. ¡No inventes! Son poquitos. ¡No me guardes comida!- Así se fue tu voz y la puerta que tiraste para cerrar.

Aquella noche no dormí, pensándote; no dormí, llorándote; no dormí, odiándote y odiando cada palabra que no dijiste al marcharte, cada sentido que perdiste, porque los perdiste todos estando viva, incluso también cuando moriste. Y es que los panes sirven para los locos después de haber sido arrollada por un auto y la llamada que recibí sirvió solo para que dijera que no cerraran tus ojos hasta yo llegar.

Y así los vi, por última vez, confirmando el brillo que ya no está por falta de tu espíritu, y el color de tu cabello parecía igual al pavimento.

24 abr. 2011

Preludio a "El Dinosaurio"

Cuando se durmió el dinosaurio no imaginaba que cuando despertara aun seguiría allí.

En forma de cuento.

Inextinguible, Eterno, Inmortal.


(Un pequeño homenaje al gran Augusto Monterroso, que mi hijo lee por estos días)

4 abr. 2011

Perfect

Aquí estamos otra vez, frente a un vaso que en caso de estar medio vacío sería preferible llevarlo hasta el límite con vino, pero esta vez prefiero una cerveza.

Me cuentas tu historia, adornas tus palabras con una encantadora sonrisa e intentas que cuente algo sobre mi, pero te recuerdo que no es así como funciono, prefiero escuchar (háblame que tu voz me encanta sería el subtítulo de la escena ) y esperar que preguntes algo que motive una respuesta.

Te abstienes de darme más licor porque ya sabes que lo único que logra es hacerme dormir y entonces sonrío, siento que tomas mi mano de una forma muy suave  y encuentro esa mirada que siempre logra asustarme.

Esta vez no quiero jugar tener paciencia, esforzarme por comprender, me levanto de la mesa, doy las gracias por todo y busco la salida más cercana.

Me alcanzas en antes de tomar el taxi y me propones caminar, acepto, no sin antes recordarte el pensar muy bien lo que vas a decir.

Intentas tomar mi mano, tus intenciones son diezmadas por una mirada amenazante, así que inicia nuevamente la conversación que he tenido muchas veces, siempre con un interlocutor diferente.

Me preguntas ¿qué pasa?, aparentando inocencia (intentando olvidar que ten conté sobre este juego muchas veces).

Quería  iniciar ese monólogo que ya conozco de memoria en el que te explico una vez más que todo esto es  juego, que puedo pretender que me importas, interesarme por tu historia, disfrutar de tu voz al otro lado del teléfono, y querer estar ahí cuando el frío de la noche te golpee, pero al final lo único que pretendo obtener es la satisfacción de mi cuerpo.

Mi monólogo tarda en iniciar, así que te animas a responder tu propia pregunta, empiezas a justificar tus acciones y a venderte como el mejor producto del mercado, intentas crear un nosotros (perfecto según tu punto de vista) con todo lo que tenemos en común. 

El frío de la ciudad acaba con la somnolencia que me regaló el alcohol, así que te interrumpo y te recuerdo que puedes armar tu película pero que en ningún momento quiero ser parte de ella, te recuerdo también que todo lo bueno que ves en mi se debe a tus hormonas y que si miras un poco más te darás cuenta que el encanto que me atribuyes es solo parte del disfraz que puedo armarme para estar contigo y lograr mi propósito (hasta que lograras aburrirme como lo haces ahora), te diré que puedo disfrutarte y pasar mis noches en vela recorriendo rincones de tu cuerpo (y tu deliciosa mente) pero eso sucede porque no quiero tenerlas para siempre en mi vida, porque nunca he imaginado más allá de encuentros casuales contigo, y si lo piensas bien tú tampoco querrías alguien (con tantas manías) como yo en tu vida.

Es así como tu cara se llena de excusas que intentas creerte antes de intentar que cambie mi opinión, logro despedirme con un beso y te das cuenta que por creer en cuentos de hadas acabaste con algo que pudo ser perfecto.

25 mar. 2011

Por fin

En silencio escarba el oscuro secreto de aquel pueblo maldito en medio del mar, lamenta entre muertos la decisión de seguir vivo y respira el ácido corrosivo que parece aire y que solo corrompe el alma.

Se sienta despacio en el viejo sillón rojo, mientras una sombra crece a su alrededor, muertos andantes tocan a su puerta, gemidos de seres inconcebibles le arden en sus odios, añorando el silencio, añorando el infierno que era su cotidianidad.
Cierra sus ojos pero solo ve mas aun, intenta gritar pero la oscuridad entra por su boca, corrupto y condenado sabe que no es un sueño, sabe que nunca va a despertar y que la sombra a su alrededor no lo va a dejar ir.

Y entonces balbucea las únicas palabras que recuerda: Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn

Entonces algo despierta y un chillido asusta incluso a quienes carecen de humanidad.

El sonríe, la muerte ha llegado por fin.

24 mar. 2011

Alma en 140 caracteres

Despertó una mañana, con todas sus inseguridades a cuestas, con la urgente necesidad de descargar todos sus sueños en alguien en el que pudiera confiar, con la apremiante inminencia, que su vida no le da, de tener a alguien que lo quisiera escuchar.

Entonces suspiró y escribió en Twitter: Buenos días, anoche tuve un sueño extraño.

Y empezó a descargar su alma en 140 caracteres.

11 mar. 2011

Historia de un Domingo gris.


Eran las 5:58 am y Walter se estaciona frente a la casa de Nadia. El frío descomunal no fue excusa para impedir que este par de ingenuos sellaran su cita con el deseo y la ternura. Mucho menos para que ella saliera antes de las 6:00 am a recibirlo.

Nadia salió de su casa muy abrigada para evitar enfermar y mientras tanto a Walter era invadido por el escozor de saberse pecando, aunque por ella bien valía la pena hacerlo. La hermosa morena que desde hacía años lo había cautivado con sus ojos de animal y su boca perfecta, aquel menudo cuerpo que podía desafiar algunos de los más influyentes hombres del país, había aceptado escaparse con él, para dejarse hacer el amor en algún lugar remoto en el que se habían prometido desinhibirse completamente.

Manejaron por algunas horas. El paisaje verde combinaba perfectamente con el día gris, que además estaba adornado por la vista de la laguna. Era exactamente como los dos lo habían imaginado, aunque ninguno de los dos supiera que habían imaginado el mismo paisaje.

Finalmente habían llegado a unas pequeñas cabañas en lo más alejado de las montañas. Disfrutarían de un baño termal juntos, lejos de todo el que les conocía y que pudiera juzgarles. Querían ser ellos y sus sentimientos, sin nadie que les recordara algún prejuicio tonto según el cual, no debían estar juntos.

Alquilaron una cabaña para dejar sus cosas mientras estaban ahí. Se pusieron sus respectivos trajes de baño y caminaron hasta la piscina para entrar juntos. Era curioso pensar que hasta el momento no habían cruzado ninguna mirada seductora o de lujuria. No habían besado aún sus labios. Solamente jugaban, se sonreían, se salpicaban mutuamente con el agua, se tomaban fotos. cantaron cada canción que sonó durante el viaje. Eran como un par de niños.

Luego de almorzar y quedarse un rato más en la piscina, llegaron las 3 pm. Decidieron que debían irse, porque en el mundo real, había muchas cosas que los esperaban. Entraron nuevamente a la cabaña. Mientras él tomaba una ducha, ella se encargó arreglar el poco equipaje que traian. Una vez terminó de asearse, fue el turno de ella en la ducha. Duró apenas lo necesario y salió arropada en una de aquellas batas blancas de hotel, al tiempo que secaba su negro cabello.

Se sentó en la cama y extendió su brazo derecho como para buscar algo. Entonces sintió las manos de Walter en sus rodillas, debajo de su bata. Se miraron fijamente. Había llegado el momento. El introdujo sus manos en la bata blanca hasta llegar a su cintura. Se detuvo. Luego subió por su vientre hasta sus senos. La tumbó en la cama y ella mientras tanto, se deshizo de su estorbosa bata blanca. Estaba asustada y excitada. Pensaba que él se había arrepentido de su propuesta. La verdad no hubiera importado, porque había disfrutado mucho de su compañía.

Los nervios lo invadieron como no sucedía hacía mucho tiempo. No podía cerrar sus ojos mientras la besaba. Ella tampoco. Decidió bajar a su entrepierna y mientras él bajaba y ponia su mano en su muslo derecho, ella colocó su mano derecha sobre la de él. Comenzó a mordisquear, besar y lamer su ingle. A veces se detenía y simplemente paseaba la nariz por su vagina. Notó que cuando lo hacía, ella se estremecía. Trató de mirarla, pero por la posición en la que estaban, no pudo. Pero su olor estaba desatando todos sus instintos. Quería devorarla con sus besos, sus lamidas, sus mordiscos y sus embestidas.

Nadia comenzó a pellizcarse los pezones. Con su otra mano, buscó la mano de su amante y entrecruzaron los dedos. Sintió que como comenzó a subir por todo su cuerpo con sus labios hasta encontrar nuevamente su boca, pero esta vez, mientras recibía sus besos, sintió como la penetraba. Un gemido escapó de su garganta. Como señal de querer que ese momento durara para siempre, enredó sus piernas en la espalda de su Walter y con su mano izquierda lo tomó de la nuca para ahora tomar el mando en el ritmo de los besos. Luego, en una maniobra que podría ser envidiada por cualquier artista marcial, logró ponerse sobre él. Ahora ella tenía el mando.

Una vez sometido, él solamente entrecruzó sus dedos con los de ella. Hizo que sus brazos le sirvieran a Nadia como apoyo, mientras ella jugueteaba con su cadera para mover su miembro dentro de su vagina. El compás de sus movimientos era delicioso y finalmente la agitación propia de los momentos previos al orgasmo femenino, comenzó a sentirse en toda la cabaña. Ella estaba disfrutando de su cuerpo, como probablemente ninguna otra mujer lo había hecho y en medio de la batalla que se libraba entre el pubis de ambos amantes, la garganta de Nadia emitió el sonido inconfundible de la satisfacción.

Aunque extasiada, Nadia tenía aún fuerzas para hacer que su amante alcanzara el clímax. Sin embargo, quería sentirse sometida. Se ubicó sobre sus cuatro extremidades, mientras Walter buscaba su propio orgasmo. Ante la imagen del cuerpo sometido de Nadia, se colocó sobre ella, puso una de sus manos en sus pechos mientras se apoyaba en su cadera. Walter no tardó mucho en gemir indicando que su orgasmo también había llegado. Había disfrutado de la mujer que tantas fantasías, desvelos y proyectos le había significado.

Tendidos sobre la cama se miraron fijamente mientras el resaltado color del iris de sus ojos transmitía el mensaje de cariño entre dos almas que ahora estaban más unidas que nunca. Pasadas varias horas, llegaron nuevamente al mundo real. El la dejó en su casa y condujo hasta la de él.

Eran las 10:58 de la mañana del día siguiente. Un hermoso sol brillaba en aquel pueblito primaveral. Walter esperaba ansiosamente en el altar a su prometida y tal como había sido siempre su costumbre, Nadia atravezó la puerta de la sinagoga antes de que se cumpliera la hora en punto. Todos los presentes creían que asistían a la consumación de un gran amor. Nadia Serge y Walter Hëgon sabían que su gran promesa de amor había sido sellada un 23 de abril, domingo gris de 1984, en una cabañita escondida en las montañas de su amada patria.

Pic: "She's my drug"por kainr

Soundtrack: Atomic - Blondie

6 mar. 2011

Las dos hijas de doña Sofía

Doña Sofía tuvo dos hijas, dos hijas de un marido que nunca quiso. De su segundo marido para ser exactos. Y para la historia de una de sus hijas necesito primero contar un poco más de doña Sofía.

Hace alrededor de 70 años atrás, cuando doña Sofía aún no era doña, conoció y se casó con un señor mucho mayor que ella y para ese entonces tenía al rededor de 15 años. Tuvo su primer hijo, una niña bella, tez blanca, saludable y ojos relucientes, todo iba bien, a los dos años siguientes, doña Sofía, que aunque doña no parecía tuvo su segunda hija, otra niña hermosa, un poco más gordita, pero saludable.



Doña Sofía no vivía muy feliz con su realidad, porque aunque decía amar a su marido sospechaba siempre de él en sus viajes de trabajo donde alguna aventura podría tener, pobre doña Sofía, a medida que fue creciendo quiso deshacerse de esa vida, ese marido y esas hijas... Se inundaba la cabeza de los chismes de sus vecinas y se inundó tanto que terminó definitivamente con esa familia, así que agarró sus motetes y para resumir, dejó la niña mayor con sus padres y la menor se quedó con ella a vivir. Doña Sofía no era tan mala después de todo, aún así tenía sentimientos nobles aunque el mayor parte del tiempo era trabajo y trabajo para salir de una pobreza que le dejó el mal uso de la lotería mayor que ganaron sus padres.

Pero recuerden que ella amaba a su marido y ese fue el primero, así que de aquellas hijas no les diré la vida.



Pasaron varios años y doña Sofía conoció otro hombre, uno del que no supo mucho o tal vez por saber demasiado lo dejó, porque esa relación que tuvo con él poco duró.

Y ese señor fue su segundo marido, el padre de las niñas que nunca aceptó. Pero lo sorprendente de todo era lo mucho que se parecían a ella, por su nariz, su color de piel, sus rizos y aquellos ojitos negros de las dos; Aida es la mayor y después de tres años Yomaira nació.

No sé qué le pasaba a doña Sofía, tal vez no supo aceptar su pasado entonces pensaba arrancar de cero, casi literalmente, como si perdiendo su marido y escondiendo sus hijas recuperara su virginidad.
Entonces por Aida ser la mayor, les contaré de su tremenda historia en otro post.


*Basada en hechos reales. Los nombres han sido cambiados.
*motetes: Dicese del modismo colombo-costeño-barranquillero para referirse a las cosas de una persona cuando va a viajar, a mudarse o simplemente lo lleva cargado cuando sale a pasear. (morral, ropa empacada...)
 

3 mar. 2011

Pensamiento

Quieres que te cuente como puedo llamar a mi mente retorcida cuando te encuentro en medio de algún pensamiento?
Puedo contarte quizás que mis pensamientos tu desnudez sigue siendo tu mejor arma
Puedo detallarte (ya que insistes) como quiero marcar tu cuerpo con algo más que sutiles caricias y que no pretendo que tus gritos lleven impresos mi nombre, con que grites para mi será suficiente.
Intentare acercarme a ti para contarte al oído como quiero retorcer tu mente y tu cuerpo,  te veré temblar, sonreír y mientras tanto consumiré el seductor olor de tu piel.
En mis pensamientos puedo romper tu piel con mis dientes y me pedirás (en medio de gritos ahogados) que no pare de hacerlo.
En mis pensamientos tu olor, tu sabor, la música, tu sudor, tu humedad, explotan en mis sentidos y puedes encontrar una y otra vez el punto de no retorno hacia mis alucinaciones.
En mis pensamientos tu cuerpo y el mio quieren doler, quieren placer y quieren permanecer en la línea que los une a los dos.
En mis pensamiento los lugares más oscuros están reservados para ti, para devorarte, poseerte y si fuera acaso posible pervertirte aún más.
En mis pensamientos me perteneces por ese instante en que tus sentidos se inundan, cuando el placer parece infinito, cuando quieres decir detente y te agarras de mi piel antes de volver a perderte.

En mis pensamientos.. es allí donde todo pasa, porque, ¿quién dijo que me interesa sentirte?

5 feb. 2011

Una Sonrisa Carmín


Un día más había terminado, esta vez tomó el tiempo de pasar al baño para darse un retoque y luego hacer la fila para esperar el bus, sintonizó su emisora favorita y se acomodó los audífonos para evitar que los extraños le hablaran y le interrumpieran la tranquilidad de su mundo.

Daba gracias de que su ruta no estuviera tan congestionada y algunas veces contaba con la buena fortuna de poder escoger un puesto, así que con una rápida mirada recorrió el bus, detuvo su mirada en la silla de la esquina derecha (la que más salta, eso le gustaba, tal vez porque le recordaba esos paseos a caballo que hacía en su niñez), estaba ocupada y quien estaba allí sostenía tenía la mirada fija hacia ella, se sintió intimidada, se sintió insegura y rápidamente se sentó en la primera silla que encontró.
Le restó importancia al asunto pero al momento de bajar el bus le fue imposible no buscar de nuevo esa mirada, ya no estaba, se sintió bien y siguió su camino.
La situación se repitió por varias semanas y se había convertido en un juego de miradas electrizantes, un reto que siempre terminaba con una sonrisa. Las mañanas habían cambiado y tomaba más tiempo en seleccionar que ropa utilizar, se decía a si misma que era parte de la preparación para la guerra y todos los días antes de salir de su oficina se miraba al espejo prestando más atención a los detalles, en especial a sus labios, los cuales vestía de carmín y así resaltar su sonrisa en caso de perder. Encontró entonces que perder así era divertido, subía rápidamente al bus, respiraba profundo, buscaba esa mirada que la hacía sentirse insegura pero a la vez viva, que antes la sonrojaba pero que ahora la alentaba y por eso cada día para buscaba una silla más cercana a la esquina derecha y sentarse en ella, no sin antes hacer valer sus labios carmín.
Todos los días intentaba llenarse de valor y llegar hasta la última fila del bus, quería ver de cerca esa sonrisa, sonrisa que desde hace un tiempo había también se vestía de carmín y que esperaba oliera a menta, así como lo hacía la suya. Lo más lejos que había llegado uno de sus intentos la llevo a la esquina izquierda, a pesar de no haber nadie más en la última silla su timidez no le permitió acercarse un poco más, pero  desde allí podía ver más de lo que necesitaba, y se atrevió a pensar que el dulce olor que percibía provenía de su cuerpo, sin embargo su timidez no impedía que la devorara la mirada mientras trataba de disminuir su deseo con una sonrisa.  

Un nuevo día comenzaba y la osadía del día anterior la animaba a crear una oportunidad de decir un hola, que estaba segura la llevaría más lejos.
En la mañana sonó su teléfono, quería confirmar sus datos, había ganado un automóvil, solo necesitaba acercarse a las oficinas del supermercado, diligenciar unos documentos y llevarse su regalo.

Ese día salió más temprano de su oficina, tomó un taxi y desde entonces en la ciudad dos sonrisas dejaron de vestirse de carmín.

26 ene. 2011

Lirio (1)

Era una casa pequeña.

Aunque para ser sincero, parecía pequeña. En realidad cuando entrabas parecía mucho mas amplia e iluminada.

Por fuera se veía oscura y lúgubre, supongo que esa era la intención de su dueña, pues los pocos “afortunados” que se atrevían a cruzar ese portal que siempre había chirriado desde nuevo (aunque nadie estaba seguro de aquella casa alguna vez hubiera sido nueva) no imaginaban que Carmenza tuviera la delicadeza de mantener su interior bien iluminado, caliente y ordenado.

Pero había una imagen que mantener y en la profesión de Carmenza esto era bien importante, sin ella tal vez el respeto se perdería y para una bruja, el respeto lo era todo.

Porque Carmenza estaba convencida que la brujería era un arte, como no, pero su máxima grandeza estaba en usarla cuando era necesaria.

Había traído niños y terneros al mundo durante décadas sin necesidad de usar un simple hechizo, había salvado cosechas, curado enfermedades y hasta lanzado maldiciones sin necesidad de media palabra arcana, solo con miradas fingidas y practicadas frente al espejo.

Solo en situaciones extremas había usado el arte y por eso Lirio no entendía porque estaba lavando platos sin usarlo.

La muchacha rubia y con ojos de esmeralda era muy linda, pero debajo de su piel curtida por el sol, ese cabello sin peinar y la ropa totalmente remendada era muy difícil darse cuenta.

- Fortalece el espíritu - Dijo Carmenza, como leyendo la mente de Lirio y ella reprimía las mas sencillas maldiciones que había aprendido, junto con aquellos hechizos que podían hacer los quehaceres domésticos mientras ella tendría la oportunidad de perder el tiempo en cualquier otra cosa.

- Ademas, espero que todo este limpio para cuando vuelva

Lirio, la aprendiz de bruja, se quedó quieta, olvidó lo mucho que le molestaba el lavar los platos y se quedó mirando a Carmenza que aspiraba a bocanadas un inmenso cigarrillo que olía a cacao.

Lirio no recordaba mas madre que a Carmenza, lógicamente no era su hija (las brujas muy rara vez tenían descendencia) y había aceptado como cierto el hecho de que un lobo la había dejado en la puerta de la casa y desde allí la había adoptado, pues a punta de golpes ya sabía que no debía cuestionar las verdades de su maestra.

- ¿Vas a ir también? – dijo Lirio con un nudo en la garganta

- No seré la única que no vaya – dijo Carmenza con la mirada perdida en sus pensamientos

- Ninguna que ha ido ha vuelto – contestó Lirio

- Pues tal vez yo si, tal vez yo no, pero la tierra se muere, la tierra esta atada al rey y este se muere, si no hay heredero la tierra sufrirá y no hablo de las guerras que seguramente llegarán, hay algo que tienes que entender – Carmenza hizo una pausa y la miro fijamente – La tierra es el rey y el rey es la tierra.

Lirio vio pasar una semana y una noche Carmenza le dijo que temprano al dia siguiente se iba.

- Pero todas las tardes sabrás si estoy bien, justo antes del anochecer donde quiera que estés un pájaro negro vendrá a visitarte, trinara solo una vez, si no lo oyes querrá decir que estoy en gran peligro, pero si no viene querrá decir que nada puedes hacer ya por mi, de cualquier manera no vayas a buscarme, esta tierra perdida en la montaña necesita de ti, sabes lo que debes saber y lo demás lo aprenderás sola.

Lirio no lloró, ya había olvidado que era eso, tragó su dolor y Carmenza lo supo, pero no la reprimió.

A la mañana siguiente Carmenza se fue cargada con poca ropa y su cayado negro, hacía un par de meses habían hecho el de Lirio que era gris y se despidió sin palabras cariñosas, solo indicaciones sobre el cuidado de la casa y de la gente del pueblo, pero cuando se iba con el sol a sus espaldas Carmenza la miró y para Lirio eso bastó, era la mirada de su madre, que la amaba, la quería y le dolía dejarla, ni un “te amo” hubiera remplazado aquel momento.

Ese día fue muy ocupado para Lirio, tuvo que ayudar a una vaca a parir y actuar como juez en una disputa entre familias por un cerdo, para ellos aquella muchacha no tenía la autoridad para decidir, pero Lirio era una buena aprendiz, escupió el suelo y los fulminó con una mirada, después de quedarse callados esperando alguna maldición aceptaron su palabra.

Ese atardecer esperó en la puerta y el pájaro apareció, parecía un cuervo común y corriente, ademas graznó de manera vulgar que Lirio pensó que era una broma. Pero no, no podía ser de otra forma con Carmenza.

Pasaron 3 semanas y Lirio empezó a acostumbrarse a estar sola y esperar la llegada del pájaro al anochecer, pero sucedió que un día el pájaro llegó y la miró con una mirada cargada de nostalgia.

Era la mirada de aquel día cuando Carmenza partió, intentó trinar pero no pudo, ningún sonido salió y de repente se echó a volar.

Lirio intentó llorar aquella noche, no pudo.

Tampoco pudo dormir.

(Continuara)

25 ene. 2011

Tatiana

Tatiana era una mujer espectacular, como pocas existen en este planeta. La adoré en mis pensamientos más diáfanos y también en mis pensamientos más corruptos. Era imposible no hacerlo. Hermosa morena…

Tatiana tenía la valentía para hacer cosas que yo no podría hacer. Probablemente más disciplinada, estudiaba para administrar negocios en el extranjero y para conocer cómo el Derecho los regulaba. Morena, disciplinada y bella…

En las lejanas tierras neoleonesas, Tatiana comenzaba a vivir una experiencia fascinante en la vida de cualquier estudiante universitario. Había viajado miles de kilómetros para descubrirse como hispanoamericana frente a aquellos hispanoamericanos que parecen tan distintos. Estaba cerca de aprender que nuestras diferencias son apenas formales. Morena, disciplinada, bella y curiosa…

Quise hacerla mía, al igual que muchos otros hombres que no podían resistirse a sus profundos ojos oscuros que parecían pozos infinitos de ternura y lujuria mezcladas. La quise y quise quererla. Quise que me quisiera, o al menos, que quisiera quererme, pero la vanidad de los hombres me hizo explorar nuevos horizontes después del rechazo. Morena, disciplinada, bella, curiosa y deseada…

Hoy Tatiana está más lejos que nunca de mis deseos, mis angustias, mis palabras y mis ideas. Tatiana es ahora inalcanzable de manera tan triste, que la rabia y la confusión nublan mis pensamientos. Mi pensamiento está nublado como al parecer estaba aquella atmosfera regiomontana que no permitió a Tatiana ver la contundencia con la que la vida pretendía recordarnos a todos la fragilidad de la existencia. Morena, disciplinada, bella, curiosa, deseada y… Muerta.

(En memoria de Tatiana Castañeda Godoy).

Soundtrack: Promenade dans le jardin - La Belle et la Bete - Philip Glass