19 ene. 2010

Psicoterapia

Creer en el amor es tan estúpido como creer en la hadas.

Allí esta ella, con el corazón roto y la mirada perdida, arregla su pelo y esconde su pena. Se sienta y cruza las piernas, toma una revista en mi sala y la ojea, mira la pared, mira el techo, mira el piso y sus pensamientos la traicionan.

Quiere fumar, pero nunca lo ha hecho, quiere llorar, pero entonces sonríe, la miro y no sabe por donde empezar, le ofrezco un whiskey pero quiere hidromiel, le doy permiso para mentir y engañarse pero no se decide, también le doy para ser sincera pero no lo sera y menos con ella misma.

Le doy permiso para que su imaginación vuele por nubes de vainilla, entre campos de oro y viejas tierras con las que solemos soñar, pero me dice que le aburre la cotidianidad.

Su brillo me deslumbra y su mirada me trastorna, soy un psicólogo particular, con pacientes particulares.

Entonces se levanta, paga la consulta sin reclamar, extiende sus alas y se va volando por la ventana.

A las hadas también les rompen el corazón.