15 jun. 2010

Como perdí mi alma

Fue una noche lluviosa cuando perdí mi alma.

Ocurrió mientras llegaba a mi casa, llovía y me abrazaba yo mismo, la calle solitaria de la añorada Bogotá tenia parches de oscuridad y el silencio daba vueltas entre recovecos imaginarios de sombras decadentes.

Fue allí donde la vi.

Entre tinieblas un brillo se asomó y fue su sonrisa perversa la que atravesó mi corazón, un grito silencioso golpeo mis oídos cuando hablo y entre su voz susurrante me dijo su nombre: Lilith.

Lilith la hambrienta, entró en mi casa, me advirtió que por ella se llegaba al eterno dolor, se tomo mi vino, me lleno de comida y se sacio de mi. Se negó a acostarse en mi cama, pues las perras se revuelcan en el piso y en su blanca desnudez lleno de negrura mis sensaciones, su mirada fría no pudo aplacar la calentura de su entrepierna, me exigió amor decadente, me pidió llenarla toda, por todas partes y me olvide de mi.

Me exigió mi semen, pero en una sola eyaculación se llevo mucho mas que eso, se robó mi alma y al final, tirado en el piso frio me sentí vacio.

La vieja Asmodeo, la puerca Ábrahel, me había dejado sin nada, solo el placer de su recuerdo, solo el olor de su aliento, solo la mancha de su sudor en la alfombra, solo el recuerdo caliente de sus muslos y el gemido animal de su placer, solo la terrible sensación de la ausencia del súcubo que nunca mas regresó y la esperanza de reencontrarla en el segundo circulo.

Y mientras tanto todo amor me será negado y todo corazón que toque será roto