3 abr. 2014

El rompecabezas



Ella sentía ganas de que la abrazaran, le dijeran al oído cuánto la amaban y le dieran esos besos electrizantes que la podían estremecer y dejarla inconsciente durante largas horas de placer…

Él tenía ganas de desbordar su corazón con más cariño del que podía albergar. Quería poner en su altar a una nueva deidad que lo impulsara a existir de otras maneras, en otros discursos y en distintas frecuencias…

Ella necesitaba sentirse adorada, ponerle un rostro a ese al que su ausencia podía aniquilar. Deseaba que esa cama doble no fuera tan gigantesca por las noches y que sus charlas con el eco de su propia soledad le dieran paso a risas, trascendencias y hasta disgustos que la hicieran sentir todas las sensaciones que describen las enciclopedias…

Él quería una compañera con la que pudiera viajar a los confines del mundo, de su individualidad y de sus ambiciones. Una que no fuera una sombra, pero que desde su propia individualidad, pudiera comprender la que él vive…

Pasaban los días mortificándose por la ausencia de ese amor que no llegaba, para el que se habían dispuesto, para el que se habían educado, para el que tantos momentos bonitos habían reservado...


Son las 11:30 pm. Hacía mucho frío y cada uno se subió a un taxi distinto. Este era simplemente otro viernes de los muchos en los que Natalia y Andrés salían de ese sórdido lugar de lenocinio en el que las terribles circunstancias de su transacción les impidieron entender que cada uno era la ficha que faltaba en el rompecabezas del otro…

Pic: puzzle -  Nasir Nasrallah  (CC BY 2.0)