20 nov. 2010

Queda por decir

Frente a la hoja en blanco una vez más sintió el temor de apoderarse del lápiz y empezar a escribir su historia, no la historia de triunfos y metas logradas, no la historia de superación que el mundo veía, no la historia de su siempre contagiosa sonrisa, no esa historia, no la historia que a todos llegaba a inspirarlos.

Quería contar esa historia en la que dos cuerpos desconocidos se encontraron en una calurosa ciudad, en medio de paredes blancas y  luces (al principio) apagadas, quería contar de esos encuentros prohibidos en medio de la noche, de los encuentros aún más prohibidos a la luz del día, quería contar como su soledad encontró en un cuerpo desconocido una soledad igual a la suya y que por un tiempo fue su perfecta compañía, quería contar como se unieron sus formas comunes y no comunes, quería decir que de una extraña forma se amaron, porque la primera y única regla de la historia era no enamorarse, pero llegó el momento en que sin decir palabras y con todo lo que ocultaba el silencio se estaban amando y se consumían en ganas por decirlo y romper la estúpida regla, quería contar como su frustración ante la censura de sus palabras le enseñó a decir te amo con una sonrisa, una sonrisa de complicidad cuando se encontraban en los pasillos de la ciudad, en las esquinas de un centro comercial, en una llamada a media noche, una sonrisa mientras se arrancaban la ropa en medio de la oscuridad de las salas de cine, una sonrisa al compartir un libro o escuchar una nueva canción.

Quería contar también como con una sonrisa, en medio de una calurosa ciudad se dijeron adiós para nunca más volverse a ver, quería decir que la maldita sonrisa fue su fachada, y que a pesar de su vida perfecta, aún tenía un te amo por decir y por escuchar, quería decir que en el silencio había aprendido la forma perfecta de amar, porque sabía que no tendría nada a cambio y que llegaría a conformarse con una sonrisa.

Fue así como rasgó la hoja, guardó el lápiz y  decidió ingresar a gmail, hacer clic en [compose mail], ingresar su dirección, escribir en el asunto :) y presionar el botón send.

19 nov. 2010

Aún me cuesta creer,

Aún no se porque la recuerdo cada mañana cuando me levanto.
Aún no se porque siento tantas cosas en mi interior cuando percibo algo que me hace recordarte.

Aún me parece que hubiera sido ayer, cuando en medio de una plaza soleada, rodeados de gente y comendo helado, nos comprometimos y juramos por enésima vez amarnos por siempre.
Aún sigo pensando que esos juramentos son para los niños y los tontos.
Aún recuerdo como nos casamos en mitad de la noche, a la suave luz de la luna y las estrellas, tu sutilmente iluminada por un par de antorchas, con un hermoso vestido corto, para nada tradicional, de un color blanco que casi brillaba con luz propia, superando en hermosura y esplendor a la luna, admirada por todos los asistentes a la ceremonia e idolatrada por mi. Recuerdo como nos pidieron que nos besáramos y como nos abrazamos emocionados.
Aún me pregunto que sentía en ese momento.
Aún puedo percibir la sal en el aire de aquel paraíso tropical al que fuimos de luna de miel, en esa playa privada, en aquel hermoso yate que te di de regalo de bodas. en todos los pequeños detalles que tuvo aquel viaje, el marinero que se cayó al mar, los animales de la playa, el nadar con delfines y el bucear junto a tortugas. Todo parecía tan perfecto.
Aún no puedo creer lo equivocado que estaba.
Aún me duele recordarte en esa sucia cama, que esta llena de lujuria y tristeza, melancolía y desesperación, donde te vi en brazos de otro hombre, te vi feliz, y no te dio nada reconocer en mi cara que había sido desde hacia mucho. no sentiste nada al destruir cada parte de mi ser con tus fríos comentarios, cuando con cada uno de ellos atacabas un lugar distinto de mi corazón, haciéndolo caer hasta el más profundo pozo de desesperación. Quedé tan lastimado que pensé en acabar con mi existencia, un día desperté en un lugar desconocido, solitario y lleno de la tristeza de tu recuerdo, que parecía poco mas que un sueño.
Aún me parece que hubiera sido ayer, que lo hice.
Aún me resulta difícil de creer, que en aquel lugar que me resultaba desconocido, me asomara a una ventana para descubrir que me encontraba en un sexto piso, y luego, con tu recuerdo hirviendo en mi mente, tal y como lo hacia mi sangre en aquel casi insignificante instante, me lancé de cabeza por la escalera.
Aún me parece mentira de repente recordar aquel lugar que me habia parecido extraño y llamarlo casa.
Aún me parece ilógico, que dejara de recordarte tan claramente y empezar a asociar mi casa con mas y mas eventos y personas.
Aún no se porque al momento de caer, cuando lo último que alcancé a ver, fue un para nada sorprendido joven en la calle, y en el justo momento en que me fundía con algo mas grande, así como me fundía al pavimento, me di cuenta de que tu, no eras tu en realidad.
Aún no creo que no hayas sido mas que un producto de mi imaginación y de mi torcida mente, que te cree durante años y te aloje en mi subconsciente, que alimenté tu ser, con historias durante mis sueños, que mi locura me hizo de dudar de mi realidad y pensar que tu si lo eras, y que al final, yo te cree, y tu me destruiste.
Si, Aún me cuesta creer.

10 nov. 2010

Crónica de un final advertido.

Ella despierta y él le besa sus manos.

Ella despierta y él no está, se fue temprano.

Ella despierta entre las sábanas enredada y la cama destendida, sola, como de un tiempo para acá ha estado.
Las mañanas y las noches se perdieron en el pequeño resplandor de velas, no abre ventanas y evita salir de su casa. Él se va cada mañana cuando aún el día se ve oscuro y llega siempre de noche cansado, despacio para no despertarla, pero ella siempre lo espera en vela sin que él se de cuenta.
Samanta y Gabriel era una pareja que aunque joven, sus años parecían perdidos en el olvido.

Una noche, cuando Gabriel llega y se acuesta a su lado, casi sin tocarla, Samanta se levanta de la cama asegurándose de que haya quedado dormido, inconsciente y tranquilo. Con café en mano y una larga lista de pensamientos camina hacia la sala perdiéndose entre la oscuridad y el noble silencio de la madrugada, se dispone a pensar, más que eso; se dispone a sentir. Y sintió que estaba con un extraño compartiendo la misma cama, y sintió la soledad otra vez, los "te amo" perdidos, sintió que el todo se volvió en nada y las ganas que sintieron aquella última vez de hace mucho tiempo. Definitivamente, Samanta ha perdido sus placeres, se dedicó a olvidarse de ella y a olvidarse de él, sin recordarle que estaba allí para cuando la necesitara, pero Gabriel no volvió a mirarla para decirle lo hermosa que es; triste y cruda verdad, lo sintió. Entonces pasan las horas y entre aquellos sentimientos se cuela aquella sensación que tenía cuando lo conoció, aquellos años de gloria y de pequeñas discusiones que terminaban arreglandose con detalles, sorpresas o en la cama... Aquí está ella, con aquel desconocido que alguna vez saludaba con tanta intensidad y allá está él, escondido entro un sueño profundo.

Nueva mañana, Gabriel diligente se va. En su maletín encuentra una nota "Te espero temprano en casa" ¡Vaya sorpresa! se volvió a ver a Samanta pero ella aún estaba en la cama casi dormida. Más que ansias y ganas, la curiosidad de saber sobre qué trataba todo lo llevaron a serle fiel a la nota. Llegó y encontró a Samanta en un hermoso vestido negro, seductora lencería que se dejaba ver por el vaivén de sus caderas cuando caminaba. En la mesa frente al televeisor había una pizza y refrescos, Samanta aún no olvidaba la sencillez de Gabriel para las cosas y su plato favorito.

Él no dejaba de verla y a ella le encantaba, era esa mirada otra vez, una seductora y cortante mirada que se aferraba a la desnudez de su piel. Comieron tal cual adolescentes y abarcaron temas tal cual gente madura pero como aquellos gratos recuerdos que Samanta forzó en la conversación regresaron otra vez ciertos gestos y otra vez esa sensación... Gabriel la toma en sus brazos y casi parece que se ahogaran en un beso, explorando nuevamente aquellos lugares que conocía. Teniendola aferrada a su cuerpo mientras se balanceaban quitandose la ropa hasta llegar a la cama y allí, comenzó todo de nuevo, por lo menos para Samanta.
Ella despierta, sola, Gabriel ya no está. A su lado una nota; "Espero alguna vez puedas perdonarme, pero hace mucho tiempo tú y o no somos nada"...  Samanta se desplomó maldiciendo su nombre tratando matar los recuerdos; después de todo para Gabriel fue una simple noche con una extraña.