30 sep. 2011

Yo puedo arreglar eso


A un pueblo perdido de Dios llegó la profesora, su vestido azul y su cabello rojizo rechinaban contra el sol ardiente de aquel sitio, sucursal del infierno, que no aparecía en ningún mapa, del que nadie recuerda el nombre.
Pronto empezó a enseñar a los niños del pueblo, hijos de los pocos ricos que habían en aquel lugar, hijos de los pobres, la inmensa mayoría que iba al colegio sin zapatos y a veces sin desayuno.
Con la profesora aprendieron a leer, a escribir y a veces a soñar, porque en ese pueblo los sueños no llegaban y la gente que creía que incluso el amor alguna vez había pasado de largo, huyendole al calor y la sequía que normalmente asolaba el sitio.
Pero la escuela era una vergüenza.
Una vieja casucha que se hubiera desbaratado si en el sitio cualquier suave brisa hiciera su aparición, por lo cual la profesora vivía preocupada.
Sin embargo, todos los días Camilo, un negro de 2 metros, descalzo y descamisado pasaba vendiendo verduras que traía arrastrado de otro pueblo con mejor suerte, llegaba y gritaba por la calle.
Un día vio a la profesora llorando en la puerta y sin saber como consolarla le regalo una cebolla, ella sonrió y cuando le preguntó porque lloraba ella le contó que la puerta del colegio se estaba cayendo.
“Yo puedo arreglar eso”, le dijo Camilo.
Y efectivamente lo hizo, pero ademas la profesora se quedo viendolo mientras trabajaba, conversando y dicen los que la vieron que por primera vez en ese pueblo infernal, la mas hermosa de la sonrisas iluminó el sitio.
Al día siguiente, Camilo volvió a verla triste en la puerta del colegio, le preguntó de nuevo que le pasaba y le dijo que el techo se estaba cayendo.
“Yo puedo arreglar eso”, le dijo Camilo.
Y efectivamente lo hizo, con la compañía de la profesora, que como nunca era feliz hablando con su negro Camilo.
Al día siguiente fueron las ventanas y camilo dijo nuevamente: Yo puedo arreglar eso.
Pasaron los días y de repente el colegio terminó siendo la mas bonita de las edificaciones del pueblo, pero desgraciadamente se acabaron los arreglos a hacer.
Camilo llegó al día siguiente con su carrito de verduras y vio a la profesora llorando a cantaros y se acercó nuevamente, como todos los días.
- ¿Que la pasa profe?, ¿Que puede ser tan difícil de arreglar? – preguntó
- Lo que pasa es que el colegio esta perfecto, ya no vas a quedarte mas a hablar conmigo, solo te veré pasar, lo que hay que arreglar es mi corazón roto – contestó ella
El se la quedó mirando unos segundos, sonrió y dijo: Yo puedo arreglar eso.
Se acerco y le dio el mejor beso que se haya dado en la historia de aquel lugar desencantado.
Y solo por esa vez, el amor entró al pueblo.

1 comentario:

Aplicativos Moviles dijo...

Que bonito cuento, me encantan cada una de tus publicaciones, es todo un gusto visitarte.