2 ene. 2012

Un dios.


Ella, solía mirar las estrellas, preguntarse por la inmensidad del cielo, intentar comprender lo que la rodeaba.
Ella, quería entender el mundo, descubrir sus misterios, sentirse parte del universo.
Ella, en una esquina de su camino encontró un dios, dedicó su vida a él, entonaba para sí sus oraciones y sentía que todo tenía sentido, qué todo era posible y que ese dios se manifestaba con cada maravilla de la creación.
Ella descubrió su cuerpo al estremecerse bajo un roce de piel, después de una mirada llena de culpa, después de un encuentro en la oscuridad.
Ella, entendió su cuerpo cuando su corazón se agitó, cuando sus piernas se abarazaron a otro cuerpo, cuando sus gritos se ahogaron con placer, y entonces nombro como su nuevo dios al orgasmo.