3/04/2014

El rompecabezas



Ella sentía ganas de que la abrazaran, le dijeran al oído cuánto la amaban y le dieran esos besos electrizantes que la podían estremecer y dejarla inconsciente durante largas horas de placer…

Él tenía ganas de desbordar su corazón con más cariño del que podía albergar. Quería poner en su altar a una nueva deidad que lo impulsara a existir de otras maneras, en otros discursos y en distintas frecuencias…

Ella necesitaba sentirse adorada, ponerle un rostro a ese al que su ausencia podía aniquilar. Deseaba que esa cama doble no fuera tan gigantesca por las noches y que sus charlas con el eco de su propia soledad le dieran paso a risas, trascendencias y hasta disgustos que la hicieran sentir todas las sensaciones que describen las enciclopedias…

El quería una compañera con la que pudiera viajar a los confines del mundo, de su individualidad y de sus ambiciones. Una que no fuera una sombra, pero que desde su propia individualidad, pudiera comprender la que él vive…

Pasaban los días mortificándose por la ausencia de ese amor que no llegaba, para el que se habían dispuesto, para el que se habían educado, para el que tantos momentos bonitos habían reservado...


Son las 11:30 pm. Hacía mucho frío y cada uno se subió a un taxi distinto. Este era simplemente otro viernes de los muchos en los que Natalia y Andrés salían de ese sórdido lugar de lenocinio en el que las terribles circunstancias de su transacción les impidieron entender que cada uno era la ficha que faltaba en el rompecabezas del otro…

Pic: puzzle -  Nasir Nasrallah  (CC BY 2.0)

11/08/2013

El Monstruo

Hace algunos días volví a la casa de mi madre.
Después de 20 años viviendo en el exterior, volver a mi ciudad natal y especialmente a aquella casa fue una exaltación de la nostalgia, y aunque la ciudad había cambiado mi madre había conservado la casa tal cual como cuando eramos una familia numerosa en una gran casa.
Pero ya todos se habían ido, mi padre había muerto hace mucho, mis otros hermanos también habían seguido su camino y mi madre, ya mayor, compartía su soledad con un gran Doberman que ahora me miraba cansado desde el patio enrejado.
Y estaba mi cuarto, intacto, intemporal, inmutable, como una fotografía a la que se le limpiaba el polvo todos los días, pero ya con ese olor de lo añejo, de la melancolía de aquello que se fue y no va a volver.
Entonces todos los recuerdos vinieron a mi.
Recuerdos de un niño que fue muy feliz en esa casa, recuerdos de viejos amigos, algunos ya muertos, recuerdos de los mejores sueños… recuerdos de las peores pesadillas.
Recuerdos del monstruo.
No se cuando El Monstruo por primera vez apareció, pero si recuerdo las muchas noches en las que no dormí por su culpa, cuando desde adentro del closet que daba de frente a mi cama entreabría la puerta y dos luces rojas y profundas asomaban entre la oscuridad, yo quería cerrar mis ojos de una vez, pero el terror me lo impedía y el eco de su respiración me llegaba, incluso sentía el hedor putrefacto de su aliento y a veces en las noches mas claras podía ver partes de sus rasgos.
A veces incluso se asomaba algo mas y me dejaba ver un rostro perruno, con colmillos gigantes de los cuales caía baba y unos cuernos retorcidos, entonces me parecía verlo sonreír, era ahí cuando yo me tapaba y a veces gritaba. Al rato mis padres llegaban y El Monstruo había desaparecido.
Una vez no grité y lo sentí acercarse, sentí su aliento cerca a mi cara oculta por la sabana y oí por única vez su voz, terrible y profunda, carrasposa e inmunda, que me decía: Siempre estaré por ti, conozco todos tus actos, los buenos y los malos, se a que temes, se que anhelas.
Con el tiempo El Monstruo se fue con mi adolescencia, empecé a estudiar, viajé y me terminé convirtiendo en Ingeniero, estudié finanzas, me casé, tuve hijos, me separé, abandoné a mi familia, empecé a ascender en el banco donde trabajaba y de repente me convertí en un tipo importante, calculando inversiones, evaluando proyectos, robando a los pobres y dándole a los ricos, que es lo que paga.
Y ahora estaba allí, preparándome a pasar la noche en el viejo cuarto del monstruo.
A las 3:15 AM algo me despertó y casi sin querer miré el closet que una garra oscura y de uñas horrendas abría, mi corazón empezó a latir fuerte cuando los ojos rojos asomaron y el sonido de la respiración interrumpió el silencio. Aterrado seguí mirando cuando el ser empezó a salir y la luz de la luna iluminó un ser inmundo, peludo y jorobado, con garras que daban al piso y una inmensas fauces que hubieran devorado a un niño pequeño.
Quise prender la luz, pero ese terror que parecía reptar hacía mi ya me había alcanzado, alargó sus garras y jaló mi sabana. La expresión en su espantoso rostro no lo puedo definir, pero de repente parecía asustado, me empecé a levantar y el monstruo cubría su cara, lo vi empequeñecer, lo vi consumirse hasta volverse un pequeño y delgado ser, aterrado trataba de llegar al closet.
“Hey!” le grité y con una voz diluida y llena de dolor me contestó: apártate monstruo, conozco todos tus actos, conozco todo lo que has hecho, conozco que todos tus sueños, conozco el monstruo en el que te has convertido.
Y se lanzó al closet.
Encendí la luz y miré el closet vacío, de repente crucé mi mirada con el espejo y por un segundo no me vi a mi mismo, si no a otro ser de pesadillas, un innombrable monstruo salido del mas aterrador de los sitios: la realidad.
Un monstruo que asusta a las pesadillas.

2/08/2013

Palabras

Palabras, le gustaban sus palabras, solía releerlas cuando descubría que estaba en medio de sus momentos de soledad, las leía una y otra vez, no porque la soledad le agobiara sino porque era en esos instantes de soledad en los que podía devorar cada palabra, degustarla, saborearla con cada sentido y entonces sentir que le pertenecía.

Así le pertenecían sus palabras, todas las que había pronunciado, más aún las que se atrevió a escribirle, desde  la más dulce hasta la mas rencorosa, desde la más tierna hasta la más caprichosa, todas esas palabras que como un hilo formaban sus recuerdos, todas las que sobre papel se dibujaron, todas las que en su piel se imprimieron, todas las que bajo suspiros murieron, todas, las sentía suyas cuando la soledad daba espacio al deseo. 

Eran sólo palabras creyó alguna vez, cuando era común recibirlas, cuando las encontraba dentro de sus libros, bajo la puerta, en sus escritorio, cuando pasó de la emoción de esas primeras palabras, el vacío y la excitación de su ser a simplemente cada nota un papel con más palabras. 

Había olvidado como muchas otras cosas, en qué momento el estremecimiento de las primeras palabras pasó a ser insignificante y en qué momento se habían convertido nuevamente en una necesidad, en un deseo nocivo amparado por su soledad. 

Ahora en medio de miles de cartas cada palabra procuraba un significado, guardaba un olor, contenía una lágrima, ocultaba una sonrisa o escondía un remordimiento, así pasaba su infinita soledad sin saber sí esas palabras pertenecían a una historia ya vivida, sí había sido quien las inspiró, sí las escribió para alguien que dejó de recibirlas, hasta que entendió que esas palabras eran las que traía el viento. 

28/11/2012

Ivon


Ivon sueña de vez en cuando.
Se levanta tratando de olvidar y prefiere el agua fría, se seca despacio y se viste mientras ve el noticiero.
Ivon trata de no pensar en lo que soñó para que no se le revuelva el estomago, camina el trabajo y no hay nadie en su apartamento que la despida, recuerda las noches largas que vio morir, recuerda los tragos de mas, pero no recuerda las caras de la larga fila de hombres a los que abrió las piernas despreocupada.
Ivon toma café con azúcar dietetica, usa cremas para las arrugas y no sale sin maquillaje, le gusta el color rojo y hace mucho nadie la invita a salir, se suele demorar almorzando, porque en cada bocada las tripas parecen dolerle, no sabe si es de verdad o se lo imagina.
Ivon ya no maldice su suerte, le gusta ver series extranjeras mientras come helado, no va a reuniones familiares y no le contesta el celular a la mamá, nunca llora en publico, se levanta antes que suene el despertador y le gusta oír Jazz.
Ivon no quiere ir al medico, pero todos los meses va, esperando algo de seguridad, esperando una fecha para saber cuanto le queda, para poderse decidir con el tiempo que falta, porque desperdicia su vida entre silencios y soledades, entre la necedad de no querer compadecerse ni vengarse, porque languidece y se estira, como mantequilla en un pan.
Ivon ya no quiere pensar, tiene el tiempo contado, pero no lo quiere contar porque sabe que es un positivo mas.
Si tan solo pudiera dejar de soñar.

1/11/2012

Cuéntame un Cuento


Papá, cuéntame un cuento, uno de princesas, dragones, naves voladoras, de super héroes, de de de...
Así iniciaba el fin de cada noche, él tenía mil historias, para contarle, historias sin fin porque siempre se hacía tarde y ella cerraba sus ojos antes de decir “Y FIN”. 

Ella sabía que los dragones no existían, que las princesas no eran rosa, que los super héroes viven en los comics y cerraba los ojos para que las palabras tomaran vida y fue así como aprendió a dormir con una sonrisa en sus labios.
Ahora ella cierra los ojos antes dormir y toma vida el recuerdo de su padre, él durmió para siempre con una sonrisa y desde entonces ella aprendió a dormir no sin antes liberar una lágrima. 

11/10/2012

Calor

Transcurría el año...

Bueno, lo cierto es que no recuerdo el año, pero en esos días hacía mucho calor. La ropa se adhería fácilmente a la piel y las personas deambulaban sin sentido por los empedrados, haciéndose uno con el sopor de la tarde, buscando una sombra, un cariño, una excusa.

Ella se mojaba entre los pechos, empapaba su soledad, que le ardía más que el sol de la tarde. Él la veía desde una posición alta, con el peligro de quemar la retina de sus ojos tanto por el radiante espectáculo de la tarde, como del astro vengativo que parecía resistirse a su ocaso.

Lo era, una mujer bella, una contra medida para el bochorno vespertino que amenazaba con cocinar su interior.

Se acomodó la ropa holgada por la constante perdida de líquidos, hacía meses que no sudaba, y por el contrario le parecía que su piel excretaba un polvo salobre, el cual le daba el aspecto de estar siempre sucio.

No le importó, se acomodó el sombrero lo mejor que pudo y abrochó el último botón de su camisa, si no estuviera tan acostumbrado al calor, eso habría sido una locura. Aunque todas las personas que lo observaron durante el trayecto hasta la pequeña plaza en que estaba la mujer.

...

Amparo se sintió rara, por un momento un viento frío se elevó por su espina. Observó a su alrededor, pero solo vio casas en ruinas, entablados sostenidos solo por el capricho, desprovistos de clavos, madera achilada, raída, de otros tiempos e instantes.


4/10/2012

Verde


Take me down to the paradise city where the grass is green and the girls are pretty

Era el frío normal de todo mediodía.
Un frío soportable que permitía llevar una chaqueta ligera algunas veces, algo impensable para la noche. Miró el cielo y las eternas nubes grises emitían ese resplandor acostumbrado.
Decían que había un sol atrás que generaba una luz brillante y hermosa, los que se habían ido de ese viejo planeta debían haberlo visto, pero el, un tipo olvidado de un mundo olvidado no lo alcanzaba a imaginar. El nunca se iría, ya ni siquiera lo deseaba como cuando era joven.
Muchos incluso adoraban ese sol, decían que era la manifestación de Dios mismo, creador de vida y por eso este mundo estaba muerto, porque había vuelto la espalda a la luz eterna, al calor omnipotente, ocultándolo tras las nubes de nuestro pecado.
O eso decían.
Entró al restaurante.
Viejos ventiladores de techo giraban lentamente y unas cansinas luces de neon intentaban ganarle la lucha a una oscuridad que reptaba y no se dejaba vencer tan fácil. El lugar estaba casi vacío y un tipo tras la barra lo miro un segundo y se ocupó en lo suyo, mirar lejos.
En un rincón una de las luces parpadeaba y vio al hombre del maletín.
“Tiene cara de comadreja”, pensó. Y era apropiada la descripción, especialmente porque podía ver bien su cara, el tipo no estaba usando respirador ni gafas. Empuñó con fuerza el maletín y se acercó.
- No es necesario que uses el respirador, el ambiente es controlado – dijo comadreja
- No estaría muy seguro que un sitio como este tenga un buen control de ambiente – le contestó
- Como quieras – contestó comadreja, con una sonrisa… de comadreja – ¿es la paga? – agregó mirando el maletín
- Si – contestó el y se lo pasó
Comadreja lo abrió y le pareció a el que una luz dorada iluminaba su cara.
Le pasó el maletín.
- Patrón tiene la clave, así lo pidió – dijo comadreja
- Supongo que sabes que pasa si no… – empezó a decir
- Lo se – dijo comadreja – supongo que sabes que pasará si no lo llevas.
Tomó el maletín y salió del restaurante, caminó por la calle mugrienta atestada de gente, cuando llegó a la vía principal el ruido de los aero-autos inundó el ambiente y volteó a mirar atrás. Un tipo como el sabía cuando lo seguían, buscó el arma automática y cuando empezó a desenfundar un proyectil rozó su oreja, se tiró al piso y desde allí respondió en modo ráfaga, dos inocentes cayeron pero ya sus perseguidores se cubrían, corrió a donde estaba su aero-auto, pero allí habían dos mas, disparó. “Uno menos”, pensó.
Pero esa victoria momentánea no fue suficiente, dos disparos le atravesaron por la espalda y mientras caía el atronador sonido de un aero-auto que bajaba al nivel prohibido del piso lo terminó de aturdir, una escotilla se abrió y Aceitoso salió con una “Segadora”, disparó una ráfaga que simplemente acabó con toda persona frente a el, una puerta se abrió y Negro lo subió de un jalón.
Agonizaba, pero sus compañeros no le dijeron una palabra, el no se atrevió a entregarles el maletín, ellos tampoco se lo pidieron, mientras viviera era su responsabilidad.
La plataforma de aquel edificio se abrió y cojeando, escupiendo sangre por la boca y dejando la vida en cada respiro bajó del vehículo, se quitó el respirador y las gafas, sintió un sabor ácido en su lengua y en sus ojos un ardor, pero ya no importaba, entró y unas mujeres con mallas plateadas lo miraron pasar indiferentes, Negro y Aceitoso lo seguían atrás, pero no se atrevieron a ayudarlo, abrió una puerta y en un sillón estaba Patrón, vestido de rojo, con sus anillos en cada dedo, con el sombrero de lujo y tras sus gafas oscuras sus ojos brillaron.
El, en su ultimo respiro estiró su brazo y entregó el maletín.
Mientras moría Patrón le acarició la cabeza como quien acaricia a su mascota fiel y solo dijo: Gracias, Perro.

*******

Perro estaba muerto a sus pies, Patrón miró el maletín y presionó los botones de la clave, el maletín se abrió y un fulgor verde se iluminó en sus gafas.
Entonces acarició aquella belleza extraña, verde y orgánica, y el sentir de la grama en sus dedos erizó su piel.

14/07/2012

Recuérdelo Todo


Ella entró sonriente a aquella feria científica del futuro.
O eso era el nombre que aparecía en la reja oxidada de la entrada, en letras rojas un poco desteñidas, como si la ciencia fuera algo antiguo, una curiosidad en un mundo de mitos y religiones de garaje, de fantasía y creencias absurdas de Dioses paganos que reclamaban ser únicos y perfectos. Pero lleno de una tecnología vieja, que en algún momento se había estancado por temor a alguna vieja fobia de la humanidad o algún apocalipsis borrado de nuestras memorias y remplazado por algún castigo divino, lleno de una contaminación física y espiritual de la que nunca se podría salir.
Vi el cielo gris, ese que alguna vez mostraba el reflejo de un sol que no alcanzaba a traspasar esas nubes de muerte, alcancé a ver al fondo las inmensas chimeneas que las provocaban. Eran de alguna titánica factoría de algo.
Yo solo creo que producían nubes, ajusté mi mascarilla del respirador y mis gafas anti contaminación y entramos.
Caminamos agarrados de la mano entre muy poca gente que curioseaba con maquinas que hacían ruidos y deslumbraban con colores azules eléctricos, rojos incandescentes o plata brillante, donde supuestamente te teletransportaban, donde supuestamente te podían encoger o agrandar, donde supuestamente hasta podías viajar a otro universo.
Charlatanes, pensé.
Pero ella se divertía entre tantas tonterías y cuando vio aquel aviso se quedó en silencio unos segundos y luego dijo: “Quiero probar ahí”, apuntando su dedo a un gran salón coronado con un gran aviso en el que se leía: Recuérdelo todo.
No entendí en ese momento la importancia de recordarlo todo, así que acomodé mi sombrero, ajuste mi corbata y caminé, era un salón de baldosas blancas, en el fondo un árbol muerto me acordó del par de veces que había visto uno vivo, en aquel museo que se encontraba en la capital, que mostraba el mundo como fue hace siglos, antes que algo pasara, antes de que la ciencia lo arruinara, antes que la misma no lo pudiera salvar por haber abandonado todo eso en nombre de una falsa espiritualidad que nos dejo quietos para siempre, atrapados y paralizados en un momento de nuestra historia.
Un tipo sonriente con una bata nos dio la bienvenida, se hizo llamar “El Doctor” y pronto nos explico en qué consistía la maquina.
A través de unos magnetos podía hacer que recordáramos todo, desde nuestro nacimiento, hasta este punto de nuestras vidas, recordaríamos todos los detalles, todas las situaciones, todas las personas, recordaríamos cualquier insignificancia y nos dijo: Algunos incluso pueden recordar lo vivido por sus padres, otros afortunados lo de sus abuelos, muy pocos pueden recordar la vida de sus ancestros más antiguos.
Ella sonrió y me miro, sus ojos brillaron y me dijo: quiero entrar.
El Doctor dijo: solo uno a la vez.
Pagué dos boletos y ella entró primero. En medio del salón unas escaleras bajaban a un lugar que solo puedo imaginar, mientras ella descendía me miró y ese brillo de sus ojos aun me conmueve, porque fue la última vez que lo vi.
El Doctor se puso un casco raro, unas gafas oscuras y entró tras ella, cerró una puerta tras él y al rato oí un extraño zumbido, me pareció ver una intensa luz que se asomaba por aquellas escaleras, pero nada más supe hasta tres minutos después cuando entre vapores fríos salió el Doctor, se le notaba un poco apresurado y me dijo: todo ha salido bien, demasiado bien diría yo.
Entonces salió ella, respiraba pausado y con una expresión profunda de tristeza me miró con ojos apagados, como si fueran de otra persona y solo atinó a decirme: vámonos ya.
Con mi boleto aun en la mano le pregunté que había visto, pero ella en su silencio solo me dijo que quería llegar a casa, tomamos un aerotaxi que nos dejó en su piso y mientras la rampa automática llegaba hasta la puerta le volví a preguntar
- Dime por favor que pasó, no me puedes dejar así
- Lo recuerdo todo – dijo con una voz llena de toda la tristeza – recuerdo como fue y nunca volverá a ser, recuerdo no solo mis errores, si no los de todos los que vinieron antes, recuerdo el terrible colapso, recuerdo cuando nací en este mundo gris, recuerdo mis primeras lagrimas, recuerdo mi primer amor, recuerdo la primera vez que me partieron el corazón, pero recuerdo aun mas allá, recuerdo cuando empezó nuestra desgracia y como la olvidamos.
Se bajó y me quedé un rato en silencio, le pedí al chofer que me llevara a casa.
Horas después me llamaban a decirme que ella estaba muerta.
Había salido de la casa sin su respirador y caminó hasta la zona industrial, en cuestión de minutos murió envenenada.
Estuve en su cremación y lloré. Volví a la feria científica días después pero ya no estaba, en el viejo salón donde habíamos entrado estaba aun el hueco en el piso, pero no había nada de lo que nunca había visto.
Me quedé mirando el boleto que nunca había usado, recordé su sonrisa, recordé el brillo perdido de sus ojos, recordé pero me di cuenta cuando pasó algún tiempo que la empezaba a olvidar.
Y comprendí.
Comprendí la libertad que nos da el olvido.

11/07/2012

Reglas

Las reglas eran claras, un juego, desnudez, sudor y un hasta luego.
Jugamos.
Desnudamos, no recuerdo cuanto y humedecería de nuevo si quisiera recordar cómo.
Sudor, nuestro, era imposible descifrar cuando dejaba de ser tuyo y empezaba a ser mío.
Una y otra vez un hasta luego, se volvieron costumbre, se te hacían necesarios, se quedaron reales, los volvías intensos.
Tu piel, tan blanca como la quieres, tan deseable como me gusta dejó de apetecerme, la volviste débil,  empezó a estorbarme.
Tus besos, tan calientes como el deseo, tan indicadores de tu entrepierna, los volviste tan suaves, que ya no quise morderlos.
Tu espalda, tan dibujable a mis uñas, tan apetecible a mis dientes, la volviste tan mía que ya no quise marcarla.

La regla  dejo de ser un hasta luego, ahora te digo adiós. 

6/03/2012

Esta noche.

Hoy, esta noche, junto antes de dormir quisiera creer en dios, en ese dios que condena mis más húmedos pensamientos, en ese dios que me hace sentir culpable por desearte entre mis manos y mis piernas explotando de placer.

Hoy, esta noche, quisiera que un dios, tu dios, te sumara a mis pecados, esos en los que devoro tu cuerpo, de los que quisiera sentirme culpable, de los que tú deberías humedecer y recordarme.

Hoy, esta noche, si creyera en dios, tú cuerpo, tus gemidos y tus fluidos serían mi pecado perfecto.

2/01/2012

Un dios.


Ella, solía mirar las estrellas, preguntarse por la inmensidad del cielo, intentar comprender lo que la rodeaba.
Ella, quería entender el mundo, descubrir sus misterios, sentirse parte del universo.
Ella, en una esquina de su camino encontró un dios, dedicó su vida a él, entonaba para sí sus oraciones y sentía que todo tenía sentido, qué todo era posible y que ese dios se manifestaba con cada maravilla de la creación.
Ella descubrió su cuerpo al estremecerse bajo un roce de piel, después de una mirada llena de culpa, después de un encuentro en la oscuridad.
Ella, entendió su cuerpo cuando su corazón se agitó, cuando sus piernas se abarazaron a otro cuerpo, cuando sus gritos se ahogaron con placer, y entonces nombro como su nuevo dios al orgasmo.

27/12/2011

El mejor cuento jamas escrito

En el vasto silencio de una larga noche, vino a mi una musa sonriente, con su vestido de versos y sus cabellos de historias, sus labios de poesía y su mirada encantadora.
Se sentó suavemente en mi cama y me susurró en la mente palabras de inspiración. Su olor me embriagó con perspicacia y su mirada me llenó de coraje para escribir.
Me senté en mi escritorio y las palabras fluyeron de mis manos, mis ojos observaban las palabras con sorpresa y admiración, pues mi mente creía contemplar los escritos de un extraño.
Yacía frente a mi el escrito más completo jamás escrito, la mejor historia jamas relatada. Una historia que hablaba de espadas y caballeros, de pasión y desenfreno, de locura y de romance. Y allí, mientras los dragones revoloteaban a mi alrededor y las princesas esperaban en sus lúgubres torres a ser rescatadas, logré encontrarme conmigo mismo en mi mente. Mientras audaces guerreros se adentraban en mazmorras en busca de riquezas y gloria eterna, me di cuenta de que la vida es corta y la idea de la eternidad ha perdido el sentido un nuestro mundo. Sentado frente a esa mesa mientras mi manos seguían sorprendiendo con aquel relato fantástico, leí también sobre tristeza infinita, sobre decepción y melancolía, de desamor y decadencia, de sueños rotos, desilusion y desesperación. Leí de sueños rotos, del amor que nunca fue y del que creyó ser y dejo de serlo. El relato me habló del vacío, la oscuridad y la soledad, y allí me hallé, acurrucado en mis temores, intentando protegerme bajo un escudo de falsa seguridad. Me vislumbre tal y como soy, vació y carente de sentido, contemplando todo con un deprimente desdén. Me di cuenta de que era presa de querer vivir como lo hacen los demás y que al mismo tiempo consideraría una penuria la simpleza del pensamiento promedio. Logre ver que el vació en mi interior necesita de alguien que me enseñe a llenarlo, pues mi cerebro se había acostumbrado a su fría existencia.
En medio de aquel gran texto vi relatada mi vida y otras miles, como si el escrito fuera un poema a la vida misma y cada letra se irguiera llena de grandeza. cada letra era una historia en si misma que relataba una cascada de emociones desde su nacimiento al salir de mi pluma hasta quedar plasmada e indeleble sobre aquel papel. Así mismo cada oración de aquel relato reflejaba emociones encontradas y me di cuenta de que sólo en mis escritos podía ser yo mismo. De que cuando la pluma se encontraba en mi mano podía ser yo sin temores.
Me detuve un momento a contemplar aquella sublime creación. No pude contar el numero de paginas ni de oraciones, podrían haber sido miles o solo dos, pues me encontraba ya demasiado cautivado por su contenido. Miré a mi musa con los ojos ahogados en lagrimas, mientras le imploraba por un final, aún sin haber comprendido del todo la magnitud del relato. Ella me sonrió y señalo mi mano. Bajo ella estaba el fin.
Caí de rodillas al leerlo.
Era un final lleno de revelaciones y epifanías, misterio y dudas, pero sobre todo lleno de reflexión.
Poseído por una locura producida por tantas sensaciones me puse en pie y me arroje sobre el lugar donde una vez estuviera mi musa, pero no había nadie. Una ventana abierta al horizonte en las alturas era la única testigo de una huida perfecta. Presa de una adicción descontrolada, intenté posar la mirada nuevamente sobre la historia, pero sobre la mesa no había nada. En medio de mi locura logre comprender que aquel relato no estaba destinado a pertenecer al mundo de los hombres, que el mundo real jamás estaría listo para comprender su magnitud y que debía dejarlo ir, pero la desesperación era demasiado grande en mi interior y me llevo a lo impensable. Me arrojé tras la musa ladrona, presa de la necesidad. Y mientras caía por aquel infinito vació, tan solo comparable al que hubiese descubierto en mi mientras leía el relato, me pregunte quien era yo y no me pude responder. Mientras caía me pregunté si yo era real, ¿y que tal si todos somos personajes en un gran cuento? ¿como estar seguro de la realidad?
Me levanté sudando en mi cama sin saber muy bien que creer. Lleno de preguntas como siempre, queriendo siempre saber el porque. Recordé el sueño y no pude evitar reír, pues reposando en las manos de una encantadora ninfa, en algún lugar de mi lúgubre, confusa y laberíntica mente, lejos del alcance de cualquier mortal, esta el mejor cuento jamás escrito.

13/10/2011

Súcubo


Ella, había encontrado el amor un par de veces, en una esquina, antes de saber qué era el amor, en una biblioteca antes de descubrir el lado más oscuro de sus deseos, en un bus junto a la complicidad de la oscuridad.

Ella, qué entregaba su cuerpo, al mejor postor de caricias, dedicaba su sudor, un par de gemidos y sus orgasmos a quienes había amado, así de diferente forma, de diferente intensidad, de diferente sabor. 

Ella quería saber que sentía, quería gritar al mundo que había entregado su amor, pero sabía que los demás sólo veían sexo.

Ella se entregaba, quería tener alma, quería entregar un poco, quería que su cuerpo se expresara por ella, quería que vieran la luz de sus ojos cuando en un orgasmo sus alma se encontraba con su cuerpo, creía que no lo lograba, creía que estaba maldita, creía que era diferente a los demás, creía que ahora necesitaba de sexo para llenar su vacío, quería encontrar amantes perfectos, quería que marcaran su piel, quería sentir el dolor que le causaba no expresar el amor que había sentido.

Ella, así tan oscura, tan maldita, tan infame, no comprendía que antes tenía que amarse.

12/10/2011

Destino, azar y suerte...

Sentada en un rincón de su celda ella sólo intentaba encontrar alguna forma de terminar con su vida.
Sentado en el piso de su celda él sólo veía el tiempo pasar.

Un día recostado en la pared de su celda él escuchó a alguien sollozar.
Y le habló.
Acurrucada en su pequeño catre ella escuchó.
Y hablaron.
En la soledad de sus celdas habían encontrado alguien tan sólo como ellos. Y entre dos la soledad es menor.
Y hablaron.
Y hablaron todos los días, o todas las noches porque para ellos era igual.
Y se conocieron.
Y se contaron sus vidas y sus secretos.
Y sin saberlo él evitó que ella se quitara la vida.
Y sin saberlo ella evitó que el enloqueciera de soledad.
Los separaba un simple muro, pero igual hubieran podido estar separados por océanos o montañas.
Estaban tan cerca y a la vez tan lejos.

Un día el gobierno cayó y las prisiones se derrumbaron.
Los rebeldes abrieron las celdas y se llevaron a los prisioneros.
Y ellos fueron libres.
Libres y solos.
Libres y separados.

Por años se buscaron por todas partes.
En las villas y en los pueblos.
En las ciudades y en los campos.
Se dejaban mensajes que sólo el otro podría entender si algún día los leía por casualidad.

Así fue como él se enteró que ese día ella llegaría al puerto.
Y él corrió a esperarla.
Por fin conocería a aquella que le dio fuerzas para soportar las largas noches.
Por fin conocería a aquella con quien compartió sus mas íntimos secretos.
Por fin la conocería a ella.
Pero el destino es cruel.
Y con una tormenta hizo retrasar su barco lo suficiente para que él pensara que se había equivocado.
Y cuando ella por fin llegó el puerto estaba vacío.

Y aún siguen libres.
Libres y separados.
Y siguen dejando mensajes que sólo el otro podría entender si algún día los lee por casualidad.

30/09/2011

Yo puedo arreglar eso


A un pueblo perdido de Dios llegó la profesora, su vestido azul y su cabello rojizo rechinaban contra el sol ardiente de aquel sitio, sucursal del infierno, que no aparecía en ningún mapa, del que nadie recuerda el nombre.
Pronto empezó a enseñar a los niños del pueblo, hijos de los pocos ricos que habían en aquel lugar, hijos de los pobres, la inmensa mayoría que iba al colegio sin zapatos y a veces sin desayuno.
Con la profesora aprendieron a leer, a escribir y a veces a soñar, porque en ese pueblo los sueños no llegaban y la gente que creía que incluso el amor alguna vez había pasado de largo, huyendole al calor y la sequía que normalmente asolaba el sitio.
Pero la escuela era una vergüenza.
Una vieja casucha que se hubiera desbaratado si en el sitio cualquier suave brisa hiciera su aparición, por lo cual la profesora vivía preocupada.
Sin embargo, todos los días Camilo, un negro de 2 metros, descalzo y descamisado pasaba vendiendo verduras que traía arrastrado de otro pueblo con mejor suerte, llegaba y gritaba por la calle.
Un día vio a la profesora llorando en la puerta y sin saber como consolarla le regalo una cebolla, ella sonrió y cuando le preguntó porque lloraba ella le contó que la puerta del colegio se estaba cayendo.
“Yo puedo arreglar eso”, le dijo Camilo.
Y efectivamente lo hizo, pero ademas la profesora se quedo viendolo mientras trabajaba, conversando y dicen los que la vieron que por primera vez en ese pueblo infernal, la mas hermosa de la sonrisas iluminó el sitio.
Al día siguiente, Camilo volvió a verla triste en la puerta del colegio, le preguntó de nuevo que le pasaba y le dijo que el techo se estaba cayendo.
“Yo puedo arreglar eso”, le dijo Camilo.
Y efectivamente lo hizo, con la compañía de la profesora, que como nunca era feliz hablando con su negro Camilo.
Al día siguiente fueron las ventanas y camilo dijo nuevamente: Yo puedo arreglar eso.
Pasaron los días y de repente el colegio terminó siendo la mas bonita de las edificaciones del pueblo, pero desgraciadamente se acabaron los arreglos a hacer.
Camilo llegó al día siguiente con su carrito de verduras y vio a la profesora llorando a cantaros y se acercó nuevamente, como todos los días.
- ¿Que la pasa profe?, ¿Que puede ser tan difícil de arreglar? – preguntó
- Lo que pasa es que el colegio esta perfecto, ya no vas a quedarte mas a hablar conmigo, solo te veré pasar, lo que hay que arreglar es mi corazón roto – contestó ella
El se la quedó mirando unos segundos, sonrió y dijo: Yo puedo arreglar eso.
Se acerco y le dio el mejor beso que se haya dado en la historia de aquel lugar desencantado.
Y solo por esa vez, el amor entró al pueblo.

27/09/2011

El mejor día de la vida

Yo no sabía, pero cuando toqué las calles húmedas me enteré de lo que era la soledad.


Toqué la soledad porque es que así dicen que es, húmeda, triste, fría y vacía. Sin embargo a mi lado tenía la persona que más amé en el mundo, y con él, la soledad, aunque la tocara, desaparecía. Él pasó la noche anterior acariciando mis pies, tocando el borde de mi cama, que se parece mucho al borde de la muerte, y es que un mesón lleno de flores y muñecos de felpa debería ser algo así como un jardín e inmensos cariños de la gente que amas o de la gente que te ama, algo así, además de una cama caliente, una taza de chocolate que no debo probar, pero ya qué, es el mejor día de mi vida y lo pienso disfrutar, y así debería ser, sin ningún borde de muerte, sin ninguna cama caliente, disfrutando de un "afuera" helado, lleno de charcos de agua que podrían acabar con mi existencia, pero así fue, el mejor día de mi vida y el último de mi existencia.

Para mí es ridículo contarles como comenzó a caer mi cabello, cuando me veía al espejo y ya notaba inmensos terrenos de piel pálida, ahí donde debería haber una brillante y abundante cabellera castaña oscura, como noté que mi piel se aclaraba a medida que transcurría el tratamiento, y la soledad, esa soledad tan distinta a pesar de estar rodeada de la familia, amigos y aquellas personas que amaba, cuando ya no queda más vida sino invitar la muerte, enterarse que ella ya hace parte de uno y tragarse las lágrimas del día frente a visitas inesperadas, para soltarlas en la noche, cómo después de una decaída me internaron y mi habitación cambió a una fúnebre habitación de hospital, con la frialdad del aire acondicionado y un intento fallido de adornos florares y los peluches que adornaban mi cuarto, donde debería parecer un jardín, las estúpidas flores me recordaban el cementerio y los ridículos muñecos perdieron su valor, porque es que ya no hay nada más valioso que eso, que la vida que ya perdía y dejaba ir.   

Comenzó la vida después de la muerte.

Él no dejaba de mirarme, se pasó todo la noche detallandome, lo noté porque hace días ya no duermo; me dedico a mirar por la ventana. Y depronto algo pasa... Esta es la soledad y mi ángel era él, que acarició mis manos. Yo que ya no podía decir nada, mis ojos hablaron por mí.. Y él los leyó, supo escuchar, es mi último día contigo, mi última noche vivida y quiero disfrutarla junto a la lluvia, junto a un cálido amanecer, junto a ti. Así que se armó de valor y fuerzas para cargarme y colocarme en una silla de ruedas, cubrirse el rostro como un doctor y esquivar un par de enfermeras.

Usted se equivocó si pensó que éste cuento se trataba de mí, cuando era él quién se jugó su libertad por verme feliz. Yo también supe leer sus ojos, esa mirada de miedo e incertidumbre mientras salíamos por la puerta trasera del hospital y junto a un gran árbol quedamos, esperando el día aparecer, esperando la muerte llegar, esperando y diciendo con felicidad: Este es el mejor día de mi vida.

Gracias, Gabriel.

23/09/2011

El man que sabía oler


Me encantan las mujeres que huelen bien.
Decía una amiga muy especial que el mejor ejemplo de que yo era un perro era por mi capacidad de oler y recordar por ello. Y es cierto, yo recuerdo el olor de todas las mujeres con las que he estado, de hecho todas las mujeres huelen diferente así usen el mismo perfume y lo primero que hago al acercarme a una mujer que me gusta es oler. Si no huele bien puede ser hermosa, la mejor persona, cualquier cosa, pero para mi no funciona.
Sin embargo esto es simplemente un don menor al lado de un amigo con el que poco hablo hoy en día, pero en un pasado que se empieza a hacer lejano fuimos compañeros de parranda. No hubo fin de semana donde no saliéramos a ligar y emborracharnos. El don de mi amigo era mucho mas especial que el mio, el podía oler de verdad una mujer, el podía saber a que olía la entrepierna de una mujer solo con acercarse.
Es decir, el man sabía a que les olía la chucha.
Cuando me contó la primera vez yo pensé que era mamadera de gallo, pero con el tiempo me di cuenta que nunca fallaba. “Viejo Jaime, a esa vieja le huele a requesón” me dijo una vez y yo de porfiado corrí el riesgo y preciso, en el momento en que esa mujer abrió las piernas parece que se hubiera destapado el mejor queso francés y probablemente otros tipos eso no les importé, pero para mi, un obsesivo de los olores, la cosa fue mortal.
Entonces el man terminó convertido en mi catador de olores para poder decidir si llevar una mujer a la cama, pero lo cierto es que la mayoría de las mujeres son muy limpias y si bien la vagina no huele a rosas, el olor de una mujer excitada es algo especial. Sin embargo habían casos de casos: “Se acaba de hacer una ducha vaginal, hágale”, “Esa vieja acaba de tirar, si te quieres encontrar con la porquería de otro man, pues ahí todavía está”, “Huele hasta a rico, si no le hace usted, le hago yo”, “Gonorrea, marica, huele a algo tan ácido que debe ser gonorrea”, fueron algunos ejemplos de los consejos de amigo basados en su don.
Pero su mayor contribución la hizo una noche, en la que borrachos en algún bar de mala muerte que pululaban en aquel entonces en la Calle 79 pero que luego fueron cerrados por ser antros de perdición un poco inferiores a un prostíbulo yo me levanté un monumento de mujer a eso de las 3:00 AM, bailé con ella por una hora y aunque era de pocas palabras se notaba que quería cama, sin embargo fiel a mi costumbre ya adquirida le pedí a mi amigo que se acercará.
Mi sorpresa fue grande cuando me miró asustado, parece que se le hubiera aparecido un fantasma y salió del sitio, extrañado me quedé adentro pero cuando mi levante fue al baño salí a ver que pasaba, el tipo fumaba un cigarrillo y cuando me vio me arrastró a su carro, me hizo subir mientras yo protestaba, pero me subí porque nunca lo había notado así.
- Aja llave, ya me tienes asustado, ¿que es lo que pasa? – le pregunté algo molesto
- Compadre, ¿usted no ha notado nada raro en esa vieja? – le contesté yo
- No man, un poco callada y la verdad es que en ese ruido allá adentro tampoco es que se habla mucho, ¿pero que pasó?, ¿ cuéntame, a que le huele la chucha a la vieja? – dije yo
- Ese es el problema mi llave, a esa vieja no le huele la chucha a chucha, le huele a verga.
Durante unos 5 segundos mi cerebro embotado de alcohol procesó lo que me quería decir mi amigo.
- Prende el carro loco y acelera a toda mierda.
Fue lo único que alcancé a decir.

21/08/2011

La mujer "del otro"

Han pasado tres noches desde que abandonamos aquel motel y no dejo de pensarla. Esta primera vez, definitivamente era diferente.

Cuando entramos a ese cuarto, entré al baño y me miré al espejo. Sentí sed y el cansacio de las noches anteriores en las que el amancer nos soprendió hablando por teléfono. Intentaba ser el quinceañero enamorado que alguna vez fuí.

Al regresar al espacio en el que ella se encontraba, me sentí decepcionado por no encontrar una lámpara que me permitiera atentar contra su cuerpo con una luminosidad apropiada. Con la luz encendida, seguramente se sentiría icómoda de revelar por primera vez su cuerpo desnudo a mí. Con la luz apagada, ninguno podría conocer con la mirada el cuerpo del otro y tal vez fuera la única vez que pudieramos hacerlo.

Luchamos por el control, primero ella sobre mí, luego estuve yo sobre ella. Aprendimos de nuestros resabios, aprendimos de nuestros cuerpos. Noté con curiosidad algunas marcas del amor y del tiempo en su piel, pero igual, nada obstaba para amarla esa noche: sentir sus suaves gemidos, besar su sudor y venirme con ella. Cuando la lucha terminó, noté su afán de irse. Solo pude rogarle que esperara un poco, que no me robara tiempo de los únicos momentos en los que puedo verla y quererla.

Me dí una rápida ducha caliente, mientras a través de los vidrios de la regadera, impregnados de vapor, la veía vestirse. La vi pintarse sus deliciosos labios de un color casi fucsia y sentí celos del labial que la acariciaba. Ahí estaba esa mujer que tan fatalmente se había apoderado de mis sentidos y pensamientos. ¿Cómo podía ser posible que justo ahora hubiera llegado alguien así a mi vida para tentarme?

Al día siguiente decidí desaparacer y jugué al importante. Ella trataba de buscarme, de arreglar otro encuentro. Ella tenía la excusa perfecta, pues uno de nuestros amigos en común había organizado una fiesta. Tristemente la naturaleza de nuestro pecado hizo que yo no deseara que estuviese allá. Nada pude hacer para impedirlo.

Cuando llegamos a la fiesta, vi su hermosísima figura blanca a lo lejos. Ella también notó mi presencia. Ambos nos acercamos a saludar y fue entonces cuando realmente consumamos nuestro crimen:

¡Hola Diana! ¡Tiempo sin verte! Te presento a mi novia, Karla. ¡Hola Carlos! ¡Yo sé! ¿Desde que celebramos el ascenso de Mario? Te presento a mi novio, Jorge

Solo Juan, mi amigo del alma, supo lo que verdaderamente ocurría. Fue él quién me dijo que Jorge era un buen tipo y me preguntó si no sentía remordimientos por lo que le estabamos haciendo. Claramente no dejaba de sentirlos, pero mi cerebro criminal hace mucho rato había logrado desconectar mi ética de mis emociones en esas circunstancias de alto riesgo. Era como un mecanismo de supervivencia.


El deseo entre Diana y yo crecía. O eso me gustaba pensar. Sentía su mirada celosa sobre mí. Sentía como trataba de llamar mi atención. La verdad es que a pesar que ella me enloqueciera, también quiero a Karla y no podía dejar de mimarla y consentirla. Después de todo, fue Diana misma quién nos puso en esta situación. Fue ella quien se propuso ser invitada a esa fiesta.

Un pequeño grupo se hizo en un rincón de la terraza. Allí estabamos Karla, Jorge, Diana, Juan, su novia y yo. Todo se veía tan desprevenido, pero la forma en que cada uno se había ubicado en aquel lugar, realmente estaba abriendo la puerta para otro de nuestros actos de traición.

Sentados, Karla a mi izquierda y Diana a mi derecha, Jorge a su lado y Juan con su novia frente a nosotros, hablabamos de muchas anécdotas. Conversamos sobre las múltiples banalidades que este mundo acostumbra pero mientras tanto Diana se las arreglaba para rozar ocasionalmente mi mano con su mano y acariciar mi pantorilla con su empeine.

Yo no dejaba de besar a Karla y ella no dejaba de consentir a su Jorge. Era un juego en el que ambos demostrabamos no necesitar del otro a pesar de que a la vista de todos, pero sin que nadie lo notara, nuestra atención estaba realmente en lo que sucedía entre su enpeine y mi pantorrilla.

Han pasado tres noches y ahora, su figura no abandona mis pensamientos. Su sonrisa delicada, sus ojos que me desarman como pocos, mi nariz que anhela su fragancia y las noches en vela en las que aunque sea por el teléfono, siempre me recuerda que sigue siendo mía. Que en realidad, ella es la mujer "del otro".

Pic: Feathers & Pearls by Robynlou8
Soundtrack: Mía - Armando Manzanero y Miguel Bosé

10/08/2011

Matando el amor



Sus ojos ya estaban acostumbrados a la media luz que acompañaba las noches del bar, por eso fue fácil encontrar su figura que una vez más estaba mirando el vaso en espera de su compañía.

Se sentó junto a él, pidió algo para beber, nada de licor, eran las reglas del negocio, ella no debía pedir licor para no afectar su desempeño con los clientes.

Rieron un par de veces, eran sonrisas tímidas, acompañadas de incómodos silencios, ella miró el reloj, susurro a su oído, se tomaron de la mano y fueron a su habitación.

La habitación se alejaba de los exóticos estándares del negocio, él se sentía extrañamente cómodo y no era por ser un cliente, aunque si era su habitación favorita, empezaron los juegos, iniciaron las caricias, se desprendía la ropa, se acercaban las pieles, se incitaban gemidos.

Silencio, después llegaba el silencio, hace mucho se sorprendieron al verse abrazados, a pesar del éxtasis, una vez consumado el negocio ya no corrían para cubrir su piel y en medio de risas eran complices de su desnudez, así fue como el dejo escapar un Te Amo y ella no encontró resistencia para responder que sentía igual.

Él dormía, ella se despertó sin hacer ruido, lo miró dormir una vez más, siento que lo amaba y más que sentirlo le surgió la necesidad de expresarlo y protegerlo a él y a su amor, se vistió, recordó el haberse prometido no sufrir o permitir que alguien sufriera por su amor, abrió un cajón, sacó un revolver, presionó el gatillo 6 veces, esa era la única forma en la que podría seguir teniendo buenos recuerdos del amor.

2/08/2011

Nombre


Dicen que Dios tiene una lengua que solo los ángeles conocen.
Es una lengua primigenia y divina, sonora y mágica, porque era cuando Dios le daba nombre a las cosas que se creaban. Y así creó de la nada el universo, le dio un brillante nombre a las estrellas y creó mundos imperfectos para gente imperfecta, con nombres con pocas vocales y muchos acentos, creo portentos naturales de nombres larguísimos que después le fue difícil recordar y males con nombres cortos, fáciles de pronunciar, que hasta por error se le salían al mas descuidado.
Creó al hombre en un día de pereza, cuando se quiso poner un sobrenombre a si mismo y le salió una irónica mueca, un remedo burlón, una imagen y semejanza en un espejo de feria, lleno de deformidades y especialmente de complejos.
En sueños fue que se inventó a la mujer, porque ese día concibió también la malicia, porque de repente entendió y nombró a la lujuría, porque escupió la perdición que se asocia a la belleza, la destrucción de la lógica y de paso, casi sin querer, le dio un toque de amor.
Desde entonces muchos se han dedicado a buscar pistas del lenguaje de Dios, porque en verdad pasa que si uno supiera el nombre original de las cosas pudiera dominarlas y crear. Por eso los viejos alquimistas buscaron por todos lados el nombre del Oro, los mas poderosos generales el nombre de la Muerte, los mas soñadores el nombre de la Paz y los mas aventureros el de la vieja Luna.
Pero yo no.
Si me dijeran que nombre primigenio quisiera, si me dieran la oportunidad de escoger solo uno, yo me quedaría con el nombre de la perdición, la belleza, la lujuria, la locura y el sentimiento ilógico congregados en uno.
Yo me quedaría con el nombre de la mujer.