10 ago. 2011

Matando el amor



Sus ojos ya estaban acostumbrados a la media luz que acompañaba las noches del bar, por eso fue fácil encontrar su figura que una vez más estaba mirando el vaso en espera de su compañía.

Se sentó junto a él, pidió algo para beber, nada de licor, eran las reglas del negocio, ella no debía pedir licor para no afectar su desempeño con los clientes.

Rieron un par de veces, eran sonrisas tímidas, acompañadas de incómodos silencios, ella miró el reloj, susurro a su oído, se tomaron de la mano y fueron a su habitación.

La habitación se alejaba de los exóticos estándares del negocio, él se sentía extrañamente cómodo y no era por ser un cliente, aunque si era su habitación favorita, empezaron los juegos, iniciaron las caricias, se desprendía la ropa, se acercaban las pieles, se incitaban gemidos.

Silencio, después llegaba el silencio, hace mucho se sorprendieron al verse abrazados, a pesar del éxtasis, una vez consumado el negocio ya no corrían para cubrir su piel y en medio de risas eran complices de su desnudez, así fue como el dejo escapar un Te Amo y ella no encontró resistencia para responder que sentía igual.

Él dormía, ella se despertó sin hacer ruido, lo miró dormir una vez más, siento que lo amaba y más que sentirlo le surgió la necesidad de expresarlo y protegerlo a él y a su amor, se vistió, recordó el haberse prometido no sufrir o permitir que alguien sufriera por su amor, abrió un cajón, sacó un revolver, presionó el gatillo 6 veces, esa era la única forma en la que podría seguir teniendo buenos recuerdos del amor.

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