- Lo que pasa es que el colegio esta perfecto, ya no vas a quedarte mas a hablar conmigo, solo te veré pasar, lo que hay que arreglar es mi corazón roto – contestó ella
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Temas: Túrin
Han pasado tres noches desde que abandonamos aquel motel y no dejo de pensarla. Esta primera vez, definitivamente era diferente.
Cuando entramos a ese cuarto, entré al baño y me miré al espejo. Sentí sed y el cansacio de las noches anteriores en las que el amancer nos soprendió hablando por teléfono. Intentaba ser el quinceañero enamorado que alguna vez fuí.
Al regresar al espacio en el que ella se encontraba, me sentí decepcionado por no encontrar una lámpara que me permitiera atentar contra su cuerpo con una luminosidad apropiada. Con la luz encendida, seguramente se sentiría icómoda de revelar por primera vez su cuerpo desnudo a mí. Con la luz apagada, ninguno podría conocer con la mirada el cuerpo del otro y tal vez fuera la única vez que pudieramos hacerlo.
Luchamos por el control, primero ella sobre mí, luego estuve yo sobre ella. Aprendimos de nuestros resabios, aprendimos de nuestros cuerpos. Noté con curiosidad algunas marcas del amor y del tiempo en su piel, pero igual, nada obstaba para amarla esa noche: sentir sus suaves gemidos, besar su sudor y venirme con ella. Cuando la lucha terminó, noté su afán de irse. Solo pude rogarle que esperara un poco, que no me robara tiempo de los únicos momentos en los que puedo verla y quererla.
Me dí una rápida ducha caliente, mientras a través de los vidrios de la regadera, impregnados de vapor, la veía vestirse. La vi pintarse sus deliciosos labios de un color casi fucsia y sentí celos del labial que la acariciaba. Ahí estaba esa mujer que tan fatalmente se había apoderado de mis sentidos y pensamientos. ¿Cómo podía ser posible que justo ahora hubiera llegado alguien así a mi vida para tentarme?
Al día siguiente decidí desaparacer y jugué al importante. Ella trataba de buscarme, de arreglar otro encuentro. Ella tenía la excusa perfecta, pues uno de nuestros amigos en común había organizado una fiesta. Tristemente la naturaleza de nuestro pecado hizo que yo no deseara que estuviese allá. Nada pude hacer para impedirlo.
Cuando llegamos a la fiesta, vi su hermosísima figura blanca a lo lejos. Ella también notó mi presencia. Ambos nos acercamos a saludar y fue entonces cuando realmente consumamos nuestro crimen:
¡Hola Diana! ¡Tiempo sin verte! Te presento a mi novia, Karla. ¡Hola Carlos! ¡Yo sé! ¿Desde que celebramos el ascenso de Mario? Te presento a mi novio, Jorge
El deseo entre Diana y yo crecía. O eso me gustaba pensar. Sentía su mirada celosa sobre mí. Sentía como trataba de llamar mi atención. La verdad es que a pesar que ella me enloqueciera, también quiero a Karla y no podía dejar de mimarla y consentirla. Después de todo, fue Diana misma quién nos puso en esta situación. Fue ella quien se propuso ser invitada a esa fiesta.
Un pequeño grupo se hizo en un rincón de la terraza. Allí estabamos Karla, Jorge, Diana, Juan, su novia y yo. Todo se veía tan desprevenido, pero la forma en que cada uno se había ubicado en aquel lugar, realmente estaba abriendo la puerta para otro de nuestros actos de traición.
Sentados, Karla a mi izquierda y Diana a mi derecha, Jorge a su lado y Juan con su novia frente a nosotros, hablabamos de muchas anécdotas. Conversamos sobre las múltiples banalidades que este mundo acostumbra pero mientras tanto Diana se las arreglaba para rozar ocasionalmente mi mano con su mano y acariciar mi pantorilla con su empeine.
Yo no dejaba de besar a Karla y ella no dejaba de consentir a su Jorge. Era un juego en el que ambos demostrabamos no necesitar del otro a pesar de que a la vista de todos, pero sin que nadie lo notara, nuestra atención estaba realmente en lo que sucedía entre su enpeine y mi pantorrilla.
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Temas: Amor, aventura, deseo, infidelidad, Walter Hëgon
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Una historia, todo terminó siendo una historia, eso era lo que repetía mientras sus cosas caían por la ventana del piso 14.
No sabía porqué estaba allí viendo como lo que podrían ser dolorosos recuerdos se estrellaban sobre el pavimento y pasaban a demostrar lo que siempre habían sido, basura.
En medio de ropa, pedazos de losa y unas monedas encontró su dignidad, tomo lápiz y papel, quería decir tantas cosas que después de un par de minutos sólo tenía un par de tachones y pedazos de papel, así que prefirió aclarar su mente y dirigirse lentamente al piso 14, al llegar encontró la puerta abierta y una nota con su letra que le recordó porque estaba allí tan tranquilo, -el mundo será un lugar mejor si no estoy en él - leyó una vez mas antes de cerrar los ojos y arrojarse nuevamente desde la ventana del piso 14.
Ver en cuentos para antes de dormir.
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Temas: Túrin
Ella, tan hermosa, tan eterna, tan mortal.
El, tan imperfecto, tan mundano, tan real.
Ella, tan sola, tan feliz.
El, tan solo, tan osado.
Ella, tan alicorada, tan olvidadiza.
El, tan extenso, tan caliente.
Ella, tan exhausta, tan plácida.
El, tan fugaz, tan acertado, tan lúcido.
Ella, tan taciturna, tan implacable, tan salvaje.
El, tan indulgente, tan permeable, tan usado.
ella, tan inconstante, tan pasajera, espero la llegada de la mañana y se fue sin decir adiós.
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Temas: Cuentos, desconocida, deseo., Edilay, el, ella, historias
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Después de muchos años ya no encontraba la diferencia entre un sueño y un recuerdo, su imaginación que cada día se tornaba más autónoma le regalaba imágenes vívidas que le hacían confundir sus sueños y su realidad, esta era la causa de su desconfianza cuando caminaba por la calle y alguien le sonreía, era alguien real intentando ser amable? o era otro personaje de sus sueños que buscaba perseguirle para acabar con su vida en un concurrido callejón?
No podía establecer si las marcas en su cuerpo eran producto de una noche de pasión o de haber caído por las escaleras, cuál de los dos eventos era real y cual era un recuerdo?
La canción infantil que sonaba en su cabeza era el recuerdo de su madre o era la canción que cantaba a sus hijos antes de dormir, eran sus hijos reales o parte de otro sueño?
Lo pensó muy bien, no se sabe si en sueños, en un recuerdo o en su realidad, pero tomó el teléfono y después de veinte minutos en línea tenía un compromiso y treinta y ocho minutos para llegar a tiempo.
Llegó a tiempo pero no le era claro si lo había hecho en sus sueños volando o después de una pelea con un taxista.
Dos horas después abrió la puerta, le bastó mirarse en el espejo de la sala de espera para saber que ahora todo era diferente, abrió su mano, desarrugó el papel y lo leyó una vez más, mientras una sonrisa de oscura satisfacción se dibujaba en su cara: Diagnóstico: trastorno afectivo bipolar con efectos tempranos de mal de Parkinson o posesión demoníaca.
Recuerdo la última vez que vi tus ojos.
-¡Dariela!- Gritaba para que pudieras escucharme desde el segundo piso.
Tú y tus melenas alborotadas por encima de tus hombros, de tantos colores ya no sé cuál es el natural.
-Uno, dos, tres, cuatro... ¿Cuántos panes piensas llevar?-
-Los necesarios para no morir de hambre.
-No mueres de hambre tú, pero sí media población del país.
-Jajaja.. ¡No inventes! Son poquitos. ¡No me guardes comida!- Así se fue tu voz y la puerta que tiraste para cerrar.
Aquella noche no dormí, pensándote; no dormí, llorándote; no dormí, odiándote y odiando cada palabra que no dijiste al marcharte, cada sentido que perdiste, porque los perdiste todos estando viva, incluso también cuando moriste. Y es que los panes sirven para los locos después de haber sido arrollada por un auto y la llamada que recibí sirvió solo para que dijera que no cerraran tus ojos hasta yo llegar.
Y así los vi, por última vez, confirmando el brillo que ya no está por falta de tu espíritu, y el color de tu cabello parecía igual al pavimento.
Cuando se durmió el dinosaurio no imaginaba que cuando despertara aun seguiría allí.
En forma de cuento.
Inextinguible, Eterno, Inmortal.
(Un pequeño homenaje al gran Augusto Monterroso, que mi hijo lee por estos días)
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Temas: desilusion, despiadada, Edilay
En silencio escarba el oscuro secreto de aquel pueblo maldito en medio del mar, lamenta entre muertos la decisión de seguir vivo y respira el ácido corrosivo que parece aire y que solo corrompe el alma.
Se sienta despacio en el viejo sillón rojo, mientras una sombra crece a su alrededor, muertos andantes tocan a su puerta, gemidos de seres inconcebibles le arden en sus odios, añorando el silencio, añorando el infierno que era su cotidianidad.
Cierra sus ojos pero solo ve mas aun, intenta gritar pero la oscuridad entra por su boca, corrupto y condenado sabe que no es un sueño, sabe que nunca va a despertar y que la sombra a su alrededor no lo va a dejar ir.
Y entonces balbucea las únicas palabras que recuerda: Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn
Entonces algo despierta y un chillido asusta incluso a quienes carecen de humanidad.
El sonríe, la muerte ha llegado por fin.
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Temas: Túrin
Despertó una mañana, con todas sus inseguridades a cuestas, con la urgente necesidad de descargar todos sus sueños en alguien en el que pudiera confiar, con la apremiante inminencia, que su vida no le da, de tener a alguien que lo quisiera escuchar.
Entonces suspiró y escribió en Twitter: Buenos días, anoche tuve un sueño extraño.
Y empezó a descargar su alma en 140 caracteres.
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Eran las 5:58 am y Walter se estaciona frente a la casa de Nadia. El frío descomunal no fue excusa para impedir que este par de ingenuos sellaran su cita con el deseo y la ternura. Mucho menos para que ella saliera antes de las 6:00 am a recibirlo.
Nadia salió de su casa muy abrigada para evitar enfermar y mientras tanto a Walter era invadido por el escozor de saberse pecando, aunque por ella bien valía la pena hacerlo. La hermosa morena que desde hacía años lo había cautivado con sus ojos de animal y su boca perfecta, aquel menudo cuerpo que podía desafiar algunos de los más influyentes hombres del país, había aceptado escaparse con él, para dejarse hacer el amor en algún lugar remoto en el que se habían prometido desinhibirse completamente.
Manejaron por algunas horas. El paisaje verde combinaba perfectamente con el día gris, que además estaba adornado por la vista de la laguna. Era exactamente como los dos lo habían imaginado, aunque ninguno de los dos supiera que habían imaginado el mismo paisaje.
Finalmente habían llegado a unas pequeñas cabañas en lo más alejado de las montañas. Disfrutarían de un baño termal juntos, lejos de todo el que les conocía y que pudiera juzgarles. Querían ser ellos y sus sentimientos, sin nadie que les recordara algún prejuicio tonto según el cual, no debían estar juntos.
Alquilaron una cabaña para dejar sus cosas mientras estaban ahí. Se pusieron sus respectivos trajes de baño y caminaron hasta la piscina para entrar juntos. Era curioso pensar que hasta el momento no habían cruzado ninguna mirada seductora o de lujuria. No habían besado aún sus labios. Solamente jugaban, se sonreían, se salpicaban mutuamente con el agua, se tomaban fotos. cantaron cada canción que sonó durante el viaje. Eran como un par de niños.
Luego de almorzar y quedarse un rato más en la piscina, llegaron las 3 pm. Decidieron que debían irse, porque en el mundo real, había muchas cosas que los esperaban. Entraron nuevamente a la cabaña. Mientras él tomaba una ducha, ella se encargó arreglar el poco equipaje que traian. Una vez terminó de asearse, fue el turno de ella en la ducha. Duró apenas lo necesario y salió arropada en una de aquellas batas blancas de hotel, al tiempo que secaba su negro cabello.
Se sentó en la cama y extendió su brazo derecho como para buscar algo. Entonces sintió las manos de Walter en sus rodillas, debajo de su bata. Se miraron fijamente. Había llegado el momento. El introdujo sus manos en la bata blanca hasta llegar a su cintura. Se detuvo. Luego subió por su vientre hasta sus senos. La tumbó en la cama y ella mientras tanto, se deshizo de su estorbosa bata blanca. Estaba asustada y excitada. Pensaba que él se había arrepentido de su propuesta. La verdad no hubiera importado, porque había disfrutado mucho de su compañía.
Los nervios lo invadieron como no sucedía hacía mucho tiempo. No podía cerrar sus ojos mientras la besaba. Ella tampoco. Decidió bajar a su entrepierna y mientras él bajaba y ponia su mano en su muslo derecho, ella colocó su mano derecha sobre la de él. Comenzó a mordisquear, besar y lamer su ingle. A veces se detenía y simplemente paseaba la nariz por su vagina. Notó que cuando lo hacía, ella se estremecía. Trató de mirarla, pero por la posición en la que estaban, no pudo. Pero su olor estaba desatando todos sus instintos. Quería devorarla con sus besos, sus lamidas, sus mordiscos y sus embestidas.
Nadia comenzó a pellizcarse los pezones. Con su otra mano, buscó la mano de su amante y entrecruzaron los dedos. Sintió que como comenzó a subir por todo su cuerpo con sus labios hasta encontrar nuevamente su boca, pero esta vez, mientras recibía sus besos, sintió como la penetraba. Un gemido escapó de su garganta. Como señal de querer que ese momento durara para siempre, enredó sus piernas en la espalda de su Walter y con su mano izquierda lo tomó de la nuca para ahora tomar el mando en el ritmo de los besos. Luego, en una maniobra que podría ser envidiada por cualquier artista marcial, logró ponerse sobre él. Ahora ella tenía el mando.
Una vez sometido, él solamente entrecruzó sus dedos con los de ella. Hizo que sus brazos le sirvieran a Nadia como apoyo, mientras ella jugueteaba con su cadera para mover su miembro dentro de su vagina. El compás de sus movimientos era delicioso y finalmente la agitación propia de los momentos previos al orgasmo femenino, comenzó a sentirse en toda la cabaña. Ella estaba disfrutando de su cuerpo, como probablemente ninguna otra mujer lo había hecho y en medio de la batalla que se libraba entre el pubis de ambos amantes, la garganta de Nadia emitió el sonido inconfundible de la satisfacción.
Aunque extasiada, Nadia tenía aún fuerzas para hacer que su amante alcanzara el clímax. Sin embargo, quería sentirse sometida. Se ubicó sobre sus cuatro extremidades, mientras Walter buscaba su propio orgasmo. Ante la imagen del cuerpo sometido de Nadia, se colocó sobre ella, puso una de sus manos en sus pechos mientras se apoyaba en su cadera. Walter no tardó mucho en gemir indicando que su orgasmo también había llegado. Había disfrutado de la mujer que tantas fantasías, desvelos y proyectos le había significado.
Tendidos sobre la cama se miraron fijamente mientras el resaltado color del iris de sus ojos transmitía el mensaje de cariño entre dos almas que ahora estaban más unidas que nunca. Pasadas varias horas, llegaron nuevamente al mundo real. El la dejó en su casa y condujo hasta la de él.
Eran las 10:58 de la mañana del día siguiente. Un hermoso sol brillaba en aquel pueblito primaveral. Walter esperaba ansiosamente en el altar a su prometida y tal como había sido siempre su costumbre, Nadia atravezó la puerta de la sinagoga antes de que se cumpliera la hora en punto. Todos los presentes creían que asistían a la consumación de un gran amor. Nadia Serge y Walter Hëgon sabían que su gran promesa de amor había sido sellada un 23 de abril, domingo gris de 1984, en una cabañita escondida en las montañas de su amada patria.
Pic: "She's my drug"por kainr
Soundtrack: Atomic - Blondie
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Temas: Amor, Lujuria, Promesa, sexo, Walter Hëgon

Quieres que te cuente como puedo llamar a mi mente retorcida cuando te encuentro en medio de algún pensamiento?
Puedo contarte quizás que mis pensamientos tu desnudez sigue siendo tu mejor arma
Puedo detallarte (ya que insistes) como quiero marcar tu cuerpo con algo más que sutiles caricias y que no pretendo que tus gritos lleven impresos mi nombre, con que grites para mi será suficiente.
Intentare acercarme a ti para contarte al oído como quiero retorcer tu mente y tu cuerpo, te veré temblar, sonreír y mientras tanto consumiré el seductor olor de tu piel.
En mis pensamientos puedo romper tu piel con mis dientes y me pedirás (en medio de gritos ahogados) que no pare de hacerlo.
En mis pensamientos tu olor, tu sabor, la música, tu sudor, tu humedad, explotan en mis sentidos y puedes encontrar una y otra vez el punto de no retorno hacia mis alucinaciones.
En mis pensamientos tu cuerpo y el mio quieren doler, quieren placer y quieren permanecer en la línea que los une a los dos.
En mis pensamiento los lugares más oscuros están reservados para ti, para devorarte, poseerte y si fuera acaso posible pervertirte aún más.
En mis pensamientos me perteneces por ese instante en que tus sentidos se inundan, cuando el placer parece infinito, cuando quieres decir detente y te agarras de mi piel antes de volver a perderte.
En mis pensamientos.. es allí donde todo pasa, porque, ¿quién dijo que me interesa sentirte?
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Temas: desconocida, Edilay, labios, sonrisa
La vida es como un cuento relatado por un idiota; un cuento lleno de palabrería y frenesí, que no tiene ningún sentido.SHAKESPEARE, William