14 ago. 2007

Sabia a ti.

Fue esa mañana fría de aquel miércoles.

En el que me levante y mire por la ventana, llovía y me mire al espejo, vi a alguien de cabellos revueltos y sueños rotos, vi a alguien que sabia que el mundo había girado y el se había quedado atrás.

Y me bañe, desayune y lave mis dientes, pero incluso, cuando solo en aquel restaurante almorzaba me di cuenta que aun mi boca sabia a ti.

Termine mi almuerzo y supe que era un buen día para morir...

4 comentarios:

Maya dijo...

Creo que después de estar con la persona que amas y haberla tenido hasta el último aliento, despertarse con ella a tu lado y haber saboreado todo su cuerpo, entonces lo único que queda es morir.
Me encantó..

Clau M dijo...

Me gusto...triste...pero bonito

ARETINO dijo...

un relato breve con una trama muy abierta, muy etérea, que deja que la fantasía de los lectores juegue averiguándola.

Wendy dijo...

Hay huellas que jamás se borran.

Saluditos

Wendy