26 jul. 2007

EL YORK


Cuanta seguridad se puede sentir tras una cortina en la habitación de los seis años. Recuerdo que argentina ganaba aquel mundial de fútbol en México en el ochenta y seis Maradona hacia todas sus peripecias entre los onces o no sé si eran diez pares de piernas que pretendían detenerlo. Decía que sentía la infame seguridad detrás de la cortina de mi habitación de los seis años, necesitaba aquella pequeña seguridad en casa, a esas horas de la tarde tengo el primer recuerdo de mi padre.

Yo levitaba en un mundo de faldas nunca recuerdo haberme preguntado que era un papá? O para que lo utilizaban en las casas de mis vecinos? O si realmente era necesario?. No recuerdo como sonaba su voz pero, si recuerdo mi primera sensación de miedo, ese frió que se mete por los pies cuando las ramas de un árbol hacen figuras y sombras sobre la ventana por la noche. en realidad no había nada que temer, supongo que las cosas hubiesen sido más fáciles para ambos en los años subsiguientes a su aparición si alguien, no sé si mi madre o mi abuela me explicaran la función de un padre mientras toda mi larga vida a los seis años me movía en un mundo de faldas.

Recuerdo que él me abrió los abrazos sus ojos brillaban como los de alguien que ha reencontrado algo valioso en el lugar menos esperado, sus manos se sentían como las mías, flacas nudosas, huesudas, frías. Pero a mi se me ponen así solo cuando tengo miedo o frió. Entonces entiendo que a él también le embargaba el mismo miedo del reencuentro. Lo vi venir con metro noventa a mi menos de un metro, con sus pies de gigante en zapatos deportivos, con sus Jeans viejos, y su olor a malboro rojo. Lo vi venir a buscarse en mí. Y ese día yo simplemente me dejé abrazar aunque mi alma fue la que salió corriendo.

Me perdí no entendía nada, no sabía nada, probablemente una niña de seis años no debía sentir ese rencor de abandono, no debía reclamar con los ojos los tantos años sin saber de él, y los posteriores donde las cosas no cambiaron. Entendí que mi cuerpo de niña lo habitaba una anciana, una viejita con escoba de bruja que llamaba con la mente todo lo que quería bueno y malo, una mujer que presentía la bondad y la maldad , todo a mis seis años. Supongo que mi padre se dio cuenta de que algo no andaba bien en la niña, hasta que murió fui la niña. Él no lograba sacarme las palabras, mientras que en casa a media noche mi abuela gritaba desde su habitación, cállate que pareces un loro¡.


En esos primero años de la década del ochenta el gobierno no había establecido claramente las visitas de domingo a padres separados, pero si yo no soy hija de padres separados, desde que recuerdo nunca vi a mi madre con él. no era mi caso. Sin embargo cada sábado mi abuela empacaba un pijama, un vestido, y ropa interior para regresar el domingo. Unos fines de semana aburridores junto a sus amigos , mi cabello perfumado por el malboro, y la espera interminable a la puerta de los bares, billares y discotecas con la clara indicación de que no hablara ni me dejara llevar por ningún desconocido, aun si me decía que él mismo le había enviado a recogerme; atendía un negocio de bolsitas blancas que solo hasta ahora entendí. Un día por curiosidad asomé mi cabecita dentro de uno de estos lugares, recuerdo que fue en el centro de la ciudad , a las cuatro de la tarde, el aire acondicionado contaminado por el humo de los miles de cigarrillos que debían fumarse a esa hora ahí me hizo llorar los ojos, unas señoras en ropa apretada, y faldas muy cortas se paseaban de la barra a las mesas subidas en tacones muy altos, había una de cabello rizado y falda de cuero que le entregaba un vaso de cerveza, él en una mesa de esquina hablaba muy alto con unos hombres gordos vestidos extravagantemente aparapetados con joyas de oro amarillento grueso y pesado aplastando las camisas de lino abiertas hasta el pecho, O más bien donde se juntaban sus respectivas barrigas y pechos daban la sensación de tener tetas de mujer por la gordura, pensé que si en ese punto nadié había notado los rayos de sol colándose por la puerta de metraquilato desde la calle , tampoco notarían que yo entraría para investigar un poco más.

¿Investigar? . Porque a mis seis años sentía que algo no andaba bien. Entonces cuando puse el primer pie dentro, noté una mano pesada, negra me deteniendo mi avance - ¿tu para donde vas?- al alzar mi carita otra vez el frió terror de las sombras nocturnas reflejándose en la ventana se apoderó de mi, era una situación si salida. No sé de donde salió esa frase. – Vine a buscar a mi papá-
¿tu papá? Entonces con la cabeza dije que si para que no se me notara el susto en la voz y con el dedito flaco de mi mano izquierda señalé a la mesa donde él estaba- aquel negro pegó un grito con voz de trueno y dijo- ey Cork esta peladita dice que es tu hija- el jork – así le decían, un padre no puede llamarse el jork . Entonces se levanto camino varios pasos largos en el bar. me dio vuelta por el otro hombro refunfuñando – este no es un lugar para niñas te dije que me esperaras afuera- entonces lo miré fijo a los ojos –tengo ganas de orinar-.
Salió al instante fuimos caminando hacia la casa de alguien un amigo de él y me senté en la taza del baño pensando en manantiales de agua, en los aguaceros torrenciales del invierno para hacerme orinar. Lo logré salí como si nada mientras el seguía envolviendo con sus amigos algo parecido al tabaco pero más fino en hojitas delgadas de papel de arroz.

Siempre hablaba de matricularme en un colegio caro, de ir a la universidad incluso asistía a las clases de derecho en la universidad publica, me hablaba de ser una persona honesta, de bien, integra, todo lo contrario de lo que era.
Los años que siguieron a ese primer reencuentro no fueron mas felices, inventaba exámenes tareas y trabajos para eludir los fines de semana por las rutas de discotecas y bares del centro.

Una madrugada de enero a mis veinte años, soñé que un par de hombre me perseguían en una motocicleta de esas grandes azul, soñé que yo corría y corría por mi vida, pero que finalmente de espaldas en una esquina me dispararon cuatro veces por la espalda sentía como la sangre abandonaba a chorros mi cuerpo, Como la energía de la vida se derramaba sobre El pavimento tratando y a este tratando de absorber con rapidez los charcos bajo mi pecho, quedé tendida boca abajo, con las palmas de las manos hacia arriba, recuerdo que el ultimo pensamiento que tuve fue el de llamar a mi madre.
Eran las tres y veinte de la madrugada de ese miércoles cuando desperté ahogada por el nudo que amarraba mi garganta salté de la cama encendí todas las luces de la casa, fui a la cocina, tomé un vaso con agua, y mi madre salió de su habitación a ver que pasaba. Le conté el sueño me dijo que los sueños sueños son.
La mañana del sábado una mujer me llamó por teléfono a decirme- siento decirle que a su padre está muerto- y las subsiguientes preguntas – ¿cuando?- esta madrugada a las 3- ¿como? Cuatro tiros por la espalda-¿ quienes? Un par de hombres los testigos dicen que venían en una moto azul-Y ya no pregunté más. Pude saber hasta cual fue su último pensamiento.

Este post fue publicado el viernes, mayo 11, http://kathogomez.blogspot.com/2007_05_01_archive.html

3 comentarios:

ARETINO dijo...

Un trailer de esos de novela negra visto a través de los ojos de una niña. Bien ambientado y con una historia tenaz. Buen relato

KATHO dijo...

ARETINO, SOLO TENGO UNA PALABRA PARA TI. GRACIAS.

Wendy dijo...

Me mantuvo atenta hasta el final....

Saluditos

Wendy