14 jun. 2007

Vino Tinto

1.
Pasos semiconscientes me llevaron al bar artístico de moda. No soy habitual, pero algunos de los parroquianos me conocen, aunque la mayoría prefiere negarlo. Luego de intercambiar algunas sonrisas y medios saludos con los presentes - en un par de ocasiones con bastante hipocresía - logré llegar hasta la barra.

Al sentarme una cerveza apareció ante mí. Hice una seña de aprobación al encargado y volví mi atención hacia dos lindas jóvenes en una mesa del fondo. La porción estratégica de mi mente empezó a hacer cálculos, ponderar diferencias - ambas eran preciosas - y establecer tácticas. Un plan de acción incluyendo un poco de francés bien chapurreado y una rosa se desbarató cuando un par de movimientos en la mesa me dijeron que ninguna de sus ocupantes necesitaba del género masculino.

“¿Decepcionado?”

La voz tenía una extraña cualidad musical. El espejo tras el encargado me mostraba la barra vacía a excepción de un hombre joven con expresión desconcertada. Entonces volví la mirada hacia la puerta del bar. Más que caminar, ella se desplazaba flotando hacia la barra. Según su mirada, la dulce voz le pertenecía. Pero estaba aún lejos y Queen sonaba demasiado alto como para que su me hubiera hablado con claridad. Miré primero la cerveza y luego a ella.

“No, no soy delirium tremens.”

Los ojos verdes y la sonrisa sacaron sin autorización mi mejor mueca idiota y el saludo que pretendía ser halagüeño resultó un balbuceo infantil. Pero me dijo con la mirada que pensaba algo diferente. En ese momento, el encargado, el bar, las muchachas en la mesa del fondo se desvanecieron. Sólo existía Ella. Mil años después volví a percibir We Will Rock You y el informe murmullo de los demás parroquianos.

“Parece como si me conocieras.” Atiné a decir.

La juguetona expresión de los ojos verdes se intensificó. Desvié la mirada antes de que me hipnotizara, disimulando mi turbación con un trago que dejó el jarro de medio litro casi vacío.

“Tal vez te conozca” Una preciosa mano elegante y un tanto pálida se extendió hacia mí. La suavidad helada me encantó.

“Llámame Theri” No había duda sobre la delicada pronunciación de la Th. Aunque carecía de acento, algo en la entonación la delató como extranjera.

“Soy europea” La sorpresa ante la aparente intromisión en mis pensamientos me hizo olvidar decirle que fuera un poco más específica. “Tengo en las venas algo de sangre eslava, griega, un poco de inglesa y de francesa... en realidad, de muchas nacionalidades.”

Aunque lo dijo con seriedad, sus ojos me insinuaron la idea de un viejo y hermético chiste.

“En realidad” continuó “vengo de Yugoslavia. La vida se ha vuelto difícil por allá. Demasiada sangre, pero muy poca... viva.” De nuevo me invadió la sensación de chiste secreto. A partir de ese momento, la conversación fue bastante trivial. De vez en cuando alguno reía. A veces nos mirábamos con profundo interés; nunca pude sostener su mirada.

En el transcurso de la noche noté el resto de su avasalladora presencia. Alta estatura, un cuerpo delgado y de formas exquisitas, piel suave, tersa y pálida, cabello castaño claro con algunos mechones dorados. No necesitaba maquillaje. Vestía un ceñido traje largo y negro, informal pero elegante.

Después de mucho tiempo empecé a percatarme de nuevo de mi existencia, justo cuando ella se despedía. Un vaso con restos de espeso vino tinto que jamás le vi solicitar desapareció del mostrador en las hábiles manos del encargado. Me quedé unos momentos dudando entre otra cerveza o caminar hasta el apartamento. El encargado me miraba con impaciencia.

“¿Puedo cerrar o se queda a dormir?”

Las luces estaban encendidas, no había música y todas las mesas estaban vacías. Miré mi reloj: Casi las cinco. La cerveza debía estar afectándome. Al incorporarme, tomar un taxi me pareció imprescindible. Cuando pregunté por la cuenta, el encargado me miró con conmiseración. “Ya está paga”.

2.
Desperté sin resaca, pero incapaz de levantarme. Eran casi las cuatro de la tarde: Reuní la voluntad suficiente para ponerme en pie y hacer un par de llamadas. Estaba indispuesto y débil, pero me duché y me vestí para sentarme a ver televisión. En algún momento intenté salir al balcón, pero la luz del sol me empujó al interior con brusquedad y dejándome un fuerte dolor de cabeza.

Cuando anocheció el aburrimiento me corroía y decidí que había recuperado fuerzas suficientes como para una corta caminata... que me llevó de regreso al bar.

De nuevo fue innecesario hacer un pedido: el encargado apareció con una taza de café. No capuccino en ninguna de las variedades alcohólicas. Café, caliente, negro y fuerte. El esfuerzo de la caminata me convenció de no protestar. Tuve dificultades con el primer sorbo, a pesar de estar delicioso, pero luego hice desaparecer la bebida con rapidez. Pensé en salir de allí a buscar una o cuatro hamburguesas, y descubrí con sorpresa que no había comido nada en las últimas veinticuatro horas.

Todos los pensamientos desaparecieron cuando Theri entró. No buscaba a nadie, no pasaba por casualidad. Entró, se sentó a mi lado y volvimos a charlar.

El vaso lleno de vino tinto se movía en su mano a medida que gesticulaba para recalcar alguna palabra. Aunque pensé en el objeto varias veces, algo me impedía preguntarle qué bebía. Entretanto, me iba sintiendo débil y mareado. Pero no había bebido nada después del café.

De pronto me encontré como despertando de una inusitada siesta y el encargado me miraba con preocupación.

“Bueno” dijo. “Me parece que habrá que hacer algo respecto a usted.”

“¿Qué?”

“Cuando termine de desmayarse.”

Su rostro se iba haciendo cada vez más borroso. No pude sostenerme. Sintiendo la barra fría bajo mi mejilla, lo último que vi fue el vaso con restos de espeso vino tinto.

3.
Desperté ya de noche. La oscuridad en la habitación era absoluta, así como el dolor en todos mis músculos, que me hizo reconsiderar la estúpida idea de levantarme y darme una ducha. Media hora más tarde la volví a ponderar y decidí que era buena.

El espejo del baño me devolvió a regañadientes una imagen demasiado pálida y ojerosa, en vivo contraste con unos ojos enormes y muy brillantes. La enfermedad me favorecía.

La ducha y la ceremonia de vestirme fueron mecánicas. Recuerdo que recobré la conciencia justo en el instante de abrir la puerta del apartamento con la vívida imagen del bar en mi cerebro. “¿A dónde creo que voy en este estado?” “¿Cuál estado?” me respondí. Me sentía bien... pero con sed. Mucha sed. Tanta sed como no había sentido en toda mi vida. Cuando tomé conciencia de ello, la imagen del vaso de Theri, el eterno trago de espeso vino tinto, se presentó ante mi con tanta claridad como si ella estuviera presente con su mirada verde esmeralda y su suave, pálida y provocativa piel.

Me pareció extraña la poca cantidad de gente en la calle hasta cuando recordé que mi muñeca izquierda llevaba un reloj. Eran más de las doce. Debí dormir hasta cerca de las diez sin interrupción, pero en ese momento llegué al bar y todos los pensamientos desaparecieron.

Ella aguardaba. Había llegado hacía poco, pues aún no le habían servido el infaltable vaso de vino. Me senté cerca de ella y, la siguiente vez que miré su mano, el vaso estaba allí. Con muy poco vino.

“¿Decidiste reducir tu dosis?”

“No. Es sólo que el tonel ya está casi vacío. Éste es el último trago.”

La debilidad regresó cuando ella pronunció esa frase con ese tono extraño de broma antigua y secreta. Vació lo que quedaba en el vaso y sentí que las luces empezaban a apagarse, y mucho, mucho frío. Ella se acercó con lentitud y me dio un beso suave en los labios. Su boca estaba fría y aún tenía rastros de ese último trago de vino que, justo antes de sentir a mi alrededor la oscuridad definitiva, identifiqué como mi propia sangre.

7 comentarios:

ARETINO dijo...

Buen trailer de esos de terror, de los de antes; nada de bruja de blair o scarie movie.

He notado que algunos cuentos ademas de buenos terminan siendo un buen libreto. Solo necesitamos ambientar el bar, el apto los tres personajes, los extras y listo.

Klau dijo...

ME ENCANTÓ!!!!!!!!! ... me encantan los cuentos o las historias que me mantienen ahi hasta el final y este definitivamente lo ha logrado!!!!

Felicitaciones.... excelente!!!!

ALVARO dijo...

Excelente narración. En verdad cautiva la atención del lector de principio a fin. Te felicito.

Túrin dijo...

Estaba esperando su cuento, la espera valio la pena, como siempre.

Mornatur Ormacil dijo...

Gracias a todos.

Aretino, pues casualmente este mismo cuento - que en realidad es viejísimo - me tomé el trabajo de adaptarlo como guión literario hace varios años, pero finalmente nunca lo realizamos. ¿Se le mide?

Theraq dijo...

Esta muy bueno, en definitiva creo que voy a aprender mucho en la medida en que siga compartiendo mi experiencia con la de ustedes.

Wendy dijo...

Me sonreí con frases como:

"Los ojos verdes y la sonrisa sacaron sin autorización mi mejor mueca idiota y el saludo que pretendía ser halagüeño resultó un balbuceo infantil"

Me sorprendí con el final.

Y me agradó leer el cuento.

Saluditos

Wendy