11 oct. 2012

Calor

Transcurría el año...

Bueno, lo cierto es que no recuerdo el año, pero en esos días hacía mucho calor. La ropa se adhería fácilmente a la piel y las personas deambulaban sin sentido por los empedrados, haciéndose uno con el sopor de la tarde, buscando una sombra, un cariño, una excusa.

Ella se mojaba entre los pechos, empapaba su soledad, que le ardía más que el sol de la tarde. Él la veía desde una posición alta, con el peligro de quemar la retina de sus ojos tanto por el radiante espectáculo de la tarde, como del astro vengativo que parecía resistirse a su ocaso.

Lo era, una mujer bella, una contra medida para el bochorno vespertino que amenazaba con cocinar su interior.

Se acomodó la ropa holgada por la constante perdida de líquidos, hacía meses que no sudaba, y por el contrario le parecía que su piel excretaba un polvo salobre, el cual le daba el aspecto de estar siempre sucio.

No le importó, se acomodó el sombrero lo mejor que pudo y abrochó el último botón de su camisa, si no estuviera tan acostumbrado al calor, eso habría sido una locura. Aunque todas las personas que lo observaron durante el trayecto hasta la pequeña plaza en que estaba la mujer.

...

Amparo se sintió rara, por un momento un viento frío se elevó por su espina. Observó a su alrededor, pero solo vio casas en ruinas, entablados sostenidos solo por el capricho, desprovistos de clavos, madera achilada, raída, de otros tiempos e instantes.


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