4 oct. 2007

Debajo del palo de mango…

Debajo del palo de mango…Mediodía, el sol resplandeciente de un pequeño pueblo de la costa norte colombiana hace que las mentes solo piensen en el siguiente paso a dar.

- Y si uno al morir no tuviera que ser enterrado en esas frías losas de cemento?

- Ay mijo deja de pensar locuras.

- En serio, que tal si a uno lo enterraran en un jardín florido, junto a un palo de mango, a donde pudieran irlo a visitar a uno la familia, los hijos, los nietos a jugar sobre uno mientras hacen un sancocho…

- No mijo, en serio tú ya te volviste loco, deja de pensar pendejadas y comete la sopa.

- Ahhh es que el que piensa distinto de los demás es loco…fíjate, pues entonces yo quiero ser loco esta vida y la otra.

- Ya ombe…comete eso rápido. Que ya tenemos que irnos para el entierro del compadre.

- Ves, con lo que le gustaba al compadre hablar con la gente, sentarse en su mecedor en la puerta, saludar a los vecinos y ahora a quien va a saludar… ¿a los gusanos? ¿A las larvas?... no señor yo no quiero eso para mí.

- Bueno mijo bueno como tú digas. Pero apúrate.

- No a mi no me afanes que ya bastante es que vaya a ese entierro que tu sabes que a mi eso no me gusta.

- Si, como tú digas.

El plato se quedo servido completo en la mesa, enseguida caminaron lentamente hacia la funeraria, en el camino los vecinos la saludaron con desconsuelo, la miraban y le huían la mirada por el dolor que sabían que cargaba.

- ¿Aja y porque todos te miran tan raro?.

- Ni idea, tú sabes que la gente acá es como rara.

- Si, no se, es como extraño y sólo te miran a ti.

- Pues ni modo, tu mira para delante y camina que ya vamos tarde.

Entraron a la sala de velación y estaban todos esperándola, la recibieron con grandes abrazos y llantos de consuelo.

- Comadre lo siento mucho.

- Siente mucho, siente mucho ¿que?

- ¿Como así?

- Si, que es lo que siente mucho, yo soy la que lo siente mucho.

- Ehhh…. En fin que espero que el compadre esté en su santa gloria y amen.

- Si que diosito lo proteja.

Mientras la comadre se enredaba en su propia mente que no quería entender la realidad

el compadre pensaba en su árbol de mango, en lo injusta que es la vida y en como los que menos se deben ir mueren más rápidamente; miraba todo un poco extraño, se acercó lentamente al ataúd y lo que vio le heló la sangre, estaba el con su mejor pinta dominguera, guayabera blanca, pantalón reluciente y zapatos de charol. El rostro un poco más blanco de lo normal y un gesto serio y adusto que le quedaba un poco ridículo.

Si, ESTABA MUERTO e iban a enterrarlo en su adorado palo de mango… al menos la mujer le había oído su último deseo, lastima que ni ella creyera todavía que el estaba del otro lado.

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