10 nov. 2010

Crónica de un final advertido.

Ella despierta y él le besa sus manos.

Ella despierta y él no está, se fue temprano.

Ella despierta entre las sábanas enredada y la cama destendida, sola, como de un tiempo para acá ha estado.
Las mañanas y las noches se perdieron en el pequeño resplandor de velas, no abre ventanas y evita salir de su casa. Él se va cada mañana cuando aún el día se ve oscuro y llega siempre de noche cansado, despacio para no despertarla, pero ella siempre lo espera en vela sin que él se de cuenta.
Samanta y Gabriel era una pareja que aunque joven, sus años parecían perdidos en el olvido.

Una noche, cuando Gabriel llega y se acuesta a su lado, casi sin tocarla, Samanta se levanta de la cama asegurándose de que haya quedado dormido, inconsciente y tranquilo. Con café en mano y una larga lista de pensamientos camina hacia la sala perdiéndose entre la oscuridad y el noble silencio de la madrugada, se dispone a pensar, más que eso; se dispone a sentir. Y sintió que estaba con un extraño compartiendo la misma cama, y sintió la soledad otra vez, los "te amo" perdidos, sintió que el todo se volvió en nada y las ganas que sintieron aquella última vez de hace mucho tiempo. Definitivamente, Samanta ha perdido sus placeres, se dedicó a olvidarse de ella y a olvidarse de él, sin recordarle que estaba allí para cuando la necesitara, pero Gabriel no volvió a mirarla para decirle lo hermosa que es; triste y cruda verdad, lo sintió. Entonces pasan las horas y entre aquellos sentimientos se cuela aquella sensación que tenía cuando lo conoció, aquellos años de gloria y de pequeñas discusiones que terminaban arreglandose con detalles, sorpresas o en la cama... Aquí está ella, con aquel desconocido que alguna vez saludaba con tanta intensidad y allá está él, escondido entro un sueño profundo.

Nueva mañana, Gabriel diligente se va. En su maletín encuentra una nota "Te espero temprano en casa" ¡Vaya sorpresa! se volvió a ver a Samanta pero ella aún estaba en la cama casi dormida. Más que ansias y ganas, la curiosidad de saber sobre qué trataba todo lo llevaron a serle fiel a la nota. Llegó y encontró a Samanta en un hermoso vestido negro, seductora lencería que se dejaba ver por el vaivén de sus caderas cuando caminaba. En la mesa frente al televeisor había una pizza y refrescos, Samanta aún no olvidaba la sencillez de Gabriel para las cosas y su plato favorito.

Él no dejaba de verla y a ella le encantaba, era esa mirada otra vez, una seductora y cortante mirada que se aferraba a la desnudez de su piel. Comieron tal cual adolescentes y abarcaron temas tal cual gente madura pero como aquellos gratos recuerdos que Samanta forzó en la conversación regresaron otra vez ciertos gestos y otra vez esa sensación... Gabriel la toma en sus brazos y casi parece que se ahogaran en un beso, explorando nuevamente aquellos lugares que conocía. Teniendola aferrada a su cuerpo mientras se balanceaban quitandose la ropa hasta llegar a la cama y allí, comenzó todo de nuevo, por lo menos para Samanta.
Ella despierta, sola, Gabriel ya no está. A su lado una nota; "Espero alguna vez puedas perdonarme, pero hace mucho tiempo tú y o no somos nada"...  Samanta se desplomó maldiciendo su nombre tratando matar los recuerdos; después de todo para Gabriel fue una simple noche con una extraña.

2 comentarios:

@cuentante dijo...

Bonito e interesante cuento. La narrativa me hacía pensar a veces que podía tener un final feliz y a veces triste, como sucedio. Mi enseñanza es que no hay que esperar que sea muy tarde para arreglar las cosas.

Bcorazon dijo...

Eso es totalmente cierto :)