9 dic. 2010

Paula

Paula usa gafas oscuras, tiene un culo precioso, 29 años y se va a casar.

Enciende un cigarrillo y se toma el ultimo trago de vino, Miguel la mira con sus ganas contenidas, los dos saben a que han venido, ella tiene su ropa en el carro, se quedará todo el fin de semana mientras su novio se muere de la rabia porque no le contesta el celular.

Felipe, novio de Paula había dado un paso en la no tan larga pero si profunda relación con ella. La había invitado a quedarse una semana y de repente ya era un mes. Paula amaba a Felipe, pero cuando este le dijo muy sutilmente, pero de manera directa que necesitaba su espacio, ella empacó con una sonrisa en su cara y antes de darle un beso le dijo: fresco, yo también necesito el mío

Miguel moría por Paula y durante ese fin de semana tuvo tanto sexo que nunca lo iba a poder olvidar, ni siquiera cuando después encontró a la mujer que lo iba a amar por siempre pudo en secreto dejar de imaginar que cuando hacía el amor con ella era Paula la que estaba ahí. Pero llegó el domingo por la noche y se despidieron en un beso apasionado.

Paula estaba de verdad cansada, prendió su celular y tenía muchísimos mensajes de Felipe, se sintió mal por dos minutos, luego simplemente un poco culpable, luego sintió la felicidad que tienen los que sienten que han cobrado algo de venganza… Felipe necesitaba espacio, ella se lo había dado, pero había rellenado su vacío de paso.

Mientras descansaba en su casa sonó el timbre y no pudo evitar sentirse nerviosa, después de todo Felipe era su novio, o bueno, lo había sido y lo mas seguro era el, sin embargo tampoco se iba a humillar ante nadie.

En piyama dejó entrar a Felipe, que lucía desesperado y Paula en ese momento tuvo que tomar una decisión, ¿simplemente mentiría o le contaría la verdad?. Pero ninguna mentira sería realmente creíble y la verdad no solo la liberaría, si no que completaría su venganza y le daría la lección que Felipe debía aprender, aunque eso le costara su relación e incluso sus ilusiones.

Felipe preguntó y Paula contó. Con una precisión perversa no omitió detalles, el permaneció impasible y de repente se levantó, le dio la espalda y cuando ella creía que se iba se volteó y tenía algo en las manos.

Un anillo.

- Creo que es el momento de que no haya mas espacio entre tu y yo. ¿Quieres casarte conmigo?

Ella se quedó sin voz para contestar y solo atinó a asentir con la cabeza.

3 comentarios:

Eurelio Jacinto dijo...

Pareja perfecta!
Buen escrito...
Saludos!

rockcommel dijo...

Me gustó, saludos. No me esperaba ese final. Yo no habría actuado así, le hubiera aventado el anillo en la cara, en fin...

...Bueno creo si, posiblemente así habría vuelto a actuar...

@cuentante dijo...

Vaina jodida, pense que Felipe mínimo le daba una cachetada.

Me hizo recordar mucho la pelicula Closer: precisamente la escena donde Clive Owen llega de viaje a su casa y discute con Julia Roberts.