13 ene. 2008

La Máquina de Hacer Sangre

"En Un regreso sin precedentes y con el olvido como arma de autodestrucción me reintegro a la nomina de magos con este corto pero eficiente reguero de letras y literatura"
Había recorrido todo el pasillo sin dejar de pensar en la noche anterior, se reflejaba en una sonrisa nerviosa su incapacidad de poder solucionar el dolor que estaba causando y que le causaba en un revés. Mirando por la ventana del segundo piso comenzaba a recordar las discusiones que sin precedentes se entablaban en el hogar, discusiones que rodeaban temas como las labores del hogar, los compromisos de marido a mujer, las tareas del niño, el salario mínimo mensual legal vigente, el orden del caos, el costo de la merienda y muchas otras frases importadas de la cotidianidad y reseñadas en las falencias de un hogar sin educación.
Se aproximaban las cinco de la tarde y desde la noche anterior seguía desesperado buscando un pariente o un salvavidas a su situación, su corbata ya estaba guardada en el bolsillo de su saco, su camisa dejo ser estar abotonada desde tiempo antes de entrar al hospital, sus lentes y su anillo de matrimonio los había dejado en el hostal sin identificar, su moral se había disipado dos años antes de casarse. Era un febrero normal, sus hijos que oscilaban entre los 4 y 9 años de edad aun se cuestionaban de la tardanza de su padre en volver al hogar, su mujer quien ya poco tenía de mujer no escatimaba energía y esperanzas en verlo regresar a casa, muy bien sabía que su trabajo le demandaba irse de casa por más de dos o tres noches seguidas.
El parte médico denunció el descuido y llamando a las autoridades le informó con el frío y amargo ritmo de la medicina la muerte de su señora esposa. Él con el dolor de la mentira y los nervios de un principiante confesó a sus remitentes que la joven de la camilla no era su esposa ni tenía parentesco alguno con él, simplemente era una amiga especial que lo había salvado de su matrimonio... Sin importarle las palabras el médico anotó en su libreta dos palabras: "Aventura Extra matrimonial". Cerca de las siete de la noche y con dos agentes de seguridad acompañando al desesperado y ahogado caballero lograron concluir que la causa de muerte de la señorita no eran las heridas de golpes y raspones de un accidente de tránsito sino, una sobre dosis que le provocó paro cardiorespiratorio, con una elevación de la presión arterial suficiente para dejarle en manos del thanatos el rumbo de una joven que iniciaba su practica laboral en una prestigiosa empresa de la ciudad, él reconociendo en su adicción y su lujuria lo ocurrido simplemente agachó el rostro buscando en el suelo una guillotina o un agujero por donde entregarse.
Según el registro de las autoridades el accidente se provocó por el exceso de licor y alucinógenos en el señor Gabriel Mejía, de treinta y siete años de edad provocando un choque contra una barricada de contención en la vía panamericana. Su acompañante, la señorita Ángela María Jaramillo de veintitrés años de edad y bajo los efectos del narcótico habría sufrido un paro cardiorespiratoria hora y media antes al impacto del vehículo. Tomando nota de todo lo que se entregaba en el parte médico, una enfermera tomó la camilla de la señorita Jaramillo para guiarle a la morgue y hacer el acta de defunción del cadáver, a su vez la familia Mejía que esperaba desde la noche anterior a su cabeza de hogar era informada del arresto por homicidio y otros cargos no tan irrelevantes. Sandra, la esposa del acusado, simplemente colgó el teléfono al terminar la llamada y le contó a su jefe lo sucedido mientras seguían besándose y acariciándose en la misma cama que quince días atrás había pernoctado Ángela María.
En la morgue el cadáver no mostraba ningún síntoma de haber sido golpeado o agredido de manera violenta como lo pretendía dar a entender el accidente, en la sala de espera y saliendo rumbo a una van que le espera en la entrada del hospital, Gabriel Mejía mostraba todos los síntomas de morir en vida, donde su corazón era despedazado por dentro por sí mismo, sus paredes y su mundo había dejado de ser el mismo, al subir a la van y escuchando las indicaciones del oficial, cerró los ojos y dejó de pensar en su esposa Sandra por el resto de sus días.

3 comentarios:

Túrin dijo...

Que buen cuento!

Angélica (¿Ing. o Poeta?) dijo...

Hola!!! No leí el cuento, pero... FreeWill... Leí un comentario que hiciste en un articuo titulado "El dulce sabor de una mujer exquisita", vi tu perfil y me pareces una persona interesante...Además, yo llevo toda la vida busando un hombre exquisito...¿Que tal si nos ayudamos en la búsqueda? Jejeje Escribeme

:: Theraq :: dijo...

Me gusto; pero tiene este gusto trágico que siempre nos rodea.