31 ene. 2008

No escaparas a tu suerte

Vivía En Nueva York. Solo eso sabían sus allegados que recibían cada final de año una tarjeta donde enviaba los saludes para todos - José Luis esta bien – decían resignados; los amigos de cuadra lo recordaban como “el vale que esta en la yunai”.

Desde que tenía uso de razón así lo decidió. Nunca disfrutaría de un carnaval. Estudió y estudió y se ganó todas las becas y un diecinueve de febrero partió al norte a estudiar en el MIT donde fue aceptado sin condiciones.

De eso hacían ocho años. Sus compañeros de estudio manifestarían después de lo sucedido que en los tres primeros meses de cada año, como intentando desconectarse de una realidad interna, se encerraba en los laboratorios y trabajaba hasta caer exhausto.

Esa noche una tempestad azotó el lugar, algo extraño para la época, el corrió desde el Edificio Principal hasta los dormitorios, –creo que el mojarse después de estar trabajando tanto lo resfrió-.

Muchos afirman que su dormitorio permaneció con la luz encendida toda esa noche. A las tres de la tarde del día siguiente, sábado, a finales de enero, salió hacia el área de salones de clases. A su paso muchos murmuraban, algunos sonreían.

Pero era que ver al maestro, al PH, caminar como si un tumbao lejano le marcara el paso y pa’remate con esa vestimenta, el saco y el pantalón colocados al revés, sus ojeras, que pese al haberse aplicado crema para disimularlas se notaban a leguas, y el hecho de llevar el señalador extendido cual varita delgada de quien sabe de que arbusto era para no creer; solo cuando llegó al aula e intento saludar a sus alumnos y un sonido fricativo fue lo único que pudieron articular sus labios junto a una lluvia de salivas se dio cuenta que no pudo escapar, por mas vacunas que interpusiera ante su mal, estaba apestado de carnaval.

1 comentario:

el (&=·$%·") editor dijo...

eso! con ironía. buen relato.

gran espacio este que han fraguado.

salud a todos!

-martín