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10 may 2011

Trastorno Real

Después de muchos años ya no encontraba la diferencia entre un sueño y un recuerdo, su imaginación que cada día se tornaba más autónoma le regalaba imágenes vívidas que le hacían confundir sus sueños y su realidad, esta era la causa de su desconfianza cuando caminaba por la calle y alguien le sonreía, era alguien real intentando ser amable? o era otro personaje de sus sueños que buscaba perseguirle para acabar con su vida en un concurrido callejón?

No podía establecer si las marcas en su cuerpo eran producto de una noche de pasión o de haber caído por las escaleras, cuál de los dos eventos era real y cual era un recuerdo?

La canción infantil que sonaba en su cabeza era el recuerdo de su madre o era la canción que cantaba a sus hijos antes de dormir, eran sus hijos reales o parte de otro sueño?

Lo pensó muy bien, no se sabe si en sueños, en un recuerdo o en su realidad, pero tomó el teléfono y después de veinte minutos en línea tenía un compromiso y treinta y ocho minutos para llegar a tiempo.

Llegó a tiempo pero no le era claro si lo había hecho en sus sueños volando o después de una pelea con un taxista.

Dos horas después abrió la puerta, le bastó mirarse en el espejo de la sala de espera para saber que ahora todo era diferente, abrió su mano, desarrugó el papel y lo leyó una vez más, mientras una sonrisa de oscura satisfacción se dibujaba en su cara: Diagnóstico: trastorno afectivo bipolar con efectos tempranos de mal de Parkinson o posesión demoníaca.

2 oct 2007

Mi primer día de Muerto

El sol resplandece fuertemente sobre mi cara, siento un ligero cosquilleo en mis pies y me cuesta mucho trabajo abrir los ojos; Es la misma sensación que me dejan las fuertes resacas, pero esta vez parece ser diferente, esta vez me siento muerto.

No recuerdo nada de la noche anterior. La boca me sabe a moscas y creo estar acostado sobre la arena. Debo estar muerto; Muerto y tirado en cualquier matorral con un carnaval de Insectos sobre mi. Hasta aquí llego mi vida. De hoy en adelante soy como cualquier muerto andante que pena por ahí; sin rumbo, sin vida, sin reflejo.

¿Y ahora que? Me pregunto. Llevo mas de ocho horas tirado aquí y ya no aguanto mi propio olor a podrido. Tengo hambre. ¿Es que nadie piensa encontrarme? Sigo sin recordar nada de la noche anterior ¿Qué habrá pasado? ¿Quién me habrá matado? ¡Isabel! ¿Quién la habrá llevado a casa anoche?

¡Hijueputa’, Un Muerto! – Alguien dice

Ahora mis ojos se encandilan, pensé que estaban cerrados. Ya no siento las moscas. Ya no siento la arena. Ya no tengo hambre. Ahora solo quiero dormir... tengo una cremación a las 4.

Duermo, Siempre quise dormir así, como muerto. Me levanto tarde por que quiero y no por que tenga ganas de orinar. Ahora logro caminar, eso creo. Hay mucha gente aquí, muchos cabizbajos; no logro verles las cara a nadie, parecen aburridos, andan sin ganas como cansados.

La melancolía aparece y empiezo a recordar a los que siguen vivos. Mi alma se ilumina - Quiero Música!! Digo en voz alta. Es ahí cuando alguien medio gira su cabeza y me dice – Aquí no hay música –… Ahora yo un cabizbajo mas.

21 jun 2007

Intercambio

Se sentó como todas las mañanas frente al espejo grande de su cuarto. Ese día algo había diferente en el ambiente, lo presentía y ella creía fielmente en sus percepciones. Acomodó la banquita de madera recubierta con terciopelo rojo y comenzó a cepillar su largo cabello negro; hacía tres años no lo cortaba. Mucha gente criticaba el hecho de que se lo dejara tan largo, era de mal gusto y le daba un aspecto desaliñado en algunas ocasiones. A ella le encantaba mantenerlo suelto, era tan liso que le llegaba hasta las nalgas y por las noches, cuando se acostaba en su cama, se envolvía en el para no sentir frío.


Le gustaba sentarse una hora todos los días frente aquel espejo y cepillarlo, una y otra y otra vez, hasta que llegara al punto en donde ella creía que lucía perfecto. Mientras lo cepillaba, mantenía la mirada firme en el espejo, esperando que algo sucediera, esperando que el cielo le consediera su mas ferviente deseo.

Así, esa mañana, en una de sus eternas sesiones frente a aquel objeto que conocía sus más profundos pesares, notó algo diferente, algo que la pertubó por un momento pero que le dió la paz que tanto anhelaba. Su reflejo en el espejo le sonrió. Quedó atónita por unos segundos, pero no tardó en devolverle el saludo con la misma sonrisa. Se levantó y dejo a un lado su cepillo sin haber terminado de arreglarse el cabello negro azabache y se acercó lentamente hacia el reflejo que la miraba mientras la imagen en el espejo se alejaba a su paso.
Ella extendió su mano pálida y rozó con la yema de sus dedos la supeficie del espejo. La chica del reflejo se dió vuelta algo asustada y se llevó las manos a la cabeza, era obvio que aquella niña tampoco sabía lo que sucedía y en un abrir y cerrar de ojos todo cambió.

La chica en el espejo soltó una carcajada y su miedo se desvaneció. Cuando vio que ella estaba lo suficientemente cerca, sacó sus manos a través del espejo como si lo único que separara una habitación de la otra fuera un simple marco de madera, y la empujó hacia el interior del mismo. Era imposible que fuera su reflejo, tenía mucho más fuerza que ella y su mirada estaba llena de odio y resentemiento.

El cambio sucedio en cuestión de segundos: Ella había quedado en el interior del espejo, atrapada; jamás comprendío por qué no podía salir como su reflejo lo había hecho. La chica del reflejo, en cuanto comprendió que se quedaría para siempre en el mundo mortal, tomó unas tijeras que estaban escondidas en un cajón y sin pensarlo, comenzó a cortar su cabellera a la altura de sus hombros. Cuando terminó, se dió vuelta y sonrió. Corto le sentaba mejor.

Esa mañana ella sabía que algo pasaría. Lo que nunca imaginó fue que quedaría atrapada para siempre en aquel viejo espejo, convertida en el reflejo de alguien que siempre quiso ser.