¡¡Ahora sí escribo!!!
Se acabó la universidad por el semestre.. Y por cierto me fue bien; así que acá dejo la palabra que tengo pensada:
Si ya está, me avisan a ver si la cambio.
¡¡Ahora sí escribo!!!
Se acabó la universidad por el semestre.. Y por cierto me fue bien; así que acá dejo la palabra que tengo pensada:
El último recuerdo que tenia de ella era su sonrisa despiadada mientras se alejaba caminando luego de acabar con todas sus ilusiones. Siempre la recordó hermosa, casi angelical, pero sin saber cómo ni por qué su hermoso ángel se transformó en un demonio vicioso que acabó con la felicidad que alguna vez tuvo.
Luego de recoger uno a uno los pedazos de su corazón y protegerlos de la fría lluvia que caía caminó con pies pesados hacia su casa, aunque lo que pesaba más que la ropa mojada era su espíritu maltrecho. Ya encerrado en su habitación comenzó recomponer su corazón y armarlo pieza por pieza; fueron tantas noches de lluvia, llantos, desesperos y desasosiegos que, cuando pudo haber completado su trabajo, el tiempo le había parecido infinito y se sentía como de 100 años.
Desde que pudo recomponer su corazón decidió que quería volver a ser el mismo de antes, quería ser el mismo de antes; se puso nuevamente los colores de gala que solo utilizaba cuando estaba feliz y salió a caminar con el deseo de tomarse el mundo. Pero como no era tan ambicioso decidió tomarse la ciudad y compartir su felicidad con todo aquél con quien pudiera.
Recorrió parques y plazas saludando a todos como viejos conocidos; de un lado a otro iba comprando dulces y flores y regalándolos a los niños que jugaban en las calles y a hermosas señoritas desconocidas para robarles una sonrisa coqueta y así seguir su camino. Y en sus ires y venires se topó con una calle que tristemente le resultaba familiar, gris y cubierta por la fría; era precisamente en esa misma calle donde había sucedido todo.
Respiró profundo y con paso solemne, lento y seguro se aventuró por la calle que sentía angosta y hasta cierto punto hostil, pero decidido siguió su camino, entró a una tienda y compró un cigarrillo; lo disfrutó al máximo y lo terminó al punto de haber llegado al final de la calle.
Y creyendo ver un espejismo vio sentada en una banca a una chica hermosa, medio ángel, medio demonio que por mucho tiempo fue el verdugo de sus sueños; la encontró como perdida en sus propios recuerdos y atacada por una lluvia fría e invisible que hacía más pesado su espíritu maltrecho mientras pensaba en alguien que acabó con sus ilusiones. Como pudo se acercó a ella, y a modo de expiación, la saludó de la manera más gentil que pudo para luego invitarla a tomar algo en el café de la plaza.
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Escucharon y Hablaron
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Temas: Amor, aniversario, despedida, fantasma, Felicidad, Kuroko, soledad
El ruido del jardín lo despertó; los pájaros cantaban mientras podía escucharse a lo lejos el bullicio de la gente en el parque cercano. Vio que el reloj marcaba pasadas las diez y sabiendo que no podría volver a dormir decidió que dar una pequeña caminata le ayudaría a despejarse un poco.
Bajó a la cocina y se preparó un sándwich ligero que lo acompañó con un jugo de naranja instantáneo; lavó y ordenó lo poco que había utilizado y luego de arreglar dos o tres cosas más subió para arreglarse y salir a caminar. Encendió la radio y las notas parecían no producir efecto en él; sin inmutarse entró a la ducha mientras la música inundaba la habitación. Se bañó de manera mecánica; últimamente las cosas le parecían simples, vacías. Se arregló de manera informal y tomando su teléfono móvil y billetera se dirigió al parque.
Cuando llegó pudo ver que todos los juegos estaban repletos, niños, parejas, familias iban y venían por todas partes; incluso ese paisaje tan colorido no hizo mella en su carácter, compró un refresco en botella y decidió llegar hasta el lago que se encontraba en la parte más alejada del parque, solía ir allí cuando buscaba pasar un rato solo con sus pensamientos; caminó y vio sentada en una banca a una joven que se entretenía leyendo un libro y perdiendo la vista a lo lejos en el lago.
Se detuvo por un instante mientras veía a la muchacha, llevaba esas faldas y blusas tipo hippie, unos lentes y el cabello suelto que lucía con cierta coquetería; cerró los ojos un momento esperando que al abrirlos esa imagen no desapareciera como los espejismos del desierto.
Con paso indeciso decidió acercarse a la muchacha, intentando no hacer ruido para no asustarla; de un momento a otro ella miró por donde él venía y luego de una fugaz sonrisa apenada volvió a bajar la cabeza y se concentró nuevamente en su libro. Sintiéndose como un niño pequeño que habla por primera vez con esa niña que le gusta caminó hacia donde ella se encontraba y tomando todo el valor que pudo dijo:
– Hola, ¿Qué tal el día? – ella alzó la mirada y volvió a sonreír. Estando frente a ella pudo ver que sus ojos eran transparentes y su sonrisa sincera que le daban a su cuerpo un aire casi celestial. Supo en ese momento que no querría buscar a nadie más; estar junto a ella le devolvería el sabor y color a la vida y sabía que sería capaz de hacer hasta lo imposible para hacerla verdaderamente feliz. Y desde ese momento todo fue diferente.
Cuando se despertó no podía creerlo, tenía las alas más hermosas que jamás había visto; eran blancas, enormes, hermosas, fantásticas, unas alas como aquellas que recordaba de los libros ilustrados que tenía de niña y leía todas las noches antes de dormir.
Ese siempre fue su deseo; y aunque fuera imposible, pedía lo mismo una y otra vez todas las ocasiones que alcanzaba a ver una estrella fugaz desde la ventana de su habitación o cuando podía atrapar una dama de algodón cuando paseaba su soledad por la ciudad y los campos. Y por fin su deseo se había cumplido, tenía las alas más hermosas que jamás había visto o podía recordar.
Lo primero que hizo fue extender las alas para contemplarlas con atención y al verlas desplegadas se imaginó como un hermoso ángel de los tantos que adornaban sus libros ilustrados; alas que acompañaban a un cuerpo delicado de cabello negro e intrigantes ojos café.
Batió un poco las alas para reconocerlas y luego decidió ascender poco a poco venciendo el temor inicial a lo desconocido; la satisfacción era tal que de un momento a otro se encontró volando entre las nubes y las aves que siempre seguía con la vista.
Desde lo alto pudo divisar el árbol al que siempre se recostaba a contemplar el paisaje o leer un libro acompañada de su soledad, el camino por el que ponía a viajar sus pensamientos y todos los pasajeros de sus sueños deseos e ilusiones; mientras veía todo eso sentía como todos sus problemas y temores iban quedando tan abajo que parecían desaparecer y comenzó a sentirse feliz y satisfecha nadando en ese enorme cielo azul.
Sintiéndose libre por primera vez llegó hasta lugares que jamás hubiera podido imaginar, viendo cosas sorprendentes y personas fantásticas. Con sus nuevas alas fue y vino por donde quiso; y cuando al comenzó a sentir cansancio luego de tan monumental viaje decidió volver a la ciudad, aterrizó en la plaza central y en la mesa de siempre del café de siempre tomó la bebida de siempre como cada vez que salía a recorrer las calles con su soledad.
Cuando terminó su café comenzaron a salir las primeras estrellas de la noche; y entre ellas pudo ver otra estrella fugaz, pensó rápidamente todo lo que podría pedir pero finalmente se decidió y deseó que sus alas jamás desaparecieran; y como si hubiera sido escuchada, la estrella comenzó a brillar tan fuerte que tuvo que cerrar los ojos. Cuando los abrió nuevamente se encontraba acostada en su habitación.
El día pintaba normal. Decidió arreglarse y salir a dar una pequeña vuelta por la plaza central acompañada de su soledad como cualquier otro domingo, pero al salir a la calle y mirar hacia el cielo recordó la sensación de tener alas y desde ese momento todo parecía totalmente diferente; el cielo no parecía tan gris como lo recordaba y su soledad era más amena. Dio gracias por otro sueño cumplido y partió a ver qué cosas nuevas podría descubrir, ésta vez con los pies sobre la tierra.
La ventana de la habitación estaba abierta de par en par. La noche era fresca y el viento traía el rumor de la algarabía que se formaba en la plaza del pueblo; la música de tambores, gaitas y flautas se mezclaban con las risas, gritos y palmas de los danzantes, mientras las tarimas se llenaban de disfraces y comparsas.
Ya no podía esperar más, tomó la máscara que completaba su disfraz; la admiró por unos instantes en silencio, lentamente la puso sobre su rostro como cumpliendo con un sagrado ritual y como un rayo bajó y se mezcló entre el bullicio y la gente. La alegría brotaba por todo su cuerpo; gritaba, cantaba, aplaudía y danzaba como el que más. Ésta era su noche, su única noche, la última noche de Carnaval.
Las primeras luces del amanecer indicaban que el final de las fiestas se acercaba; las bandas y las orquestas comenzaban a tocar los últimos acordes mientras las parejas improvisadas no daban señales de cansancio y la felicidad seguía a flor de piel en los participantes y espectadores.
Unas horas más tarde todo había concluido. Mientras la plaza principal se vaciaba poco a poco y solo quedó como recuerdo de una noche fantástica la basura que dejaron los disfraces, la bebida y comida de todos los presentes él caminaba nuevamente a su habitación.
Cuando finalmente llegó, cansado y sudoroso, retiró su traje y la máscara con la misma solemnidad con la que se lo puso la noche anterior; y luego de poner todo a un lado de la cama se acostó desnudo y contemplando la tranquilidad y el silencio de la habitación se durmió. Y en ese momento fue verdaderamente feliz.
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Escucharon y Hablaron
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Temas: Carnaval, Cuentobreve, Felicidad, Kuroko, Máscaras, vacío, Verdad
– ¡Ahí estás otra vez! – gritó ella al levantar la vista y sus ojos volvieron a encontrarse. La veía callada e inmóvil como una muñeca de porcelana; y verdaderamente podría ser confundida con una preciosa muñeca de piel blanca y suave como la seda, cabellos tan negros como azabache e infinitos ojos azules tan puros como las diáfanas aguas de aquellas playas paradisíacas que recordaba haber visitado de niña.
– ¿Por qué apareces nuevamente para atormentarme? ¡Te detesto, no sabes cuanto te detesto! – le repetía una y otra vez mientras no podía evitar mirar esa figura perfecta que desnuda mostraba unos rasgos delicados y unas curvas que harían sonrojar a cualquier espectador que hubiera presenciado tal escena. Mientras se observaban recordó la primera vez que se vieron cara a cara, igual que aparecían las notas en su eterno diario podía ver todos los momentos que pasaron juntas; pero esa historia feliz había llegado a su fin.
Con el tiempo su presencia se hacía cada vez más pesada y problemática, ya no soportaba verla y le hería profundamente verla tan inmutable y callada; la princesa que la acompañaba en sus recuerdos se había convertido, sin saber como ni cuando, en un fantasma que acechaba en sus sueños y se escondía tras las sombras.
– ¿Por qué simplemente no desapareces? Todo se ha vuelto difícil desde que estás: las miradas, las relaciones, amigos, amigas, parejas… ¡Todo es más complicado desde que estás aquí! – Le repetía mientras el rostro le cambiaba de color.
Y su compañera callaba.
– ¡Di algo! ¡Por lo menos ten la decencia de responder a lo que te pregunto! ¡Eres de lo peor! – Era lo único que podía decir.
Y su compañera solo callaba.
– ¡Ya me cansé de ti, no quiero verte más! ¡No sabes cuanto desearía que tú, señorita perfecta, desaparecieras de mi vida! Si no existieras, si no estuvieras yo podría ser otra persona; ¡podría ser libre! ¡Podría ser feliz! ¡Tan solo si no estuvieras aquí! – gritaba mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.
Y su compañera solo callaba y la miraba.
– ¡Ya no lo soporto más! ¡Solo quiero que desaparezcas y me dejes vivir tranquila! – lo dijo con las últimas fuerzas que le quedaban. Y haciendo un último gran esfuerzo tomó el joyero que tenía a la mano y se lo lanzó como único salvavidas a su desesperación.
Y mientras veía caer los fragmentos del espejo sobre la alfombra de la habitación sentía como su propio corazón se destrozaba y cayó rendida sobre la cama, durmiendo en un mar de lágrimas y ahogándose en su soledad.
La vida es como un cuento relatado por un idiota; un cuento lleno de palabrería y frenesí, que no tiene ningún sentido.SHAKESPEARE, William