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7 jul 2011

Todo terminó siendo una historia.

Una historia, todo terminó siendo una historia, eso era lo que repetía mientras sus cosas caían por la ventana del piso 14.

No sabía porqué estaba allí viendo como lo que podrían ser dolorosos recuerdos se estrellaban sobre el pavimento y pasaban a demostrar lo que siempre habían sido, basura.

En medio de ropa, pedazos de losa y unas monedas encontró su dignidad, tomo lápiz y papel, quería decir tantas cosas que después de un par de minutos sólo tenía un par de tachones y pedazos de papel, así que prefirió aclarar su mente y dirigirse lentamente al piso 14, al llegar encontró la puerta abierta y una nota con su letra que le recordó porque estaba allí tan tranquilo, -el mundo será un lugar mejor si no estoy en él - leyó una vez mas antes de cerrar los ojos y arrojarse nuevamente desde la ventana del piso 14.


Ver en cuentos para antes de dormir.

12 dic 2007

El Nudo de Sofía

To-morrow, and to-morrow, and to-morrow,
Creeps in this petty pace from day to day,
To the last syllable of recorded time;
And all our yesterdays have lighted fools
The way to dusty death. Out, out, brief candle!
Life's but a walking shadow, a poor player,
That struts and frets his hour upon the stage,
And then is heard no more. It is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing.

Shakespeare, Macbeth Act 5, scene 5, 19–28

Llovía a las 7:00 AM, tome mi maletín mientras oía a mi esposa lavar platos del desayuno, ni un adiós ni un beso de despedida, solo frialdad y ausencia, solo silencio y distancia, de eso salí acompañado y abrí mi paraguas al saludar al celador, ya mi amigo esperaba en su carro para ir al mismo trabajo, a la misma rutina, al mismo sin sentido de tener que ganarse el pan con el sudor de la frente en una oficina en un edificio, en algún lugar donde sentirnos importantes, donde jugar con el dinero de alguien mas para generarle mas riqueza y mas pobreza, jugar con sueños prestando dinero que nadie podrá pagar.

Y allí estaba, bajo la fría lluvia se mojaba una joven en su uniforme de colegio, la mire y casi me resbalé, ella me miro y sentí su calidez recorrer mi cuerpo, sentí que conocía a esa niña, sentí ganas de volver y masturbarme pensando en ella, pues hoy en día era mejor esconderse en el baño y hacerlo que tener sexo con mi mujer, un tempano congelado por el desamor, por nuestro desamor.

Entre al carro, llegue a mi trabajo y todo sucedió igual, igual, nada cambio, todo es lo mismo, todos los días, ni siquiera el clima, frío y lluvia, ni siquiera la gente, autómatas de risas frías y pendientes de números, autómatas sin sueños ni pasiones.

Era de noche cuando regrese y estaba ella sentada en las escaleras, vestía un jean viejo y una camiseta verde, no llevaba chaqueta ni brasier, no tenia maquillaje y su rubio cabello estaba sin peinar, sus ojos negros me miraron y quede paralizado

- Mi nombre es Sofia - dijo y estiro la mano totalmente seria e inexpresiva

Le dije mi nombre y la toque

- ¿Que haces acá afuera?, hace mucho frio - le dije

- Mis padres no estan, no se ha donde han ido, soy Sofia - dijo nuevamente - vivo encima de tu apartamento, creo que nos hemos visto antes

- Si, creo, no te puedes quedar acá, sube, mi esposa te preparara algo de comer, hace mucho frio - le dije, algo aturdido

Abri la puerta y todo estaba oscuro adentro, mi esposa solia salir no se a donde, no se con quien, ni me importaba, tal vez esta noche llegara borracha y me la chupará mientras yo intento dormir y se tragará mi semen como para que yo no le pida sexo despues, tal vez se mate en un accidente de transito, me da lo mismo, es igual.

Le explique a Sofia y le dije que se sentara, que le iba a preparar algo de comer, un sandwich de jamón y queso y un vaso de leche, ella comio en silencio, de repente oi gritos arriba.

- ¿No es de tu apartamento? - le dije

Ella asintio

- ¿Tus padres?

- Si, lo siento, me voy - dijo ella

- No es necesario, esperemos que todo se calme

- Nada se calma nunca, todo siempre es asi, nadie cambia, nadie, todo permanece igual - me djjo

La mire y senti su tristeza, su soledad y quise abrazarla, pero estabamos en la mitad de una ciudad sin corazón, nadie se abraza, nadie se quiere.

Empece a desatar mi corbata.

- ¿Cuantos nudos de corbata sabes hacer? - me pregunto

- Uno

- ¿Me enseñas? - dijo y la vi sonreir

- Claro

Al rato lo sabia hacer

- Ahora yo te voy a enseñar uno a ti, prestame una cuerda - me dijo

Consegui una y empece a mirarla, al rato tenia un nudo para la horca

- ¿Porque sabes hacer ese nudo? - le dije

- Es bonito, algo dificil pero bonito, ademas es tragico, que mas tragico que aquello que haces para a muerte, eso que toma nuestra vida y se la lleva... me gusta pensar en este nudo, me gusta - contesto mirandome fijamente

La mire un rato mientras ella se ponia de pie, el piso de arriba estaba en silencio.

- Me voy - dijo

La vi partir mientras yo me arropaba con mi soledad, me refugiaba en mi desencanto y me escudaba tras mis sueños rotos.

Me desperte al día siguiente mientras mi esposa roncaba, al rato estaba anudando mi corbata y vi el nudo de Sofia, lo toque y me imagine que era su piel, una piel que duele y palpita, una piel suave y de rosas, una piel.

Sali presuroso y me cruce en las escaleras con dos policias, abajo vi las luces de una ambulancia y el portero me miro preocupado, lo mire sin preguntar nada.

- La niña del segundo piso, se ahorco anoche en su habitación.

La sensación de ese momento no la puedo describir en palabras, tal vez deberia dejar esta historia hasta acá, porque seguramente quien me lea no podra entenderme, entender lo que despues me dijo el celador, entender como senti que Sofia, colgada de alguna viga de su apartamento me parecio valiente y soñadora, que su felicidad inalcanzable le habia llegado, que su color morado y su lengua afuera, tal vez no demostraran su estado de conciencia, su sueño realizado y el escape a una muerte eterna, una muerte en vida, una muerte que significa el vivir vacio.

- Dejo una nota, decia: Por la ausencia - me dijo

Ese día fue igual, nada cambia, nada, el mundo gira y nosotros con el, cuando llegué a mi oscura casa esa noche me senté frente a mi computador y empecé a escribir esto, descubrí que yo no quiero girar, que me quiero quedar, que la ausencia de Sofia es mi ausencia, que este nudo, el nudo que ella me hizo, es mi escape, mi adios y mi bienvenida, mi muerte y mi vida, que en algún lugar mas alla del tiempo yo la vere sonreir y no habras mas vacios, solo felicidad.

No me despido de nadie, solo de mi mismo.

5 dic 2007

Sin Título

Sentado en estado de letargo, sexy y barrigón, con maletín de cuero en mano derecha y pucho de canela en los secos labios. Trasnochado, desesperado, en sala de espera y con el alma a ritmo de hilo dental. Colonia de alcohol de menta sobre su peludo pecho, zapato mocasín con moneda falsa en su lengüeta, mirada de niño de colegio sobre la nariz, párpados manchados de noches de fuga y almohadas húmedas, pantalón largo, blanco, viejo y sucio, camisa guayabera azul con los tres botones iníciales sin adjuntar, todo un modelo de polideportivo local.

Sentada en estado desesperación, sexy y delgada, con blusa azul sin lavar, sandalias color dorado al borde de la cama, cabello sin cepillar, ondulado de tanto halar contra su nuca, frente con marcas de acné y sin ser levantada, nariz con manchas de sangre, senos caídos por la violencia de la soledad, piernas sin tres días de depilación, desnuda y sin amante que la abrace se estira lentamente sobre un juego de sábanas grises que han servido como altar en un cortejo de cabras y bueyes.

Cualquier octubre sirve de ocasión para cualquier transeúnte que al dejarse tentar por una tarde de café con amigos se desvive por hablar en ocasiones más allá de lo que la conciencia le reprocha, sirve para caminar en centros comerciales y antojarse en las vitrinas de los centavos que visten y muelen a los maniquís, yeso molido o yeso moldeado sirve para lo mismo, para colgar ropa en vitrinas. Con su maletín, después de comer y beber se dispone a caminar tras rejas de decepción, se concentra en esquinas, se acomoda en bancas, se pavonea en almacenes de ropa, se expone ante la indignación ajena con su glorioso atuendo, le suda cada axila al ritmo de la respiración, se le brota la quijada de aquel néctar lleno de grasa consecuencia de una mala alimentación, se entrega en pasillos sin virar a un lado o a otro para sumergirse en esas soledades que su dinero y su simbólica presencia le permiten. Un vigilante de seguridad, sujeto de corbata y camisa del mismo color pero con tonalidades diferentes revisa los pasos del caballero aquel, le saluda con la amabilidad del vecindario, le brinda un espacio en la fila de sustitutos y le propone tomar la caja rápida.
Lento, lleno de sudor y con un brillante reloj rodeado de bellos en la muñeca entrega el maletín al joven cajero del Banco, sí, del banco. Revisa el conteo de billetes y sonríe con un placer propio de jóvenes y criminales, se desvive por llegar a la cita pactada, inclusive insiste al joven cajero apurar su conteo y su respectivo ritual de aprobación, como siempre, una papeleta llena de sellos y firmas da constancia de un negocia aprobado, le permite dar paz al transeúnte sexy y barrigón, quién apresurando el paso retorna a su nostálgica travesía, allí, donde la nostalgia alquila un techo para hacer de la suyas lo esperan dos morenos, uno mueco, uno flaco de estatura promedio, una rubia de senos copa D y un pequeño aprendiz de marihuanero, todos juntos haciendo oda al crimen organizado, a esas familias que sólo viven para matarse entre ellas, con ansiedad y bravura le esperan.

Cae el sol con la misma depresión con que la blusa azul fue sometida al sudor de un cuerpo mal elaborado, mal administrado y dejado en condiciones llenas de cerveza y tabaco, nuestro caminante hace presencia en una casa de dos pisos, vieja, fea y en mal estado, ansioso por encontrar a sus jueces entra desesperado para dar constancia de que el pago se ha efectuado de manera provechosa y ausente de sospecha, lastimosamente y para su débil estado de gracia sólo encuentra, en la habitación, al fondo, sin ropa, con uñas postizas, las sandalias al lado de la puerta del baño, la blusa bajo el borde de la cama, dos copas aguardienteras en el suelo, un cenicero lleno de colillas, un cabello maltratado y con rasgos de sangre, una mujer no mayor a los dieciocho marzos de existencia, con el tabique señalando al occidente, con la mirada buscando la paz eterna y el pulso sanguíneo estancado en un hematoma propio de un artista, creado para dejar huella y manchar conciencias.

Sexy y barrigón, arrodillado y con el rostro frente a frente con el suelo, con la quijada temblando y las rodillas vibrando de odio y dolor. Había olvidado que la Ausencia del tiempo era más peligrosa que la presencia de billetes y esperanzas, el pacto se había cerrado trece minutos atrás con la muerte de su pequeña hija, los captores, al no recibir noticias del pago sugerido y viendo la tardanza del barrigón transeúnte dejaron en el filo de la muerte la decisión de cerrar toda posibilidad de canje y esperanza.

Sólo aquellos que sufren la ausencia del tiempo en esos pasos que de transeúntes vuelven sedentarios, comprenden el valor de la ausencia y sus excesos, excesos que siempre son sinónimo de dolor y sufrimiento.

FIN.

3 dic 2007

Palabra nueva...

¡¡Ahora sí escribo!!!
Se acabó la universidad por el semestre.. Y por cierto me fue bien; así que acá dejo la palabra que tengo pensada:

Ausencia

Si ya está, me avisan a ver si la cambio.