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24 ago 2007

De aquellos que fueron antes que fuésemos nosotros

Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, habitaba la tierra una raza de seres conocidos como humanos.

Bellos, los mas bellos e inteligentes entre todas las criaturas sobre la tierra, los humanos se diferenciaban de todas las demás especies porque tenían la capacidad de soñar. Durante miles de años, sin saberlo, los hombres visitaron en sueños el mundo que está mas allá de lo material, y allí tuvieron contacto con los dioses y fueron inspirados por ellos. Maravillados por la belleza del indescriptible mundo habitado por sus creadores, los hombres crearon el arte, y a través del arte, el mundo también fue bello.

Pero eventualmente, con ayuda del Tiempo y la Curiosidad, descubrieron los humanos una manera de manipular las leyes de la naturaleza para su beneficio, y fue suficiente para ellos el saborear el ser tan poderosos como los dioses para que la investigación de esto a lo que llamaron ciencia se tornara en una obsesión. Fue entonces cuando de manera infantil e irresponsable, centraron sus esfuerzos en construir armas tan poderosas como cientos de soles, y lentamente, hicieron a un lado el arte y la fantasía y la imaginación, y dejaron de soñar.

Los pocos que aun se aferraban al mundo de los sueños trataron de advertir a los demás del peligro que significaba para todos el tratar de emular a los dioses; pero sus palabras fueron disipadas por los fulminantes bramidos de cientos de horribles ángeles de acero. Y no fueron mas los sueños sueños de universos dorados y hermosas criaturas mágicas, mas sueños de sangre y muerte, sueños oscuros en los que visitaban un mundo prohibido, distinto al mundo en que habitaban sus creadores. Y fue asi que seducidos por engañosas promesas de inmortalidad y poder, los humanos usaron sus poderosas armas en contra de si mismos, y todo aquello por lo que habían luchado, sufrido y anhelado, se desvaneció en un instante solitario, un minúsculo punto en la eterna vida del Tiempo. Los humanos, criaturas bellas y privilegiadas, las únicas con la capacidad de soñar, desaparecieron para siempre.

No queda ya mas prueba del efímero paso de los humanos por la tierra que dispersas e indescifrables muestras de su arte, y solitarias edificaciones en ruinas abandonadas por el Tiempo. Mas sostienen algunos que hay quienes al internarse lo suficientemente profundo, profundo dentro de estos sitios matizados con el canto de la Muerte, son llevados a la locura por los desgarradores gritos de fantasmas humanos, que imploran desesperados que no repitamos sus mismos errores.


***

30 jul 2007

La flor de 4 centros y un corazón

"La perfección no existe,
pero sígue la voz del corazón
este nunca se equivoca

y siempre te lleva a un lugar mejor"


Valeria era artesana, una doncella muy particular, leal y sincera de corazón que fabricaba alegrías y sueños con sus manos.

A pesar de su belleza era una mujer sola que no había conocido aún eso que algunos llaman el verdadero amor y aunque tenía muchos amigos, era de pocas amigas, ya que consideraba que las mujeres de esa vereda no tenían mucho tema de conversación.

Un buen día, a su tienda de curiosidades llegó una anciana, su rostro no era familiar para nuestra heroína, pero algo en su interior se movió, y con esa calidez que la caracterizaba la atendió sin prestar mucha atención a su sensación, se acercó a su peculiar cliente, "buenas tardes, en que le puedo ayudar?" suavemente dijo y sonrió.

La anciana le respondió que deseaba que fabricara una rosa pero que por favor siguiera las indicaciones que le daría al pie de la letra porque no era una rosa común, esta rosa era un encargo muy especial de un corazón cuyo dueño se había vuelto sordo con el paso del tiempo y por esta razón no conocía el amor.

La rosa, decía la anciana, debe ser roja como la pasión, debe parecer de 4 centros, pero en realidad uno solo será su corazón será única en su especie y necesitará toda tu devoción. Al fabricarla sólo debes pensar en cosas agradables, nada que ensucie tu corazón.

La doncella, con esta última indicación entristeció.. en el fondo sabía que no podía cumplir con el encargo de la anciana pues en su mundo, la luz que irradiaba se apagaba poco a poco desconociendo de esto la razón... y aunque por largas horas se sentaba sola en su dormitorio buscando las respuestas a esta situación no podía encontrar ni una pista que la guiara a la solución....

La anciana, enfáticamente aclaró "vengo desde muy lejos, y conozco tu fama todo lo que tocas alegra el corazón así que no me iré del pueblo sin que fabriques la flor"

La artesana, salió al patio buscando el modelo de esa flor y para su sorpresa vió que todas las flores tenían un solo centro que era el corazón, sin saber porque pensó en el egoismo y regresó al salón notó que las flores no eran tan rojas como la pasión habia azules para la tranquilidad, amarillas para la amistad, blancas para la pureza, hasta verdes para la esperanza, y varios colores más.

Al ver que la rosa no existía, sentada en su escritorio trató de diseñar pero debido a su mente en blanco, no se podía inspirar. Y aunque la anciana le había recomendado que antes de trabajar saliera un rato a pasear, ella por su terquedad prefirió quedarse a trabajar alegando que la felicidad de su cliente no podría esperar...

La anciana susurró algo referente a comprender el porque de su soledad, indicando el camino a la puerta, no hizo falta rogar; en el fondo nuestra amiga sabia que eso era lo que necesitaba en verdad.

Al salir vió nuevos colores, gente nueva en la vecindad sin saber porque, esto hacía que poco a poco la rosa se dibujara en su interior; en eso se acercó un joven apuesto, de tez clara, cabellos abundantes, brillantes y negros como el carbón, alto, fornido, inteligente, agradable y al parecer de buen corazón, rodeado de mujeres que lo admiraban, amablemente la invitó a jugar, en sus manos tenía una pelota y dos artefactos más ella aceptó sintiendo una paz que no podía explicar.

En la alegría del juego tuvo una visión, la rosa más hermosa de 4 centros tenía la forma de un corazón, preguntó al joven si podría esperarla y este entristeció.

Al ver un carruaje plateado acercarse al lugar, ella comprendió y se despidió no le pidió que se quedara, quizá este seria su error...

Valeria ingresó a la tienda y terminó la flor pero la anciana no estaba, y en una nota que dejó escribió: "Es bueno hacer felices a quienes quieres, pero no olvides escuchar tu corazón, soy tu angel de la guarda y vine a decirte que vivas cada momento con emoción, no le temas a la vida y mucho menos al amor, la perfección no existe, pero sígue la voz del corazón este nunca se equivoca y siempre te lleva a un lugar mejor"

25 jul 2007

Revelación

Cuando se despertó no podía creerlo, tenía las alas más hermosas que jamás había visto; eran blancas, enormes, hermosas, fantásticas, unas alas como aquellas que recordaba de los libros ilustrados que tenía de niña y leía todas las noches antes de dormir.

Ese siempre fue su deseo; y aunque fuera imposible, pedía lo mismo una y otra vez todas las ocasiones que alcanzaba a ver una estrella fugaz desde la ventana de su habitación o cuando podía atrapar una dama de algodón cuando paseaba su soledad por la ciudad y los campos. Y por fin su deseo se había cumplido, tenía las alas más hermosas que jamás había visto o podía recordar.

Lo primero que hizo fue extender las alas para contemplarlas con atención y al verlas desplegadas se imaginó como un hermoso ángel de los tantos que adornaban sus libros ilustrados; alas que acompañaban a un cuerpo delicado de cabello negro e intrigantes ojos café.

Batió un poco las alas para reconocerlas y luego decidió ascender poco a poco venciendo el temor inicial a lo desconocido; la satisfacción era tal que de un momento a otro se encontró volando entre las nubes y las aves que siempre seguía con la vista.

Desde lo alto pudo divisar el árbol al que siempre se recostaba a contemplar el paisaje o leer un libro acompañada de su soledad, el camino por el que ponía a viajar sus pensamientos y todos los pasajeros de sus sueños deseos e ilusiones; mientras veía todo eso sentía como todos sus problemas y temores iban quedando tan abajo que parecían desaparecer y comenzó a sentirse feliz y satisfecha nadando en ese enorme cielo azul.

Sintiéndose libre por primera vez llegó hasta lugares que jamás hubiera podido imaginar, viendo cosas sorprendentes y personas fantásticas. Con sus nuevas alas fue y vino por donde quiso; y cuando al comenzó a sentir cansancio luego de tan monumental viaje decidió volver a la ciudad, aterrizó en la plaza central y en la mesa de siempre del café de siempre tomó la bebida de siempre como cada vez que salía a recorrer las calles con su soledad.

Cuando terminó su café comenzaron a salir las primeras estrellas de la noche; y entre ellas pudo ver otra estrella fugaz, pensó rápidamente todo lo que podría pedir pero finalmente se decidió y deseó que sus alas jamás desaparecieran; y como si hubiera sido escuchada, la estrella comenzó a brillar tan fuerte que tuvo que cerrar los ojos. Cuando los abrió nuevamente se encontraba acostada en su habitación.

El día pintaba normal. Decidió arreglarse y salir a dar una pequeña vuelta por la plaza central acompañada de su soledad como cualquier otro domingo, pero al salir a la calle y mirar hacia el cielo recordó la sensación de tener alas y desde ese momento todo parecía totalmente diferente; el cielo no parecía tan gris como lo recordaba y su soledad era más amena. Dio gracias por otro sueño cumplido y partió a ver qué cosas nuevas podría descubrir, ésta vez con los pies sobre la tierra.

24 jul 2007

Bendita Costumbre

...Me senté a recordar aquellos sueños que habíamos tenido juntos y que hoy ya no están; que hoy no hacen parte de nuestras vidas, ni de nuestra historia.

...Y mi bendita costumbre de analizarlo todo me llevó a preguntarme:

En qué fallamos?



...Y llegué a la conclusión que durante un tiempo siempre fuimos nosotros los que sostuvimos el amor.. y cuando quisimos que el amor nos sostuviera.. se nos acabaron los sueños.

Cometa

Lo escribi para mi blog hoy y cuando lo termine me di cuenta que tenia la palabra "Sueños" por todos lados y aunque mas que ser un cuento es una cronica personal, pues aqui esta:


It
's summer, I can taste the salt of the sea

There's a kite blowing out of control on the breeze
I wonder what's gonna happen to you
You wonder what has happened to me...


Alguna vez, cuando tenia 12 años, me caí del techo de la casa de mis padres y me partí mi brazo izquierdo.

Pero eso no es lo que quiero contar, porque ese fue un momento doloroso y allí arriba también fui feliz muchas veces, allí pase incontables tardes de ociosas vacaciones mirando el hermoso cielo azul de una ciudad que empezaba a crecer, allí los domingos cuando todo estaba en silencio y Junior jugaba en el Romelio Martinez lleno alcanzaba a oír el rugido de gol.

Había días de refrescante brisa que olía a árbol de almendras en los que mi hermano y yo nos subíamos a volar cometas que comprabamos en la tienda del cachaco de la esquina, siempre les molificábamos algo y al rato las veíamos compartir felicidad con las pocas aves que volaban alto, con manadas de periquitos que ya no visitan mi cielo, con goleros negros que buscaban comida, con el mismo sol y las nubes. Esa felicidad también era nuestra, la felicidad de dominar un poquito del rebelde viento y sin mas cumplir el sueño de volar a través de un hilo que nos unía con la que para nosotros era la dueña de la eternidad y las alturas.

Pero el tiempo pasó y uno dejó de mirar el cielo con los ojos de niño dispuesto a sorprenderse, a uno le llega la terrible madurez y los sueños, que son eternos, se esconden en el lugar mas perdido del corazón, reprimidos y lloran esperando un regreso que para algunos jamas llega.

Pero a mi me llego.

Mi hijo un sábado por la tarde en la que yo veía Televisión o perdía el tiempo en Internet me alargo una vieja cometa, la había encontrado en casa de un tío y me dijo: ¿, tu sabes volarla?, yo conteste que hacia 20 años que no lo hacia, pero en ese momento todo volvió a mi, la ilusión de ser niño y ser feliz con las cosas simples del mundo, la ilusión de ser el amo del viento.

La limpie, le agregue algo mas de cola y nos fuimos para un parque, mis sueños no me dejaron olvidar, porque se los dije: Los sueños son eternos.

Allí volamos una cometa y es curioso, fui mas feliz cuando mi hijo la volaba el solo, cuando miraba el cielo con los ojos fijos en su ave artificial, no pude evitar saber que somos eternos a través de nuestros hijos, que nuestros sueños no mueren con nosotros ni con el tiempo.

Mis sueños no se guardaban en mi corazón, se guardan en el viento.

*Canción recomendada para hoy: Kite - U2

23 jul 2007

ANIVERSARIO

...he soñado que llamabas a mi puerta un poco tensa y con las gafas empañadas. Querìa verme bien y fue la vez primera que sentìa que sabias como te añoraba. Y me abrazaste mientras te maravillabas, de que aguantara triste y casi sin aliento, hace ya tanto que no estamos abrazadas y en silencio me dijiste....lo siento....


Todas las noches se encontraban en sueños. Mónica se acostaba sin falta a las 9:30 de la noche. No importaba si era un fin de semana o un día corriente de trabajo. Todos los días a esa hora tenia la cita más importante……..en su sueño se encontraban.

La cita de hoy era especial. Mónica se puso su vestido negro y aguardó sentada en la sala de su casa. Tal vez, por ser ese día se encontrarían más tarde. Mónica estaba impaciente. Despertó. Miró el reloj y eran las 11 de la noche, era demasiado tarde para que no hubiese llegado su cita. Aún así, se paró de la cama, tomo un poco de agua y volvió a acostarse. Tal vez, sólo tal vez, la ansiedad de no encontrarse, de que el sueño fuera tan profundo que la dejara sola en esa fecha, justo esa noche, no le permitía conciliarlo.

Mónica daba vueltas en la cama, se paraba, caminaba. Mónica fumaba, no quería que acabara la noche, esa noche tan especial, pero trágica donde la cita era un asunto obligatorio. Dieron las 2, las 3 y casi las 5 de la mañana cuando Mónica concilió el sueño. Como siempre y nuevamente se colocó su vestido negro, se sentó en aquel sofá de terciopelo morado lleno de cojines de colores y aguardó. Podrían haber pasado unas dos horas, y ni el timbre ni el teléfono sonaron.

Bibib bibib bibib……….A las 9 de la mañana, el despertador sonó y Mónica se levantó sobre saltada. En su rostro aún quedaban rastros de unas cuantas lágrimas. Se levantó, se lavo el rostro, y aun empijamada regresó a su cuarto, miró el calendario, con la mirada un poco nostálgica, perdida, un tanto decepcionada y tachó: 24 de Noviembre – 5 aniversario de mamà!.

18 jul 2007

El que vigila desde los sueños

1.
Hace algunos años, la mayor preocupación en mi vida era el Diseño Precolombino, nada más que un requisito académico que quería dejar atrás. La estructura curricular de mi carrera sólo permitía tomar ciertas asignaturas en determinados períodos del año, pero mi tenaz insistencia convenció a la Universidad de la urgencia de cumplir con ese requisito concreto, asi que, dada la ausencia de docentes cualificados en el tema, terminé en el fondo de una oscura, fría y polvorienta bodega del Museo Arqueológico bocetando a lápiz y clasificando los hallazgos más recientes.

Durante los casi tres meses que duró mi trabajo pasaron por mis manos cerca de cincuenta piezas, la mayoría en cerámica, algunas en piedra, y una muy extraña. Se trataba de una figura tallada en piedra a partir de un paralelipípedo de cerca de quince centímetros de alto y con una base cuadrada con lados de siete centímetros. La Facultad de Geología fue incapaz de identificar el duro y traslúcido mineral negro sobre el que la figura estaba tallada.

Un par de semanas tras la llegada de la pieza al Museo, el primer intento de robo en más de veinte años de existencia de la pequeña pero significativa colección dio como resultado un par de vidrios rotos y una puerta de la bodega forzada. Pero los ladrones ignoraron por completo la colección de cerámica precolombina, e incluso pasaron por alto la vitrina con las piezas de oro, únicas que el Banco de la República permitía tener en custodia, siempre bajo su vigilante y estrecha supervisión.

La prensa local se limitó a decir que los ladrones no habían sustraído nada de valor. Sospeché que no se llevaron nada porque lo único que les interesaba tal vez estaba, ilegalmente, lo confieso, en mi poder. La pieza tallada en piedra negra reposaba en ese momento en mi propio estudio, mientras trataba de realizar una reproducción tridimensional de mi hallazgo favorito.

Una vez terminado el modelo, lo publiqué en cierta página web dedicada a hechos extraños. Un tal Profesor Daniel Thurston, en los Estados Unidos, me envió un correo bastante cortés preguntándome, con crasa curiosidad mezclada con sutil desconfianza, si se trataba de un objeto auténtico. Impresionado por los títulos con que acompañó su nombre en el correo electrónico, acepté enviarle las fotografías que usé para la elaboración del modelo digital.

Una vez cumplido el requisito académico y devuelta la estatuilla a su estante en la bodega, rompí cualquier relación posterior con el Museo y retomé el alegre y despreocupado ritmo de mi vida de estudiante.

Justo cuando el semestre estaba terminando, una noche en que me preparaba para salir a festejar precisamente ese magno hecho con el resto de la “pandilla”, recibí la contestación del Profesor Thurston, que reproduzco en español, en versión libre:

“Muy estimado amigo:

Con sinceridad espero que sus deberes académicos no le obliguen más a tener contacto con esa espantosa muestra de un horroroso pasado que la humanidad debería olvidar.

El por qué de la presencia de ese objeto repulsivo al lado de las encantadoras y hasta inocentes muestras del arte de los pobladores humanos originales de su bello país seguirá siendo un misterio, que ni usted ni nadie debería tratar de resolver. Muchos años de experiencia y la curiosa, por decir lo menos, historia de mi familia, me han enseñado que el Universo está lleno de preguntas cuya respuesta sólo puede acarrear muerte, locura, o un destino tan siniestro que no existen, en las lenguas de la humanidad, palabras para describirlo.

No pretendo, de ninguna manera, asustarle. Pero es mi deber advertirle que el contacto con ese objeto blasfemo es fuente de males sin nombre. Como el último integrante de una familia literalmente devastada por ese mismo mal, le suplico encarecidamente que suspenda todo interés por el objeto. Destruirlo sería, de hecho, lo mejor que se podría hacer con él, pero sospecho que eso esté lejos de sus capacidades, o de las de cualquier ser humano de nuestra época.

Sé perfectamente que mi sinceridad o mi cordura quedan bastante en entredicho por causa de este mensaje. Pero no me importa. Tengo un deber con la humanidad entera y por este medio hago lo posible por cumplirlo.

Para finalizar, debo agradecerle inmensamente. Su mensaje y las fotografías que lo acompañan han constituido para mí, aparte de inenarrable horror, un profundo alivio, al constituirse en pruebas irrefutables – al menos para mí – de que la trágica historia de mi familia, en algún momento etiquetada como la “terrorífica fantasía de un escritor demente de Nueva Inglaterra”, no es más que la pura verdad. Si mi tío Francis Wayland Thurston y el memorable Profesor Angell vivieran, seguramente unirían sus agradecimientos a los míos, por confirmar que todo el horror que llegó a causar sus muertes fue real y no el fruto de mentes calenturientas y enloquecidas.

Es irónico que deba agradecerle por todo el terror que sus mensajes han traido a la vida de este pobre anciano, pero al menos ahora tengo la certeza de mi propia cordura y de la cordura de mis ancestros. Ya no me importa la reputación de mi familia, pues sé que está limpia.

Suyo en la esperanza de que los Dioses Arquetípicos impidan el regreso del horror,

Daniel Thurston
Profesor Emérito
Facultad de Antropología
Universidad de Miskatonic”

Un par de días más tarde intenté responder al Profesor Thurston solicitándole y hasta exigiéndole más detalles, pero nunca respondió. Sólo meses después recibí una breve nota de una tal Doctora Virginia Whateley, de Arkham, Massachusetts, donde me anunciaba la muerte del Profesor Thurston tras una angustiosa dolencia nerviosa, y aclarando que se tomaba el trabajo de comunicarme la triste noticia sólo porque el Profesor había mencionado mi nombre varias veces durante su “delirio”.

2.
Años después volví a saber de la famosa pieza tallada en piedra negra. Una foto fugaz en un noticiero de TV anunció que figuraba dentro de un lote de piezas precolombinas capturado en Dinamarca justo antes de que fuera subastado. Estaba perfectamente descrita en un informe publicado por la Interpol:

“Junto con piezas precolombinas correspondientes a la cultura Muisca, se encontró también una estatuilla de procedencia desconocida, elaborada en ónice, de seis pulgadas de alto y dos coma siete pulgadas por dos coma siete pulgadas de base, que representa una criatura mitológica desconocida con cabeza de cefalópodo, alas de quiróptero y garras de felino. Dicha pieza no ha podido ser clasificada pero será procesada junto con el lote Muisca dado que las evidencias apuntan a una procedencia común.”

Las noticias también hablaban de un par de técnicos del Museo Arqueológico que habían renunciado dos años atrás, antes de que se descubriera la ausencia de una significativa parte de la colección. Uno de ellos estaba en España cuando fue capturado por la Interpol acusado de tráfico de patrimonio arqueológico. Murió misteriosamente antes de que fuera procesado.

3.
Sólo volví a visitar el museo mucho después, durante las tradicionales fiestas de la ciudad. En un rincón estaba mi vieja amiga. Sólo que ahora, exhibida sobre un pedestal de madera y con un rótulo al lado ofreciendo en cierto modo disculpas por no saber nada sobre ella e iluminada desde abajo por una luz halógena, me infundió un inexplicable pánico. Tal vez el mensaje del Profesor Thurston me hubiera afectado más de lo que me atrevía a reconocer. Quizá haya sido la visión de esos ojos horribles tallados en piedra negra, que creí ver brillar con un resplandor rojizo a medida que crecían en mi cerebro hasta alcanzar proporciones de locura. Entonces supe que el horrendo Ser representado por la figura sabía de mi existencia, me miraba desde una tumba submarina. Y me llamaba.

Los hombres de seguridad del Museo, junto con los paramédicos, debieron arrastrarme hasta la ambulancia en medio de una violenta crisis nerviosa.

4.
Imágenes de un pasado remoto se han metido de algún modo en mi cabeza. Imágenes de una precisión estremecedora que a duras penas puedo explicar por mis escasos conocimientos precolombinos, y en las que la estatuilla negra tiene un lugar prominente como centro de un ritual salvaje que cada noche termina en sangre y orgía. Cada noche la ceremonia es más violenta. Cada amanecer se alarga en el desesperado intento de no volver a dormir. Cada día se prolonga ad infinitum en la angustia que acompaña el ocaso y la proximidad de los sueños. Y cada mañana crece el horror de las pesadillas, cada vez más vívidas, y en las que, lejos de ser la víctima, soy oficiante de esos rituales inhumanos.

Hace poco hubo un nuevo intento de robo en el Museo. Aunque los medios de comunicación han reportado que los ladrones no se llevaron nada, yo sé lo que un hombre solitario extrajo del recinto.

Estuve a punto de perder el sentido al levantarme esa mañana. A diferencia de las noches anteriores, no había soñado con muerte y sacrificios ni con la salvaje danza alrededor del altar negro en un paraje desolado. Tenía un vago recuerdo de las calles de mi propia ciudad, de pasillos oscuros y puertas que se abrían con sigilo. Por supuesto, la estatuilla estaba presente en el sueño – siempre estaba presente – pero la ausencia de sangre representó un alivio para mí. Hasta cuando miré el escritorio.

Sentí que la estatuilla me observaba, así como en los sueños el Ser que la estatuilla representa me observa desde su tumba; sus ojos repulsivos buscan mi mente y la llenan de horror y sangre, sangre que gotea de la daga de forma inhumana que cada noche empuño para ofrecer nuevas víctimas a la imagen, que reposa en el altar de piedra mientras una enloquecida multidud salvaje y desnuda danza a su alrededor.

Busqué una caja y arrojé la estatuilla en ella, y la empujé bajo la cama mientras encontraba una manera de deshacerme del objeto. Tuve que viajar casi tres horas hasta un sitio donde, creí, podría deshacerme de esa “espantosa muestra de un horroroso pasado que la humanidad debería olvidar”. La arrojé al majestuoso río que, pausado, viaja hacia el norte, hacia el mar inmenso y lejano. La lancé con fuerza, con ira, y con fe en que ninguno de los pescadores volviera a sacarla del agua en su red, o que la corriente no la dejara varada en alguna playa en la que un ser humano la encontrara otra vez. En mi desesperación, deseé fervientemente que, de ser encontrada, todo el horror fuera sufrido por el desgraciado que efectuara el hallazgo, con tal de verme libre de las pesadillas.

Estaba tan cansado que esa noche me quedé en ese cálido y maloliente puerto pesquero, en un hotel de tres al cuarto del que sólo me interesaba que tuviera una cama disponible. Me fui a dormir con la esperanza de que las pesadillas se hubieran ido con la caja arrojada al río.

Iluso: soñé con la luz de la luna reflejada en la superficie de un río majestuoso y plácido, y con seres indescriptibles que con manos escamosas me entregaban una caja medio deshecha, y en una nueva ceremonia alrededor de un altar improvisado en la orilla de ese mismo río. Y, como siempre, era yo el oficiante; fui yo quien cortó, con un cuchillo de extraño diseño, el cuello de una muchacha morena, tal vez la hija de un humilde pescador. Fui yo quien tomó la inocente cabeza entre manos ensangrentadas y la arrojó al río entre salvajes aclamaciones de los demás danzantes, algunos de los cuales no eran humanos.

Desperté bañado en un sudor que nada tenía que ver con el calor pegajoso del amanecer en ese puerto, y sí con el terror de comprobar que la pesadilla en que se había convertido mi vida no iba a terminar nunca.

Me incorporé y me senté en el borde de la cama. Mi pie tocó un objeto metálico, frío, en el piso, que recogí sin mirarlo apenas para ponerlo sobre la mesita de noche. No tuve que buscar el interruptor de la luz para comprobar que se trataba de una daga de extraño diseño y cuya hoja aún tenía manchas de sangre.

Permanecí todo un día acurrucado en un rincón de la habitación, mirando la caja que estaba colocada en el rincón opuesto, al lado de la cama de hierro. Una caja de cartón medio deshecha por el agua, y que en la pesadilla me había sido entregada por manos inhumanas. Sabía lo que había en su interior, por supuesto. No tuve necesidad de abrirla para comprobar la mirada escalofriante de ese ser que en sueños me observa desde su tumba submarina, a mucha distancia de aquí.

También supe todo el tiempo que los gritos y lamentaciones de la gente que recorría las calles del pueblo se debían al hallazgo del cuerpo, decapitado, de una muchacha morena, tal vez la hija de un humilde pescador.

Morir Soñando.

En el lecho tibio descansó su cuerpo. Sobrado ya todo esfuerzo agónico para aferrarse a lo que gira, no supo como su frente perdió el norte y ya todo fue confuso, difuso; sin pies, cuerpo ni cabeza. Las explosiones se escuchaban a lo lejos y las balas parecían cubrir el aire.

De pronto el arrullo y la voz etérea acariciaron sus oídos. La mirada casi maternal y la sonrisa a penas dibujada en su boca carmín y perfecta, fueron imanes que a su alma sacaron del sopor, más el entorno sin tiempo volvía a dar una fría calma, que los músculos por poco se desprenden de sus huesos.

La mano pálida rozó como picaflores de pico gélido a la otra que estaba ya por terminar su ciclo, más nunca esperó que esta entrelazara sus dedos a los suyos, y que la cabeza que descansaba en su regazo se acomodara urgente entre su pechos perfectos, sin edad ni tiempo.

El peso que ahora sostenía con ayuda de sus brazos, bajó un poco la tela que cubría sus hombros de mujer eterna y guardadora de suspiros, haciendo que el hombre tendido que después dejara de existir, muriera soñando con el cuello de la muerte hermosa, rogando morir mil veces más porque esta vez subiría un poco su cabeza y ahora agonizaría entre el cenizo mar de sus cabellos.

17 jul 2007

La Casa

I

La casa había permanecido cerrada por mucho tiempo. Los vecinos cansados de tener en su cuadra ese punto de miedo habían elevado cargos ante las secretarias encargadas para que la sellaran y fumigaran pues además del hedor que parecía brotar de cada uno de sus centímetros se oían en las noches el trasegar de miles de roedores. Por eso cuando ese domingo sintieron la llegada de un rojo camión de mudanzas y el ajetreo propio de los coteros que deseaban terminar pronto su faena para irse a refrescar a la primera tienda que encontraran abierta pues la canícula y el sopor los parecía derretir todos salieron a darle la bienvenida a los nuevos vecinos.

Eran jóvenes, del altiplano. El, dando ordenes para que bajaran con cuidado todo el menaje y ella, mirando a todos los lados como queriendo reconocer una cara amable en toda esa muchedumbre que había salido a mirar su mudanza. El niño que cargaba en brazos no dejaba de llorar.

Doña Maria, una de las más viejas se acerco y le dijo:
    - Si quieres vas hasta la casa para que tomes un poco de sombra hasta que estos terminen su labor. Y de paso refrescas al niño. Debe tener hambre y con este calor infernal… –
La joven la miro inquieta al notar como la señora se arrepentía de sus palabras. Miro al esposo que asintió con un encoger de hombros.

II

El niño creció en la cuadra junto a los otros niños de su edad. Pero cosa rara el único que era ataviado por todas las señoras con cruces, estampitas, medallitas, ungiciones de agua bendita y letanías de versos sacados de cualquier página de una Biblia en latín, era Vladimiro, como se llamaba el chiquillo.

Los padres a veces lo hacían devolver estos regalos como decían las matronas que eran. Otras veces apelaban a una religiosidad colgada en algún punto de sus vidas:

    - Bueno, no creo que eso le haga daño, y además todos los pelaos los usan… -
III

A veces los chismes llegaban hasta la sobremesa.
    - No mujer, yo no creo en esas patrañas de pueblos calenturientos. Vivimos en una ciudad afamada por ser de brazos abiertos, una casa heredada por no sabemos quien y que juramos vivir hasta el fin de nuestros sueños, así que olvídate de esas habladurías. Vas a creer que todos los jóvenes que vivían en esta casa han muerto en extrañas circunstancias, ya sea atravesado su corazón por varillas de acero en un accidente de construcción, o traspasado por una estaca al resbalarse y caer encima de una poda de esas que acostumbran a realizar a principios de año o aquel otro que en un acto de valentía ante sus amigos se ofreció para el acto de lanzamiento de cuchillos y fue ensartado por uno de estos. Que va, son solo eso, accidentes. A nuestro Vlad no le va a pasar nada -
IV

Los jóvenes esposos a pesar del tiempo transcurrido no se habían adaptado del todo a la comunidad. El hecho que Vlad se hubiera dedicado a ser acolito de la Iglesia no lo veían con muy buenos ojos y esas habladurías los ponían de mal humor y terminaban peleándose entre ellos mismos. Por eso con la llegada de las festividades de la Virgen del Carmen hicieron todo lo posible para que este se apartara de los festejos.
    - Porque no te vas esta semana de novena para donde tus primos allá en Boza. Ve y cambia de ambiente por un tiempo –
El joven se negó rotundamente. No quería dejar a su querida Amanda sola y que cualquiera la galanteara. Por ello ese dieciséis de julio se acicalo temprano y se fue para la Iglesia. Amanda era del coro y allí se podían ver todo el día sin la mirada severa de sus progenitores.

Todo transcurrió de manera normal. Se rezaron los rosarios, se prendieron los inciensos, se pelearon los cargadores por los puestos en el anda y las legionarias por su puesto en la fila. Cuando todo estuvo a punto la procesión dio inicio a su recorrido. Por las calles Vlad veía como la gente se arrodillaba, saltaban para arrancar flores del anda y los más atrevidos pasaban un pañuelo por la imagen que curaría sus heridas.

V

Roberto como siempre era el primero cuando llegaba la fiesta. Era un pirotécnico enfermizo. El, nada de tradición o fe, a el solo le interesaba lanzar totes y voladores a diestra y siniestra. Los primeros asustaron a Vlad que se detuvo a ver como explotaban y parían una lluvia de bengalas en el cielo. Ya los otros no le causaban ninguna gracia. Por eso cuando la gente corrió despavorida el se quedo quieto, ahí, viendo como la cola del volador, su timón de guadua que lo dirigía en su travesía espacial, retornaba como un bólido a tierra y se incrustaba en su cabeza empalándolo ahí en el medio de la calle.

VI

La casa sigue sola. Sus ventanas abiertas parecieran invitar a entrar. Dicen que el arriendo es barato y su interior acogedor. Las ratas ya no llegan y el hedor ha desparecido. Cuando es noche de luna llena todos temen pasar por su puerta que pareciera abrirse para que sigas adelante.