La ventana de la habitación estaba abierta de par en par. La noche era fresca y el viento traía el rumor de la algarabía que se formaba en la plaza del pueblo; la música de tambores, gaitas y flautas se mezclaban con las risas, gritos y palmas de los danzantes, mientras las tarimas se llenaban de disfraces y comparsas.
Ya no podía esperar más, tomó la máscara que completaba su disfraz; la admiró por unos instantes en silencio, lentamente la puso sobre su rostro como cumpliendo con un sagrado ritual y como un rayo bajó y se mezcló entre el bullicio y la gente. La alegría brotaba por todo su cuerpo; gritaba, cantaba, aplaudía y danzaba como el que más. Ésta era su noche, su única noche, la última noche de Carnaval.
Las primeras luces del amanecer indicaban que el final de las fiestas se acercaba; las bandas y las orquestas comenzaban a tocar los últimos acordes mientras las parejas improvisadas no daban señales de cansancio y la felicidad seguía a flor de piel en los participantes y espectadores.
Unas horas más tarde todo había concluido. Mientras la plaza principal se vaciaba poco a poco y solo quedó como recuerdo de una noche fantástica la basura que dejaron los disfraces, la bebida y comida de todos los presentes él caminaba nuevamente a su habitación.
Cuando finalmente llegó, cansado y sudoroso, retiró su traje y la máscara con la misma solemnidad con la que se lo puso la noche anterior; y luego de poner todo a un lado de la cama se acostó desnudo y contemplando la tranquilidad y el silencio de la habitación se durmió. Y en ese momento fue verdaderamente feliz.
9 jul 2007
Mascarada
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Escucharon y Hablaron
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Temas: Carnaval, Cuentobreve, Felicidad, Kuroko, Máscaras, vacío, Verdad
6 jul 2007
Máscaras
Aquella tarde, decidimos reunirnos todas en un pequeño café de la ciudad. Hacia más de 5 años que nos habíamos graduado del colegio salesiano y mi contacto con la mayoría de ellas era casi nulo. De las 10 chicas que quedamos en encontrarnos, solo podía dar fe de la vida de Sofía, que se quedó a mi lado después de abandonar el colegio, aunque a decir verdad, nunca fuimos tan buenas amigas. Del resto solo oía los chismes y las habladurías que te cuenta la amiga que misteriosamente se entera de todo, del resto a ciencia cierta, no sabía absolutamente nada.
